¿Por qué Franco dejó de reclamar el oro del Banco de España que nos había expoliado la Unión Soviética con la colaboración del Gobierno de la II República Española? Respondan con sinceridad y documentos los historiadores más allá de sus tendencias ideológicas. ¿Por qué Franco, después de la muerte de Negrín, dejó de pedirle a la Unión Soviética el oro que el Gobierno de la II República le entregó a Stalin? Respondan con precisión los historiadores tanto los proclives a las pseudo explicaciones de la historiografía socialista como los que tienden a olvidar los errores del franquismo. ¿Por qué los españoles no tenemos una idea clara de uno de los más grandes robos que pueblo alguno haya sufrido en su historia? Sabemos que fue un expolio, sí, pero por qué tendemos a pasar de largo sobre tal tropelía. No lo sé, pero tendrían que ser, en primer lugar, los historiadores quienes dieran una respuesta a uno de los mayores crímenes que el Gobierno de la II República le infligió al propio pueblo español. Uno de los tesoros más ricos de España, custodiado por el Banco de España, fue entregado a un Gobierno comunista con el único pretexto de que ayudara a una de las partes contendientes en la Guerra Civil española.
He ahí algunas de las consideraciones que he me hecho al terminar de leer una amena novela de Boris Cimorra: Hasta el último maravedí. Cómo Stalin convirtió el Oro de Madrid en el Oro de Moscú (Ediciones Clásicas). Esta obra da al traste con las ajadas, convencionales y políticamente correctas explicaciones de los historiadores españoles que han tratado de este penoso asunto. Después de leer esta novela, que sitúa el autor entre la ficción y la realidad, los libros de Ángel Viñas y Pablo Martín Aceña, por poner solo dos ejemplos, sobre este trágico sucesode la historia de España nos parecerán desgastados. Inservibles. En efecto, las obras de los historiadores sobre las reservas de oro de España entregadas a la Unión Soviética están basadas en los papeles que se hicieron, más o menos, accesibles a los investigadores después de la muerte del ministro de Hacienda y, más tarde, jefe de Gobierno de la II República, Juan Negrín. Los argumentos de la novela de Cimorra hacen saltar por los aires el famoso "dossier Negrín", un cúmulo de documentos que el político fue acumulando a lo largo de los años 1936-1939, que justificaba sus relaciones, otros dirían tropelías y enjuagues. con Stalin bajo la apariencia de una objetividad contable. Estos papeles recogían todos los movimientos financieros y, de alguna manera, políticos relacionados con el manejo de las reservas del oro del Banco de España, enviadas en octubre de 1936 a la Unión Soviética. Tratan esos papeles de describir los hechos reales producidos en aquel entonces y, de paso, se dan algunas explicaciones “oficiosas” de los mismos. Por fortuna, y de modo indirecto, la novela de Cimorra, cuyos valores literarios no expongo aquí porque esto no es una reseña, muestra que esa “mala historia” del Oro español en Moscú, basada en los papeles de Negrín, constituye una falsificación de lo evidente: el expolio que sufrió España de uno de sus principales tesoros.
La novela de Cimorra se levanta contra esa línea de "documentación" ideológica del expolioque siguen manteniendo la mayoría de los historiadores políticamente correctos. Tópicos y vacuidades "historiográficas" para dejar lo fundamental sin explicación son las siguientes: El gobierno republicano fue obligado a sacar el oro de las instalaciones del Banco de España – bajo la amenaza de que éste podría haber caído en manos de las tropas franquistas que en aquel momento asediaban la capital de España – y llevarlo a un sitio más seguro y alejado de la guerra, la base naval en el puerto de Cartagena. Más tarde, se decidió enviar el oro a la Unión Soviética con el pretexto de que resultaba ser el único país que parecía –entonces– dispuesto a ayudar militarmente a la República, ya que los demás países, incluida la Francia “socialista” de León Blume, se negaban a proporcionar a España una ayuda militar por ser firmantes del acuerdo de No Intervención, suscrito por 26 países europeos. El oro enviado a Moscú para su custodia tenía que servir como depósito de “garantía” a los posteriores suministros soviéticos a la España republicana y se suponía que al finalizar la guerra civil, una vez aplastada la rebelión militar franquista, el oro se volvería a España. En fin, toda esa palabrería "oficial queda en nada cuando leemos el libro de Cimorra, quien persiste en preguntar: ¿Por qué precisamente la Unión Soviética, el baluarte del comunismo mundial de entonces, fue elegida por el gobierno republicano, que no fue “comunista”, ni mucho menos (con sólo 2 ministros entre los 11 que lo formaban), como destino final para el oro español? No vale la explicación “oficiosa” de que los demás países, como la muy cercana Francia, no querían ayudar al gobierno republicano para no violar el Acuerdo de No Intervención, ya que la URSS también lo había firmado y debía haberse negado ayudar a la República, pero no lo hizo. ¿Por qué fue la Unión Soviética el destino del oro español? He ahí la pregunta que la limpia novela de Cimorra no deja de hacerse a lo largo de la obra. De múltiples formas aparece formulada esa cuestión y otras tantas son las respuestas que da Cimorra. Y todas ellas están repletas de imaginación creadora y argumentación documentada. Intuiciones y conceptos conviven felizmente en este relato tan histórico como novelesco.
Miles son los detalles, las informaciones y las argumentaciones que ofrece Cimorra sobre este, cada vez, menos enigmático asunto de cómo Stalin convirtió el Oro de Madrid en el Oro de Moscú, pero hay dos desmitificaciones que no me resisto a citar: por un lado, hay un mito, muy difundido que se refiere a la ayuda soviética a la España republicana, todo un ejemplo de la solidaridad internacional y de la generosidad del pueblo soviético con el “hermano” pueblo español que estaba luchando contra el fascismo internacional; aunque nadie imaginaba que está ayuda estaba valorada en más de 500 toneladas del mejor oro. Hay un segundo mito que Cimorra desmonta: el oro español fue enviado por el gobierno republicano a la Unión Soviética y la propia República poco recibió a cambio, precisamente, por eso el gobierno del general Franco, durante muchos años después de la Segunda Guerra Mundial, le reclamó al gobierno soviético el “expoliado” oro español, pero, y esta pregunta sigue en el aire, ¿porque en 1956, después de la muerte de Juan Negrín, cuando su hijo entregó al gobierno español el dossier que estaba guardando su padre, Franco dejó a reclamar el “oro de Moscú”?
Quizá ese interrogante lo despeje Cimorra en una segunda entrega, que espero ya con impaciencia. Creo que la próxima novela será aún más importante que la primera, porque promete contar lo que nunca se ha contado con detalle: una descripción pormenorizada del tesoro que nos expoliaron los comunistas de la Unión Soviética con la colaboración del Gobierno de la Segunda República. Si Cimorraconsigue escribir este otro libro con la mirada limpia, la objetividad y la pasión por la verdad que refleja esta Hasta el último maravedí, entonces tendría el éxito asegurado. De momento, me conformo con entregarles, o sea, escribirles la mayor contribución de la novela de Cimorra a la historia de España: Hay delitos en la historia de las naciones que son imprescriptibles. El saqueo del tesoro español por parte de los republicanos españoles y comunistas rusos es una de esas fechorías imprescriptibles para el desarrollo de la humanidad.