"Los años heroicos del Tour de Francia (1903-1014)" (ed. Createspace y versión en Kindle) ofrece al apasionado del ciclismo y a todo aquel que no haya sido convertido a la fe de tan elevado deporte un exuberante relato del origen de la prueba ciclisma más ilustre que se haya conocido. El periodista y escritor Ignacio García Iglesias expone el recorrido deportivo y espiritual de los primeros pasos de la Grande Boucle aliñando la viaje con profundo y amplio estudio de la biografía de sus protagonistas. La amalgama de anécdotas fotografían una época de la historia francesa y enriquecen la, per se interesante, narración del nacimiento de uno de los eventos deportivos que subliman el espectáculo. El Imparcial charló con el autor del libro sobre ciclismo, seres humanos de valor imponderable y el germen del presente deportivo.
Usted expone en su obra que el Tour de Francia adoptó, desde su nacimiento, un rol de bandera de la identidad francesa. ¿Sigue vigente esta conecpción?
Tiene un sentido de unidad que concibió al carácter de la nación y, además, desde sus inicios fue como una especie de imagen de Francia de cara al exterior. Esa imagen sigue perviviendo porque no hay competición de ciclismo que tenga tanta fama y espectacularidad. Los franceses han estado y siguen estando muy orgullosos de su carrera.
El origen de esta carrera está ligada al periodismo, pero, ¿cuáles fueron los factores que confluyeron en la fundación del desafío ciclista por excelencia?
El embrión está en el pique que había ente Le Vélo y L´Auto. Este último surgió como una escisión del primero, que ya había empezado a organizar carreras desde finales de 1800. Como le iba muy bien, L`Auto quería hacer lo mismo y arrancaron con carreras de un día, muy duras, larguísimas, algunas de casi 1000 kilómetros. Eran barbaridades. Entonces reflexionaron sobre el concepto de ciclismo que podían desarrollar para hacer frente a sus competidores. Y a Georges Lefèvre, que no formaba parte de la jefatura del diario, se le ocurrió la brillante idea de hacer una vuelta a Francia que pasara por las ciudades más importantes, presa de los nervios de una reunión con sus jefes.
¿Resultaría inconcebible, entonces, separar ciclismo y periodismo?
En la actualidad es perfectamente concebible, pero históricamente han estado muy unidos porque el Tour surgió como un invento de un medio de comunicación. Con el paso de los años, cuando desapareció L´Auto, después de la Segunda Guerra Mundial le sucedió L´Equipe como organizador del Tour hasta que tomó las riendas una empresa privada en los últimos años. Aquí en España, la Vuelta la empezó a organizar El Correo Español/El Pueblo Vasco y en Italia, el Giro nació de la Gazetta dello Sport, que conserva el color en la maglia rosa. Ahora, sin embargo, el único nexo de unión quizá sea el de la información, y cada vez menos.
Usted resalta en el libro que, en los primeros años, el Tour era un evento que creaba y destruía mitos. ¿Cuál es el caldo de cultivo sobre el que se asienta esta percepción del ciclismo?
Esto se percibía antes desde una perspectiva distinta. En aquellos años se dio mucha importancia a todo aquello de Pélissier, los asesinatos y suicidios. Y además, la épica del ciclismo ha sido siempre una cosa incuestionable. Todo esto da pie a la forja de leyendas, de héroes, porque es un deporte tan duro, que requiere un esfuerzo tan brutal, que queda rodeado de este sentido épico y ha provocado que surgieran estas estrellas del principio del Tour. Y sobre la destrucción, tenemos recientemente el caso de Armstrong, el americano que ganó siete Tours, que era una barbaridad, y luego se descubrió que era todo un engaño. Toda una decepción. Este caso refleja a la perfección esto de la creación y destrucción de mitos.
Una etapa del Tour de 1906
¿La imposición de reglas tan duras -estaba prohibido recibir ayuda ante cualquier percance, ya fuera mecánico o alimenticio- desde el inicio buscana ahondar en la espectacularidad para granjearse misticismo desde el principio?
No tengo muy claro que fuera por esto. Los organizadores buscaban controlar dentro de lo posible en aquellos tiempos. Que no hubiera trampas. Todo era muy primario. Pero había cosas que excedían de la dureza normal hasta unos límites bastante acusados: no poder cambiar la bicicleta, tener que ir a buscar el corredor la comida personalmente teniendo que ir a la tienda a comprar, no podían recibir ayuda en caso de pinchazos, habían grandes nevadas... Correr en aquellas condiciones era terrible. No eran normas razonables.
