Los expertos anuncian un nuevo Niño para finales de 2014. Por Borja M. Herraiz
Devastadores huracanes, prolongadas sequías, descomunales tormentas o mareas cambiantes. Estos son algunos de los efectos del fenómeno climático más poderoso conocido, la
Oscilación Sur (ENSO), más popularmente llamado
El Niño, una concatenación infinita de factores que se repite de manera cíclica en un periodo de entre tres y ocho años catalogada en la década de los años 20 del siglo pasado y que suele durar
de 12 a 18 meses.
En esencia, El Niño, cuyo nombre viene del apodo que le dieron los pescadores peruanos en el siglo XVI a una serie de tormentas que creían locales en la época de Navidad, se produce tras un enfriamiento (La Niña) o un calentamiento (El Niño) de apenas unos grados en las aguas superficiales del
Océano Pacífico en sus latitudes más tropicales que altera las precipitaciones de todo el planeta provocando intensas tormentas en unas regiones y sequías extremas en otras.
El Niño comienza cuando los vientos Alisios del Pacífico se debilitan como consecuencia de una caída en la presión atmosférica, lo que conlleva que las aguas cálidas de Asia lleguen a la región americana, donde suelen ser más frías. Esta variación térmica coincide, además, con un importante trasvase de agua desde el hemisferio norte al sur en una época donde las latitudes australes cuentan con más calor.
En este sentido, desde mediados de 2012 se ha registrado un calentamiento de las aguas profundas del Pacífico, lo que podría ser el preludio de un nuevo ENSO, que no tiene lugar desde hace una década. En este sentido, la Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) y el Centro de Pronóstico del Clima creen que hay un 50 por ciento de posibilidades de que
a finales de este año se empiecen a sentir los efectos de un nuevo Niño.
Alcance globalLos científicos
no alcanzan a explicar completamente cómo funciona y por qué surge este fenónomeno atmosférico, aunque sí coinciden en que depende de un fino equilibro de fuerzas meteorológicas a escala mundial. Sin embargo, ese equilibrio podría estar viéndose afectado por el cambio climático producido por el incremento de gases de efecto invernadero en la atmósfera, si bien la comunidad científica también disiente en este apartado.
Los modelos de simulación más avanzados con los que se cuenta son incapaces de analizar la inmensa cantidad de datos que arroja un fenómeno de las características de El Niño, por lo que predecir sus efectos es una tarea para la que los expertos todavía
no están preparados. Además, no existe un ENSO como tal, sino que en función de la región del mundo que se analice se aborda uno u otro fenónemo relacionado, puesto que El Niño de Indonesia no tiene nada que ver con el de Perú, por ejemplo.
A pesar de que entre la comunidad científica todavía no existe un acuerdo absoluto sobre la relación entre el cambio climático de los últimos 150 años y la virulencia de ENSO, algunas pistas pueden indicar que la intoxicación atmosférica provocada por la acción incontrolada del hombre podría desencadenar una serie de desajustes de
consecuencias imprevisibles.
De agravarse las oscilaciones térmicas controladas en las aguas tropicales, factores tan importantes para el equilibrio natural global como
las mareas o la salinización del agua podrían verse fatalmente e irremediablemente afectados, y con ellos la fauna y flora de todo el globo, desde peces a aves, mamíferos y todo tipo de plantas marinas y terrestres. Miles de especies desaparecen al año por causas relacionadas con este fenónemo y muchas más podrían correr la misma suerte, según ONGs como Greenpeace o WWF.
Consecuencias imprevisiblesMuchos estudios vinculan el cambio climático a la pérdida de superficie helada en los casquetes polares. Inmensas cantidades de agua dulce van a parar a los océanos de todo el planeta cada año, con lo que esto supone para las mareas, cuyo efecto en la formación de huracanes está científicamente demostrado.
De este modo, las implicaciones de El Niño (que consta de cinco fases: preludio, inicio, clímax, transición y madurez) son enormes y muy variadas, puesto que afecta a todos los continentes y latitudes, aunque de manera muy diferente. Mientras ENSO puede desencadenar brutales tormentas y huracanes en la
costa oeste de Sudámérica y en todo el Caribe, al mismo tiempo puede suponer intensos periodos de sequía en el
sudeste asiático, noreste de Brasil y Australia, India, sur de Europa y América Central, y al revés si se trata de La Niña.
Además, también afecta de manera muy directa a la migración marina y de especies de aves, a las explotaciones agrícolas de medio mundo y a que acontezcan tragedias humanas en forma de pérdida de vidas o costosos daños materiales.
Sin embargo, algunas teorías señalan que El Niño podría no verse afectado por el incremento del calentamiento global puesto que es un fenómeno que
tiende a equilibrarse por sí solo, tal y como apuntaba un estudio publicado en la prestigiosa revista
Science en base al análisis de restos coralinos a lo largo de 7.000 años, aunque otros expertos señalan que su ciclo de formación
se acortaría y podría reproducirse cada menos tiempo.
Una tercerá vía apuesta por un
incremento de la violencia de los episodios atmosféricos, con huracanes y tormentas aún más devastadores, como señalaba recientemente un estudio publicado en
Nature Climate Change por científicos de China, EEUU, Francia, Japón y Reino Unido en base a 20 modelos climáticos.
Lo que sí es seguro es que de un modo u otro,
el ser humano es afectado directa e intensamente por fenónemos como El Niño. De hecho, el Instituto del Tiempo de la Universidad de Columbia relacionó el ENSO con el incremento de conflictos armados en el planeta. En periodos donde El Niño tenía lugar, las guerras y
los episodios violentos de tipo militar crecen un 30 por ciento de media fruto de la aparición de olas de calor, incendios masivos, sequías, inundaciones y enfermedades como el cólera, la malaria o la encefalitis, según sus mediciones.
Sólo en el ENSO de 1982-1983 se calcula que 1.500 personas perdieron la vida por su influencia directa, mientras que en el de 1992-1993 treinta millones de personas se vieron afectadas por la escasez de lluvias en el sur del continente africano.