EDITORIAL
Martes 29 de julio de 2014
La reunión de Pedro Sánchez ayer en Moncloa con Mariano Rajoy es una de las citas más importantes del curso político que ahora acaba. Hoy, el secretario general del PSOE se verá con el Rey, culminando así su proclamación triunfal del pasado fin de semana ante los suyos. Mucho es lo que Pedro Sánchez tiene que empezar a comunicar a un electorado socialista ávido de ideas y proyectos ilusionantes, de ahí que a partir de ahora deba prodigarse en esta faceta.
Previamente a la cita con Rajoy, Sánchez advirtió que “no sólo se iba a hablar de Cataluña”, y que cuestiones como la reforma laboral o la regeneración democrática iban a tener también un lugar destacado en la agenda. Algo tan acertado como extrapolable a Artur Mas: Cataluña es algo más -mucho más, de hecho- que el órdago secesionista planteado por CiU y Esquerra, y que tan paralizada institucionalmente tiene a la comunidad autónoma.
La ambición de poder municipal está detrás de la negativa de Pedro Sánchez a que el alcalde sea el de la lista más votada. Nacionalistas y partidos de izquierda pueden darle una alegría en los próximos comicios locales, aunque también puede volverse en su contra en otros casos. No parece descabellado, en todo caso, la idea de la lista más votada; de ahí la dificultad de Sánchez a la hora de justificarlo. Le hará falta algo más si quiere empezar a cimentar su poder en la esfera local. Para empezar, dando la talla en el desafío secesionista catalán y mostrando un sentido de estado perdido desde los tiempos de Zapatero.