PASO CAMBIADO
José Antonio Sentís | Miércoles 23 de julio de 2014
En las últimas semanas, Mas ha conocido algunos hechos políticos significativos, y ninguno favorable. De memoria se pueden repasar los siguientes:
Primero, una encuesta al empresariado catalán en la que sólo un cuatro por ciento se inclina por el independentismo.
Segundo, un aluvión de declaraciones procedentes de Europa enormemente desalentadoras pàra el soberanismo catalán, culminadas con una bofetada en toda la cara de Ángela Merkel a las pretensiones separatistas del presidente de la Generalidad.
Tercero, un gesto simbólico de alejamiento del proceso soberanista por parte de Duran i Lleida, que si bien se puede considerar tímido, sí contiene una carga de profundidad, viniendo de quien viene. Porque Duran es el último político florentino (en recuerdo de la Florencia del Renacimiento) que tenemos, por lo que su dimisioncita en CiU no es como la de cualquiera, sino mucho más significativa, como si oliera que hay que abandonar con urgencia el barco de Mas antes de que se hunda.
Cuarto, la compra por parte del BBVA de Caixa Catalunya, demostración última del desastre económico de las Cajas políticas en esa Comunidad, en nada diferente al resto de las Comunidades; es decir, tan española en su desastre como las demás. Compra que demuestra que Cataluña, como cualquiera, tiene que acudir al capital extracomunitario para sobrevivir, porque lo contrario, la quiebra, hubiera llevado a la ruina a muchos millares de catalanes. Pero lo interesante es que los nacionalistas lo han considerado un agravio, lo que incrementa su apariencia de fracaso propio.
Y quinto: la publicación de las balanzas fiscales, que ataca de raíz el gran relato victimista del separatismo. Cataluña no está especialmente exprimida, sino proporcionalmente a su riqueza, exactamente igual a cualquier ciudadano, en un sistema solidario en el que el que más tiene contribuye más que el que tiene menos. Y ni siquiera es Cataluña la que más aporta al resto de España: de hecho lo hace por la mitad que Madrid. Lo que no quiere decir que no sea meritoria su contribución, sólo que ésta no es síntoma de discriminación alguna. Sin contar, por supuesto, que las Comunidades no pagan impuestos, que lo hacen los ciudadanos.
En este panorama, trufado de algunos detalles más, como las encuestas sistemáticas que preven una bajada progresiva de CiU en beneficio de ERC, llega Mas a La Moncloa. No parece una posición de fuerza, precisamente.
Entiendo que el todavía Muy Honorable (a punto de convertirse en el Muy Traidor) Presidente de la Generalidad de Cataluña, no se dará por aludido ante estos asuntos, que cualquiera consideraría como serios reveses. Supongo que vendrá a Madrid sacando todo el pecho que pueda, pero más que nada para disimular ante su auditorio, porque bien sabe que, en esta partida, hace tiempo que no saca una carta buena. Ni dentro de Cataluña, ni fuera.
Porque, hasta ahora, a Mas se le permite que no gobierne porque está muy ocupado con la Tierra Prometida; se le perdona corrupción en su entorno (ay, Pujoles, para qué querréis la independenia, si ya podéis aliviaros en Andorra!), porque bastante tiene con el peso de la bandera; se le consiente que haga el ridículo internacional, bajo la promesa de que después el mundo entero se asombrará con el Estado del Sol Naciente (visto desde Zaragoza).
Pero llegará un momento en el que se le empiecen a pedir cuentas. Un momento coincidente con el que tendrá que pasar Mas al pedirle más dinero a Montoro, que la independencia presunta es más incierta que la necesidad presente, y está el problema de las nóminas, y los hospitales y cosas así.
Y, desde fuera, no digamos. Quizá Rajoy no lo diga, y quizá no haga falta que lo diga, pero el Honorable está a punto de rebasar la línea roja de la legalidad, y eso tiene sus consecuencias, desde evidentes administrativas hasta potenciales penales.
Mas llega a la muleta bastante castigado por las banderillas. Quizá quisiera acunarse en tablas, pero por detrás le empujan con insistencia desde ERC y la ANC (entre otras cosas, porque es muy cómodo el papel del “empujador”, y bastante más incómodo el del empujado). Y seguramente le encantaría una salida digna, pero no la tiene fácil, precisamente porque en su momento se sintió tan iluminado como para lanzar un órdago para el que no tenía cartas.
Mucha gente le pide a Rajoy que le dé alguna alternativa, algo no humillante. Y me imagino, por el aparente carácter de Rajoy (no soy quién para saber el verdadero carácter de nadie) que cuadraría con otras actitudes anteriores del Presidente del Gobierno. El problema es que no tiene nada significativo que ofrecer, salvo ser tan cordial en las formas como pueda y dejarle que siga con su paripé de la consulta para que sea el Constitucional, y no el propio Rajoy, es decir, la fuerza del Ejecutivo, quien la tumbe. Es decir, actuar de salvavidas de Mas, frente a los intentos desesperados de éste por ahogarse.
Mas prometió ante notario que nunca pactaría con el PP, y muy poco después lo hizo para gobernar. No sé por qué se desdijo sin problemas de esa promesa y no puede desdecirse de la consulta, apelando a razones de fuerza mayor, que es lo que se dice siempre. Porque realmente está en una posición de fuerza menor, y más con la tropa que le rodea, que no hace más que cavar metro a metro su tumba con paladas de estupideces, desde la cura contra el cáncer al inefable proyecto de guerra de guerrillas contra Francia y España.
Pero como la renuncia a la consulta no parece opción para Mas, aunque sería lo lógico, el formato de la entrevista será como sigue:
Mas a Rajoy: debes aprobar la consulta.
Rajoy a Mas: ni quiero ni debo ni puedo.
Mas: entonces la haré de todos modos.
Rajoy: la recurriré al TC.
Mas: te lo agradezco, porque así salvo la cara. Pero diré que has ofendido al pueblo catalán, y convocaré elecciones.
Rajoy: de nada, me alegra ayudarte. Y no te apresures, que ahora ganaría Junqueras. Y, por cierto, yo también puedo convocar elecciones.
Y poco más, creo.