Opinión

España y Miguel Pajares: bien y mucha suerte

Y DIGO YO

Javier Cámara | Jueves 07 de agosto de 2014
Al Gobierno se le va a criticar haga lo que haga. Alguno dirá que para eso está. Pero no es justo el reproche si su actuación ante un caso de emergencia es la correcta. Así es este país, si se traslada a España al religioso infectado de ébola, mal: se pone en peligro a muchas personas. Si no lo trae, mal también: habría dejado a su “mala” suerte a un súbdito español que lleva muchos años de sacrificado trabajo por los demás.

Es verdad que el miedo es libre y que ante el riesgo de una enfermedad infecciosa sin cura y con un altísimo índice de mortalidad cada uno reacciona según sus instintos más primarios de supervivencia. Por eso es tan importante estar bien informado, saber qué es, cómo se transmite y cuál es el peligro real. Y por eso es más importante aun informar bien, con responsabilidad y sin alarmismo.

Si se hubiera sabido desde un principio que el riesgo de contagio en nuestro país es muy bajo y que, por ejemplo, la gripe es mucho más letal en España que el ébola, quizá no se habría extendido el nerviosismo y desasosiego provocado. Conviene recordar, además, el efecto magnificador que tienen las redes sociales para lo bueno y para lo malo.

Y digo yo: ¿tiene usted absolutamente claro qué habría hecho en el caso del traslado, o no, a España de un religioso de 75 años infectado de un virus mortal que si se queda en Liberia con total seguridad habría muerto? Dicho de otra forma, ¿dejaría morir en un país africano a un español que ha dedicado su vida a los más necesitados por no poner en peligro (aunque el riesgo sea muy bajo) a otras personas con su repatriación? Por otra parte, ¿realmente es quién debería pagar los gastos del traslado lo que más le interesa a la ciudadanía?

El Gobierno ha acertado. Hay que felicitar a los ministerios implicados por la rápida repatriación del sacerdote. Siempre habrá a quien le parezca mal. Ellos verán. El trabajo de Miguel Pajares en la dirección del hospital San Juan de Dios en la capital de Liberia sí hace Marca España. Es justo dedicarle esfuerzos y atención a quien ha dedicado su vida a ayudar.

Por otra parte, llevar al terreno de la valoración política, con todo el sesgo que ello conlleva, una cuestión de vida o muerte es, en el mejor de los casos, miserable. Aprovechar la enfermedad potencialmente mortal de una persona para sacar tajada política de la gestión del caso e intentar desgastar a la administración encargada de su cuidado es del todo mezquino.

El deseo final no puede ser otro que el de una pronta mejoría para Miguel Pajares y que su recuperación no provoque ningún contagio. Primero, porque es lo humanitario y, segundo, porque si hay daños colaterales los ríos de tinta con los “yo ya dije, yo ya advertí” inundarán los medios una buena temporada. ¡Mucha suerte!