Opinión

Presencia literaria de Jorge Edwards

EN TRES TIEMPOS

Alejandro San Francisco | Lunes 21 de julio de 2014

En estos días he podido asistir en Santander al Encuentro titulado “Diálogos con Jorge Edwards”, organizado por la Fundación Chile-España, con la colaboración de la Fundación Plaza Porticada y la Embajada de Chile en España. La iniciativa se inscribe en el marco de los tradicionales cursos de verano de la Universidad Internacional Ménendez Pelayo. Un marco propicio para una actividad apasionante en lo intelectual y en lo humano.

Jorge Edwards es un escritor reconocido a nivel internacional, que conserva una gran lucidez, vitalidad y una memoria prodigiosa. En 1999 recibió el Premio Cervantes, después de una larga trayectoria que lo había llevado a obtener el Premio Nacional de Literatura en 1994, como reconocimiento a la obra de una vida que, en su caso, combinó también con sus tareas diplomáticas. En el plano de los géneros, los estilos y las obras, ha escrito tanto ensayo como novela, incursionando también en el género de las memorias y las crónicas habituales en el vespertino chileno La Segunda. No está de más mencionar que es un gran conferencista, y participa habitualmente en tertulias y charlas en su país y en España, principalmente.

Como suele ocurrir, cada uno se acerca a la obra de un escritor según sus propios intereses y preferencias. Quizá por lo mismo, he gozado particularmente libros como Persona non grata (1973) y Adiós, Poeta (1990), y en el último tiempo Los círculos morados (2012). Todos ellos son literatura basada en las experiencias personales del autor, en los dos primeros casos presentados en forma de novela y en el tercero como el primer volumen de sus memorias. Con ello podemos combinar perfectamente la literatura con la historia, los sucesos políticos relevantes del siglo XX latinoamericano con la ficción propia de la novela.

Persona non grata (Madrid, Alfaguara) es una obra fundamental y fundacional. Edwards fue designado en 1970 por el Presidente Salvador Allende para restablecer relaciones diplomáticas con Cuba, y se encontró en la isla con un régimen dictatorial, que controlaba no sólo la política, sino también la vida personal de sus habitantes, como él mismo lo sufrió desde su llegada a La Habana. Alcanzó a estar apenas tres meses ejerciendo sus funciones, donde apreció el estado de postración económica del régimen de Fidel Castro; los claroscuros de la revolución; el sufrimiento de los disidentes -del cual era paradigmático el caso de Heberto Padilla-; las complejas relaciones entre el gobierno del presidente Allende, recién asumido en Chile, y la dictadura cubana; en fin, los primeros acercamientos diplomáticos entre ambas naciones, siempre con los matices de que la misión estaba a cargo de una figura que pronto sería considerada como una "persona non grata" por el régimen. Como señalaba Octavio Paz, se trata de un libro que "puede ser leído como testimonio y también como obra de ficción".

Adiós, Poeta (Barcelona, Tusquets) por su parte, sigue la veta de las tareas diplomáticas de Edwards, quien ahora se encuentra en París en 1971, sirviendo a la Embajada de Chile que dirige el mismísimo Pablo Neruda. una vez más se produce un cruce fecundo entre la política y la historia, nuevamente bajo el régimen de la Unidad Popular y con una de las máximas figuras de la literatura universal como protagonista. Sin ir más lejos, ese mismo 1971 Neruda obtuvo el Premio Nobel de Literatura, tema que ciertamente es parte de la obra, así como lo son los amores del poeta, su relación con el mundo comunista (se reunió con Brezhnev, sin ir más lejos), la enfermedad que sufría (a las doce de la mañana "ya estaba enormemente fatigado"), su defensa del proceso chileno de transición al socialismo y esa mezcla de esperanzas y decepciones tan propias de una época difícil y contradictoria.


Finalmente, con Los círculos morados (Santiago de Chile, Lumen) comienza la saga de las memorias del escritor, en su vida infantil y juvenil. Para ello repasa aspectos y personajes interesantes tanto de su vida familiar como de la cultura chilena de mediados del siglo XX, la mayor parte de las veces de una manera anecdótica. El volumen da especial atención a su educación escolar, algunas amistades y relaciones familiares (claves para sus primeros libros), así como la situación de Chile en la época, especialmente en cuanto a la vida de la clase alta. Esperamos contar pronto con el segundo tomo de estas memorias.

Como ha destacado el Roberto Ampuero en La historia como conjetura. Reflexiones sobre la narrativa de Jorge Edwards (Santiago, Editorial Andrés Bello, 2006), la historia tiene una importancia capital en el conjunto de la obra del Premio Cervantes de 1999, que interactúa con la literatura como dos expresiones que buscan explicar, tentativamente, de forma "aproximada, a ratos fantasiosa y libre, especulativa, de lo que pudo haber sucedido". El material está disponible tanto para el historiador como para el novelista. Ahí están los documentos, las cartas, las historias de familia, los estudios y todo aquello que va formando parte de la reconstrucción del pasado.

Por otra parte, y como expresa Edwards de manera asertiva, el escritor cuenta con la memoria, como también disponen los pueblos de recuerdos del pasado, que pueden transformarse en literatura y vida para las nuevas generaciones. De esta manera, queda abierto el lugar exacto donde empieza termina la historia y comienza la ficción (o al revés). Se trata de un género que alguien ha denominado la auto ficción, que resume bien esa mezcla de autobiografía con novela. Lo relevante, me parece, es la entretención, conocer el pasado, disfrutar la ficción, entrelazando invención y sucesos como parte de una obra que vale la pena ser leída. Ese es precisamente el caso de Jorge Edwards.

Por eso, disfrutar unos días conociendo más de la obra literaria de Jorge Edwards, de las conexiones con la política y la historia, de sus obras terminadas y aquellas en curso, es un privilegio. Más todavía cuando se cuenta para ello con escritores de primer nivel, académicos y especialistas, y un ambiente especialmente atractivo para vivir la buena literatura.