Opinión

A vueltas con la justicia racial

TRIBUNA

Cristina Hermida | Miércoles 23 de julio de 2014

Sheryll Cashin, activista americana de derechos civiles y catedrática de Derecho en Georgetown University Law Center, acaba de publicar un nuevo libro, titulado Place not Race. A new visión of opportunity in America, que ha tenido muy buena acogida en Estados Unidos. Creo que, en gran medida, ello se debe a que con él contribuye positivamente al discurso de la justicia racial, ofreciendo una perspectiva tan novedosa como atrevida, cargada de sólidos argumentos con los que pretende ayudar a los verdaderamente desfavorecidos en la sociedad.

             Para la autora de libros como The Agitator’s Daughter and The Failures of Integration, entre otros, el uso de la raza en las acciones afirmativas ha ido disminuyendo como factor para la admisión en las Universidades americanas. Desde que Ward Connerly puso en marca una movilización política por todo Estados Unidos en contra de la acción afirmativa a mediados de los noventa, el porcentaje de Universidades públicas americanas que consideran el factor étnico o racial para admisiones ha caído del 60 % al 35 %. En la actualidad, únicamente, el 45 % de Universidades privadas siguen considerando explícitamente la raza como factor relevante, siendo éstas en su mayoría escuelas para la élite socio-económica del país.

            Para Sheryll Cashin este descenso evidente del uso de la raza como factor importante en las acciones afirmativas no hay que interpretarlo de un modo negativo ya que la acción afirmativa está pensada para ayudar a gente en situación de desventaja y ésta viene condicionada más que por la raza por “el lugar”, el ambiente en el que uno crece y se desarrolla como ser humano. De ahí que, por ello, cree conveniente proponer como alternativa al uso de la raza el del lugar, ya que este criterio, a su modo de ver, no va a impedir en ningún caso que niños negros o de color dejen de sentirse ayudados por la políticas públicas, si tenemos en cuenta que muchas veces éstos crecen en ambientes económicamente muy desfavorecidos.

             Sheryll Cashin reimagina la acción afirmativa y apuesta decididamente por políticas basadas en el lugar, argumentando que los solicitantes a universidades americanas que han crecido en ambientes o escuelas pobres y desfavorecidos son merecedores de especial consideración frente, por el contrario, a los que han crecido en la opulencia y riqueza. Su propuesta incluye la realización de test opcionales estandarizados, sustituyendo el criterio del mérito basado en objetivos económicos por el criterio de la necesidad, y conseguir reclutar así buenos estudiantes de lugares marginados, en aras de reforzar la deseada alianza entre razas así como la movilidad social.

            En el pasado la raza y el sexo fueron los criterios adecuados para el tipo de exclusión practicada por la mayoría de universidades americanas de blancos. En la actualidad, en cambio, el lugar debería ser el criterio e indicador principal que debería conducir el ingreso en universidades para los que viven en condiciones claramente desfavorecidas. El objetivo se cifra en crear una sociedad donde el desarrollo de la personalidad sea libre y no esté condicionado por las circunstancias o lotería del lugar de nacimiento, algo sobre lo que ya habían insistido, con no pocos consistentes argumentos, pensadores de la talla de John Rawls.

             No queda así otra salida si queremos construir una sociedad cimentada en el valor de la igualdad de oportunidades para todos que combatir las injusticias de la segregación, como imperativo moral por encima incluso de la búsqueda de la diversidad en sí misma considerada. Interesa no perder de vista que la diversidad enriquece y beneficia a toda la sociedad y no sólo al que a priori ha salido beneficiado de un modo directo al recibir un apoyo preferente del sistema.

            Esta obra de Sheryl Cashin invita a la reflexión teórica pero sobre todo anima a seguir profundizando en una teoría de la justicia que no deja de lado a los débiles o a los que se encuentran en una situación de desventaja por carecer de las mismas oportunidades que los que han tenido la suerte o la fortuna de nacer en un ambiente socio-económico más favorecido. Tenemos que agradecer a la autora africano-americana que nos haya dado las claves en este sugerente libro de cómo abandonar los prejuicios existentes en este tema, tendiendo una mano hacia esa buscada y anhelada alianza interracial superadora de los meros intereses partidistas o individuales egoístas. En definitiva, esta obra merece que se conozca y se lea, no sólo por los juristas sino por el público en general, porque en ella se descubren múltiples mensajes en favor de una sociedad en la que reina la fraternidad interracial, algo a lo que creo que sin duda deberíamos aspirar dentro de este mundo regido por la globalización en el que estamos instalados.