La rigidez en la reglamentación provocó la descalificación de los cuatro primeros en el segundo Tour de la historia.
Eran muy rígidos, pero estas normas daban lugar a que se produjeran injusticias. Algunos de los descalificados, con toda seguridad se habrían montado en algún coche o subido a algún tren para ahorrarse el recorrido, pero, en concreto, la descalificación de Maurice Garin (primer ganador del Tour), según dicen las crónicas de entonces, parece totalmente injusta porque le expulsaron por recibir un avituallamiento de un coche, a pesar de que fue un ganador con toda la justicia. Pero en aquellos tiempos las reglas las determinaba Desgrange, el patrón único de la carrera.
¿Es el ejemplo de Alfred Faure sintomático de la imposibilidad de controlar aquella incipiente gran carrera?
Podría ser, sí. El caso es que el Tour pasaba por el pueblo del ciclista Alfred Faure y la gente de la zona quería que ganara su vecino: arremetieron en la carretera contra todo el mundo, con piedras y palos, pegando y escupiendo a los ciclistas. En aquella época el Tour era muy novedoso y había gente a la que le molestara que pasara por su pueblo, porque no eran las caravanas de ahora. Iban motoristas, algún gendarme y algunos coches y les molestaba que pasaran. Y para que no volviera el Tour les atacaban, una reacción muy primaria pero era lo que tenían más a mano. Aunque el uso de clavos y chinchetas, que se usaba entonces, ha perdurado en el tiempo.
¿Cómo esbozaría el perfil del ser humano que se enfrentaba a aquella aventura de correr el Tour de Francia a comienzos del siglo XX?
Los individuos que se dedicaban al ciclismo en aquella época tenían una afición irrefrenable, porque la mayoría de ellos tenían su trabajo externo al deporte. Eran tipos muy echados para adelante, de una fortaleza de espíritu impresionante, porque requería mucho valor afrontar carreras tan largas y tan duras. La preparación y el ímpetu eran admirables porque afrontaban situaciones brutales.
Deteniendo el repaso en la figura de ese patrón de la carrera, usted recopila sus crónicas en L´Auto después de casi cada etapa. ¿Contribuyó en la gestación de esa imagen heróica de la carrera?
A Desgrange le interesó dotar al ciclismo desde el principio de ese sentimiento épico, casi cesarista y los lectores se dejaban arrastrar. Pero esto sigue ocurriendo en la actualidad por el tema del esfuerzo individual. Se convierten en héroes y en epopeyas porque el propio deporte da lugar a que se produzca esta apreciación por sus propias características de dureza.
¿Cómo era este desarrollador del Tour en contraposición a las ventas de su competidor periodístico?
Creo que fue demasiado autoritario. Trataba mal a los ciclistas a través del reglamento, tan leonino, y más en aquellos tiempos, con reglas que imposibilitaban el normal funcionamiento de la carrera. Quería manejar todo y tuvo broncas impresionantes con algunos ciclistas. Debía haber dulcificado el carácter para dedicarse a esto del ciclismo.
Su obra explica que la primera salida del Tour de territorio francés ocurrió en Alsacia, un territorio de especial picante político. ¿Es el Tour, desde su inicio, una herramienta más del ajedrez de un gobierno?
Hay un cierto rol en este sentido, pero las perspectivas e intereses de aquellos años eran diferentes a los de ahora. En aquella época, cuando llegaron a territorio alemán, a aquella zona, no quedaba muy claro si querían constituir un homenaje a los alemanes o pretendían ser un acto de reivindicación de los territorios perdidos en la guerra franco-prusiana. Quizá haya que inclinarse por esto último porque luego, antes de la Primera Guerra Final, Desgrange realizo una proclama en la que llamaba a sus chicos, los ciclistas, a la defensa de la patria. En los tiempos modernos, el interés es distinto. El Tour pasa por Inglaterra, Holanda, Bélgica o España. Se ha convertido en un asunto de política exterior, de tender la mano, generar buenas relaciones y transmitir una imagen buena de allí donde pase.
El vino actúa de nexo a través de las primeras ediciones del Tour entre las biografía de los ciclistas. ¿Formaba parte del avituallamiento de la época?
