TRIBUNA
Francisco Delgado-Iribarren | Miércoles 06 de agosto de 2014
Cataluña no era Cataluña, era Pujolandia. Los analistas políticos coinciden en señalar que el nacionalismo catalán post-franquista es inseparable de su figura. El nacionalismo catalán era pujolismo. Y los nacionalistas catalanes, que en el fondo aspiraban a suplantar a los nacionalistas españoles, adoraban al pequeño gran líder, al trasunto del caudillo, que les arengaba desde el balcón.
No llegó a acaudillar a la emergente nació durante 39 años, pero sí durante 23. De 1980 a 2003. A la larga, Cataluña ha experimentado durante este periodo una decadencia, se ha empobrecido, mientras la saga de los Pujol se enriquecía hasta extremos obscenos. El Papa Benedicto XVI creó una lista de pecados sociales entre los que incluyó la riqueza obscena. Pues bien, según la Iglesia Católica, casi todos los miembros de la familia Pujol Corleone, digo Pujol Ferrusola, son pecadores sociales.
En una época de paro, de pobreza y de miseria en grandes sectores de la sociedad española, estos escándalos son especialmente sangrantes. Entre los pujolets llama la atención la fortuna del primero, del hereu como dicen allí, que se ve que heredó del pare la capacidad de amasar fortunas oscuras y de engañar. Así como su compatriota Loquillo cantó “Yo para ser feliz quiero un camión”, a Jordi Pujol Ferrusola esa aspiración le pareció pobretona y cutre, y entonó: “Yo para ser feliz quiero cuatro Ferrari, dos Lamborghini, un Mercedes McLaren, un Porsche, un Jaguar...” Y, en fin, sus sueños de felicidad a cuatro ruedas no le cabían en una canción ni en un garaje normal, porque su parque automovilístico era de un millón de euros.
A eso hay que sumar lo que Jordi Junior se ahorraba al llevar sus coches de alta gama a la ITV. Ahí estaba estratégicamente colocado otro hermano, Oriol, con su trama defraudatoria. Es de suponer que pasar la ITV no causaba gastos a la familia Pujol, todo lo contrario. ¿Que alguno de los miembros del clan quería comprarse otra mansió de 2 millones de euros? Pues podía consultar con Marta, la arquitecto con experiencia al servicio de la Generalitat. ¿Que se quiere apuntalar la imagen de La Familia en el primer grupo de comunicación del Estado espanyol? Pues Oleguer compra tres edificios a una necesitada PRISA, y así se les tiene cogidos por los... edificios. Y a evadir, que son dos días. Por ahora, el último resquicio de honradez del clan lo encarna Mireia, que se hizo bailarina y luego fisioterapeuta. Independentista ella, eso sí.
El desaparecido Andrés Montes llamaba al Puyol bueno, el de la y griega, el capitán del Barça que nos metió de un soberbio cabezazo en la final del Mundial, Tiburón Puyol. Quizá con el extraño apelativo se estaba refiriendo, sin saberlo, a Jordi Pujol o a alguno de sus hijos. Artur Mas no es consciente de la imprudencia que ha cometido al reconocerse públicamente “hijo político” del Pujolísimo. Podía haber dicho sobrino, o ahijado, o discípulo, o delfín... ¿Pero “hijo”? Solo por declararse “hijo” del Molt Embaucador ya se ha colocado a sí mismo en la picota y debe ser investigado a fondo por posible corrupció. Además, es íntimo de La Familia. El “hijo adoptado” mientras Oriol se hacía con las riendas de Corrupció i Desunió. Dime con quién andas, y te diré cuánto tienes.
No es que Pujol nos robara, es que los Pujol nos roban. Y eso puede molestar menos a quien le sobra el dinero pero más a quien le falta. Es urgente limpiar España de corruptos, de ladrones y de evasores. Limpiar las instituciones, sobre todo. Pero también las empresas, como se puso en evidencia con el engaño de Jenaro García, el presidente de Gowex. Los jueces, los fiscales y los periodistas deben seguir liderando este esfuerzo trascendental. Está en juego la prosperidad de muchas familias, de muchos individuos, el desarrollo de una España equilibrada y socialmente cohesionada.