Traducción de Juan Pablo Villalobos. Anagrama. Barcelona, 2014. 215 páginas. 17,90 €. Libro electrónico: 13,99 €
Por Alejandro San Francisco
Esta historia comienza con una narración extraordinaria, en 1970. Es el mundial de México, en el cual Brasil se levanta como candidato y espera obtener el Tricampeonato. Un equipo con Pelé, Tostao, Rivelino, Jairzinho y otros tantos
cracks. En el clásico contra Uruguay, en un minuto en que el tiempo parecía suspenderse, Tostao envía un pase cruzado al Rey que, en vez de hacer lo obvio o lo correcto, "hace lo sublime", frente al portero Mazurkievicz. "Pelé desafió a Dios y perdió... Es el mayor momento de la historia del fútbol". Era el deporte llevado a las alturas de la creación.
El fútbol en Brasil es casi una religión, que involucra prácticamente a todo el pueblo. A partir de los dramas nacionales (el Maracanazo de 1950) y los éxitos repetidos (las copas de 1958 en Suecia, de 1962 en Chile y de 1970 en México), se fue consolidando una historia de ídolos y equipos, de selecciones vencedoras y un pueblo ansioso de victorias y alegrías.
Es lo que da forma y vida a esta novela de Sérgio Rodrigues, que se sitúa en Brasil de mediados de siglo hasta la década de 1970. Aparece bajo la narración de Murilo Filho, un hombre que se convierte en un influyente periodista deportivo, relevante en el mundo del fútbol, atractivo para las mujeres. Pero la historia es sobre todo una relación personal con su hijo Neto, con quien mantiene más desencuentros que amor, la obsesión para que su hijo jugara al fútbol aunque no tuviera talento, incluso maltrato físico y finalmente el distanciamiento por décadas.
El pequeño había acumulado odios y miedos durante años. Incluso llega a pensar que un día mataría a su padre en esta "mierda de vida". Un momento decisivo ocurre cuando Neto llevó a su novia a conocer a Murilo, y a los pocos días ella lo deja ¡por su propio padre! Con eso se sella la traición y no volverían a verse, hasta que un día, cuando Murilo tiene alrededor de 80 años, llama a su hijo para pedirle que lo fuera a ver. Se estaba muriendo. Con dolor y resistencia, el hijo va. Todavía conserva el deseo de matarlo y el odio, pero se hizo presente. Eso permitió no solo que volvieran a hablar, sino también que llenaran las horas de recuerdos -no todos amables-, pero sobre todo de conversaciones (o casi monólogos de Murilo) sobre fútbol. Aparecen algunos temas familiares y personales, más llenos de dolores que de alegrías.
Las historias de fútbol estaban llenas de victorias en la era del tricampeonato. Lo que quería Murilo con el fútbol era lograr "una explicación totalitaria de Brasil", a la vez histórica, sociológica, religiosa, social e incluso racial. Los negros y los blancos emergen como dos categorías entre las que van apareciendo los mulatos a medida que avanza el tiempo y disminuye el racismo que en la primera etapa dejaba a los negros fuera de las canchas y de los clubes.
La historia de Peralvo es parte del corazón del libro, uno de los ejes centrales que ya aparece anunciado en el famoso regate de Pelé en 1970: "Peralvo iba a ser más grande que Pelé. Qué mierda de vida". Se trataba de un niño de Merequendu, con un talento extraordinario, un año menor que el Rey del Fútbol. Sus primeras incursiones provocaron el interés del Vasco da Gama, donde jugó un tiempo. Entre sus hazañas destaca un partido en el cual hizo diez goles en un solo tiempo. Tenía talento, pero también un don oculto, que conto un día como un secreto que no podía ser conocido, al propio Murilo: podía anticipar los movimientos ajenos, era una cualidad mágica, extraordinaria, que explicaba muchas de sus victorias. El problema es que en un reportaje de su periódico, Murilo reveló el secreto, lo hizo público y precipitó la desgracia, con dirigentes que querían ganar partidos con magia y no con fútbol, más interesados en el espiritismo que en los regates, como se vería en un partido que enfrentó al Santos de Pelé con el Vasco da Gama de Peralvo, en el cual el nuevo
crack prácticamente no apareció en el primer tiempo y fue un verdadero genio en el segundo. Hasta el minuto decisivo, cuando, sin tener conciencia de lo que hacía, disparó contra su propia porteria e hizo un (auto) golazo. Se inició el drama. Poco después el grupo más extremo de la torcida del Vasco, lo fue a ver y le quebró las piernas hasta hacer imposible que volviera a las canchas. Lo lincharon y liquidaron. "Habría sido mejor que Pelé", era la sutil reflexión de Murilo, quizá por convicción, quizá por el sentimiento de culpa que tenía al haber revelado el secreto mejor guardado del pequeño
crack.
La visita de Neto a su padre contribuyó a conocer estas historias pero no propició la reconciliación. Neto lo odiaba, lo despreciaba (por los golpes contra él, por haberse portado mal con las mujeres a través del "Método", por haber sido delator en tiempos de la dictadura militar brasileña). Un final tan trágico como impredecible contribuye a cerrar una narración donde coexisten la esperanza y la decadencia, el sueño de vidas mejores con existencias marcadas por los abusos (sexo, poder, vicios). Una historia donde lo político aparece como telón de fondo y se activa en algunas situaciones de los personajes que son víctimas de la represión dictatorial.
La historia de Peralvo, personaje de ficción lleno de realismo, podría ser la de cientos y miles de niños y jóvenes brasileños que buscan dejar las favelas gracias a su talento para el fútbol, a alguien que los descubra y los vincule con los grandes clubes, historias que muchas veces terminan con luces y dinero y otras veces son truncadas a medio camino. Vidas que tienen a los sucesores de Pelé como protagonistas o bien a los herederos de un Peralvo que prometía todo pero que no llegó a la cima. Como ocurre tantas veces en el país que ha hecho del fútbol una "religión", en la que están dispuestos a seguir creyendo por mucho tiempo.