Hay una anécdota al respecto. François Faber, que fue un gran corredor, era un gran aficionado a tomar champán y vino de marca. Lo que ocurría es que también le gustaba un vino más peleón. Entonces, el director le dijo que no podía salir a la carrera dando cabezazos. El problema es que el vino y otros productos alcohólicos formaron parte de los mejunjes que se preparaban ellos mismos y servían de avituallamiento, como refuerzo. Fíjate si Faber tenía afición, que en el Tour de 1914, ganó una etapa y entró en la meta dando tumbos. La gente decía que esaba gotado por el esfuerzo, pero un enviado especial de la revista Sporting, que le conocía muy bien, reflejó en el periódico que Faber llevaba tal merluza que no veía ni los árboles en la avenida de entrada a meta. Pero bueno, el pobre murió en la guerra.
La guerra también forma parte del paisaje que describe su relato de aquel período ciclista.
Murieron muchos ciclistas. Había incluso muchos corredores desconocidos que fallecieron en la Primera Guerra Mundial. He tratado de incluirlos en el libro como una especie de homenaje a los pobres chicos que murieron allí. Los más conocidos fueron Faber, Octave Lapize y Lucien Petit-Breton porque ganaron algún Tour, pero murieron muchos en combate.
La mística que envuelve a esta carrera ha generado un buen puñado de anécdotas. Tras su investigación reflejada en el libro, ¿cuál le resultó más llamativa?
Hay muchísimas. En el libro he abordado, por ejemplo, la vida de Henri Pélissier que, aunque el periodo en el que destacó es posterior al rango de años que recoge el libro, la tentación de incluirlo era muy grande de incluirlo. Su vida me llamó mucho la atención porque era un ciclista muy bueno, de mucha clase, pero era un broncas de impresión. Tuvo enfrentamientos con Desgrange terribles y debía tener un carácter insoportable porque su primera mujer se suicidó, y la segunda pareja que tuvo le pegó cuatro tiros a él con la misma pistola con la que se suicidó la primera. Los periódicos decían que en su zona nadie se había sorprendido del final tan trágico de Pélissier. Es una historia absolutamente dramática.
¿Cómo ha ido evolucionando la relevancia de las marcas en e Tour de Francia y, por extensión, en el ciclismo?
El Tour fue concebido como una carrera absolutamente individual. Lo que ocurrió es que los anunciantes de los periódicos, que en muchas ocasiones eran marcas de bicicletas, vieron un filón publicitario importante. Aunque estaba prohibida la ayuda, las marcas como Labor o Alcyon dotaban de bicicletas a los ciclistas que les parecía oportuno y, a pesar de la prohibición, corrían con ese sentimiento de equipo y, en la medida de sus posibilidades, se ayudaban los que competían con la misma marca. Al cabo de los años, aunque el reglamento seguía diciendo que era individual, abrieron un poco la mano en este sentido.
Y apareció el primer gregario de la historia.
Si. Esa es la historia de Maurice Brocco, un gran ciclista que tuvo una bronca impresionante con Desgrange porque, cuando ya no tenía ninguna posibilidad de ganar, se vendió al mejor postor Ayudaba a quien se lo pidiera a cambio de dinero, en aquel caso, a Faber. Esto se conoció como el primer gregario o domestique. Ahora es un rol naturalizado. Brocco lo hizo por su propia iniciativa y para ganar dinero. Ahora contratan a los compañeros de Contador o Froome para que les ayuden. Es un concepto distinto.
Dentro de aquel nacimiento del Tour y las estructuras de equipo, todavía corrían ciclistas aislados. ¿Cuál era la diferencia entre ir de manera individual y en aquellas formaciones primitivas?
Los que formaban parte de los equipos eran claramente los mejores, así que, las marcas de bicicletas les apoyaban. Con el paso del tiempo, estos corredores tenían un director técnico, muchos repuestos mecánicos y masajistas. Se iba viendo lo que se convertiría en las grandes caravanas y los grandes equipos de ciclismo. Tenían ciertas comodidades y contaban con el amparo de una plataforma exterior de ayuda considerable. En cambio, los isolé iban solos con su esfuerzo, su bicicleta y no recibían ayuda de nadie. Esto les ocurría a todos los isolé salvo a Henri Pépin, que era aristócrata y al que uno de los directores del Tour llamaba turista. Un tipo de situación que hoy sería inviable. Era un adinerado al que le apeteció correr, hacer turismo, y, para ello, contrató a varios profesionales para que le acompañaran. Comían en los mejores restaurantes y paraban en los mejores hoteles. Se decía, incuso, que estos acompañantes cobraban más que el ganador de la carrera.
