Exposición en el Círculo de Bellas Artes.
La autoexploración del artista a través del autorretrato ha sido un recurso habitual en la historia de la pintura desde que el concepto mismo de artista adquirió su valor referencial como profesión vinculada a una aptitudes especiales más allá de lo artesanal. De la misma forma que los pintores han sentido curiosidad por su "yo", los fotógrafos han hecho lo propio. Una prueba de ello es la obra de
Alberto García-Alix (León, 1956), interesado por captar no solo cuanto pasa delante de su cámara, sino también de su vida, lo que acorta la distancia entre la obra y el artífice combinándose con un resultado muy personal.
Una exposición organizada en el marco de
PHotoEspaña y ubicada en el
Círculo de Bellas Artes, repasa la relación del fotógrafo con el autorretraro a través de instantáneas fechadas entre los años 70 y la actualidad. La forma de mirarse y de mirar lo que acontece a su alrededor no se circunscribe a la forma pura de autorretrato -el autor visto por sí mismo- pues García-Alix combina la autorreferencia física con el lenguaje conceptual e, incluso, surrealista por las características de algunas instantáneas en cierta medida ensoñadoras.
Aunque la muestra no pretende presentarse como un diario de la vida del autor ni como un ejercicio egocéntrico, lo cierto es que el visitante asiste al relato de una vida. En sus
fotografías, García-Alix envejece, enseña sus vicios y su intimidad conyugal, o muestra su afición a las motos. Pero más allá del lenguaje narrativo que subyace de estas instantáneas, merece la pena hablar de aquellas en las que prima el componente artístico como
Pinocho, de 2010,
Autorretrato infantil, de 2012,
La tumba del marinero, de 2001,
Autorretrato escondido en mi sombra, de 2009,
No solo pájaros en mi cabeza, de 2005, y
Vicios modernos, de 1979, que recuerda a
My bed, de Tracy Emin, una de las pioneras de la instalación.
García-Alix se distancia de su pasado en
Mis padres, de 1982, en la que hace una captura de una mesa en la que descansan dos retratos fotográficos de sus progenitores; el juego de la fotografía dentro de la fotografía. Esa distancia que adopta el fotógrafo sobre sí mismo aparece también en
Autorretrato pintado a un muro, de 2013, en el que esconde su rostro tras un garabato de corte infantil. Nada tiene que ver, sin embargo, con esta actitud la manera en la que capta su desnudez integral en
Un hombre triste, de 2001, o aquellas en las que se autorretrata drogándose, lo que invita a pensar en la obra
autorreferencial de García-Alix no como una búsqueda de identidad, sino como una reivindicación de la misma.
Información sobre la exposición:Lugar: Círculo de Bellas Artes. Sala Picasso.
Fechas: del 31 de julio al 28 de septiembre.
Horario: de martes a domingos de 11:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 21:00 horas.
Entrada: 3 euros.