Uno de los apartados más particulares es aquel en el que se narra el proyecto de incluir el Tourmalet en el Tour y la inspección de Alphonse Steinès.en la montaña por la que casi queda sin salida ante el temporal si no fuera por la ayuda de un pastor. ¿Qué significó, en aquel tiempo, incluir a estos colosos en el recorrido?
Como estaba concebido, qué mejor para un deporte de estas características que endurecer las etapas subiendo estos puertos monstruosos, que siguen siendo monstruosos. Hace poco he subido el Mont Ventoux y el Tourmalet en coche y son espectaculares, con carreteras magníficas. Pero hay que tener en cuenta que en aquella época muchos tramos eran en caminos de cabras, con tormentas y nevadas terribles. Aquellas condiciones eran horrorosas pero este apartado también conforma la épica del ciclismo, aunque Lapize, cuando llegó a la cima, les dijera a los organizadores que eran unos asesinos por ponerles aquellos puertos en el recorrido, lógicamente enfadado.
¿Había dopaje en aquellos inicios primitivos?¿Guarda alguna semejanza a la situación actual a este respecto?
Había otra mentalidad y no había reglamentación con respecto al dopaje. Los hermanos Pélissier no se cortaban un pelo en hacerle público a un periodista lo que tomaban y para qué lo tomaban. Es una lástima lo del dopaje, pero en la gran mayoría de los casos los ciclistas no son los culpables, porque son chavales muy jóvenes que ha usado estos productos a instancias de los equipos. Y les meten en un brete porque detrás está la exigencia de la marca comercial. En el ciclismo si no hay ataques y espectacularidad, no tiene razón de ser y los ciclistas están muy condicionados por todo esto. Tienen a directores, los jefes, los médicos y las marcas comerciales presionando. No hay que entender que todos los corredores son unos apestados. Estoy encantado de que hayan pillado a médico y al director de la ONCE, con la Operación Puerto. Es una pena pero es lo que hay.
En el relato estrictamente deportivo, destaca en nombre de Philippe Thys, primer triple ganador del Tour. ¿Fue un revolucionario?
Thys era un pionero con respecto a algunas prácticas de la preparación del ciclismo que se impusieron más adelante. Sentía una gran curiosidad por saber cómo podría aumentar su rendimiento y se dedicaba a leer libros relacionados con la alimentación, el esfuerzo y lo llevaba a la práctica. Petit-Breton también estaba interesado en esto. Pero también encontramos a pioneros de otras cosas, como Giovanni Gerbi, que introdujo la depilación de las piernas para ofrecer menos resistencia al aire, algo que no tuvo éxito en aquellos tiempos porque la imagen del ciclista tenía que responder a la de un tipo de pelo en pecho, un auténtico machote. Pero con el paso del tiempo se ha convertido en una práctica muy extendida. Además, puso en liza el reconocimiento previo de algunas etapas o carreras, algo que ahora hace todo el mundo. Pero también este corredor fue el “primer villano”, capaz de ponerse de acuerdo con guardián de un paso a nivel para que parara el pelotón para que pudiera él ganar alguna carrera.
Para concluir, y contemplando su investigación en perspectiva, ¿qué parte del espíritu originario conserva el Tour de nuestros días?
El esfuerzo individual. Aunque ahora haya equipos y se haya sofisticado en todos los sentidos, el esfuerzo es incuestionable. Fue un invento maravilloso y fascinante, porque, aunque no te guste el ciclismo, es un elemento de promoción del turismo francés brillante, por los castillos, abadías y paisajes que recorre. Es un elemento que tiene una capacidad de organización fantástica y una capacidad de venta de imagen insuperable.
"Los años heroicos del Tour de Francia (1903-1014)"
Editorial en formato de papel: Createspace
Tapa blanda
276 páginas
Precio: 8, 71 Euros.
"Los años heroicos del Tour de Francia (1903-1014)"
Versión Kindle
Tamaño del archivo: 1205 KB
Precio: 3, 78 Euros.