Cultura

Rafael Caunedo: “La empatía es algo básico en mis libros”

Alicia Huerta | Sábado 09 de agosto de 2014
El escritor nos habla de su nueva novela "Se acabó".

La primera vez que hablamos con Rafael Caunedo, a finales de noviembre de 2011, el escritor madrileño ya había publicado dos novelas, “Plan B” y “Helmut”. Hoy, más de dos años después, le preguntamos cómo ha pasado este tiempo y, especialmente, le pedimos que nos hable del camino recorrido hasta llegar a la publicación de su nuevo trabajo, “Se acabó”, a la venta desde el pasado mes de junio.

¿Qué aprende un escritor en los periodos de “entrelibros” y, sobre todo, con cada nueva “criatura”?

Aprende a olvidar. Después de terminar una novela, viene un periodo en el que se combinan varios temas: relectura, aceptación de consejos, reescritura de partes dudosas, no aceptación de consejos, ideas brillantes de última hora, galeradas, conversaciones con tu agente, llamadas del editor, promoción, entrevistas… y un largo etcétera que puede durar meses. Durante ese periodo, la mente del escritor está embarcada a la vez en un nuevo proyecto: personajes nuevos, cambio de estilo narrativo, modificaciones de estructura, tipo de narrador, ambientación, época… Pues bien, combinar todo en la cabeza puede generar confusiones y falta de concentración; por eso digo que lo bueno sería ‘aprender a olvidar’, es decir, literalmente pasar página, olvidarme de todo lo anterior y empezar de cero. No es nada fácil, te lo aseguro. Yo acabo de despedirme de un compositor parisino y ya estoy en tratos con un falsificador de arte inglés. Es lo bueno que tiene la imaginación, que “conoces” gente muy interesante.   

¿Qué cambio, si lo ha habido, destacarías en la forma en que has afrontado este nuevo reto?

La peculiaridad que tiene “Se acabó” es que al principio no hay un protagonista definido, de manera que resulta engañosa en el inicio. Varios personajes confluyen en un lugar determinado, y allí explota una ‘bomba emocional’ que los disgregará por el mundo. La dificultad estribó en saber combinar todo para que la historia fuera derivando hacia uno de los personajes, Sofía. Y, la verdad, me ha encantado meterme en la mente de una mujer. Muchas lectoras me han felicitado por la manera en que lo he hecho.

Los escritores sabemos bien de la importancia que tiene un título a la hora de que un lector escoja tu novela, cuando aún no ha leído nada tuyo con anterioridad. ¿De qué manera surgió uno tan rotundo como “Se acabó”?

Al principio pensé en otro título, “Todo esto para nada” (“To pa ná”, como dijo un amigo), pero me pareció que daba demasiadas pistas. “Se acabó” es más directo y sólo cobra sentido al final de la obra sin determinar al lector para que especule. La verdad es que, sin pretenderlo, todas mis novelas tienen títulos muy cortos, máximo dos palabras. Es curioso, no lo había pensado.

La novela se desarrolla en distintos escenarios: Madrid, Los Ángeles, París, Estocolmo. ¿Eres de los escritores que reflejan lugares que conocen muy bien o, por el contrario, de aquellos a los que les gusta imaginar ciudades en las que jamás ha estado?

No necesariamente tengo que conocer el lugar donde se desarrolla la trama, aunque en este casi sí los conozco. La movilidad en mis historias forma parte de la propia trama. No se trata de literatura de viajes, pero me gusta que mis personajes viajen, se muevan. Me resulta atractivo. Intento recrear visualmente todo, de suerte que cuando lees mis novelas, en cierto sentido estás viajando. No olvides comprobar si tienes el pasaporte caducado antes de empezar la lectura.

Cuando hablamos sobre “Helmut”, nos contaste que, a pesar de que la gente suele decir que lo normal es sentir miedo a la hora de publicar su segundo trabajo, en tu caso había sucedido todo lo contrario, que habías perdido el miedo. ¿Qué emoción has experimentado de forma especial con la publicación de tu tercera novela?

Puede parecer pretencioso decir que no tengo miedo, que estoy súper seguro de lo que hago. No se trata de eso. Simplemente, siento que lo que escribo es cada vez mejor. Todo escritor está en evolución constante: cambia, prueba cosas diferentes, tantea… Por ahora, lo último que escribo cada día es lo que más me convence. Mientras todo siga así, genial.

Y, ¿qué clase de emociones van a sentir en general los lectores de “Se acabó”?

Es una novela de emociones, tú lo has dicho. Los lectores dicen que ahondo en la mente de los personajes hasta el punto de establecer una conexión muy intensa con ellos. La empatía es algo básico en mis libros. Yo quiero que se produzca una inmersión emocional desde la primera línea. Es muy rápido, en serio, al poco tiempo ya te crees que eres Sofía y te molesta que ella no actúe como lo harías tú. Por eso me gusta que mis personajes no sean previsibles.

Muchos escritores, por otra parte, nos sentimos, a veces de manera inconsciente, inclinados a tocar determinados “conflictos existenciales”. ¿Crees que hay alguno en concreto que aparezca en todas tus novelas, aunque sea de forma tangencial?

No creo ser muy original; llevamos siglos hablando de lo mismo: amor, desamor relaciones sociales, enfermedad, soledad, suicidio, muerte… Parece que todo está escrito, pero no. Se trata de combinarlo y adaptarlo. Yo toco todos estos palos y sumo dos más: el éxito y la renuncia. ¿Qué es tener éxito? Estoy seguro que cada persona tiene una contestación diferente. ¿A qué estás dispuesto a renunciar por amor?

A pesar de que la publicación de tu novela es aún bastante reciente, seguro que ya te rondan en la cabeza o, incluso, van tomando forma en la pantalla, proyectos nuevos. ¿Nos puedes dar alguna pista del que más avanzado tengas?

Pues sí. El reto ahora está siendo escribir en primera persona. Estoy contando la vida de un falsificador de arte muy peculiar, inglés para más datos. Sin quererlo premeditadamente, vive el mayo del 68 parisino y el hippismo ibizenco, todo ello con una personalidad que creo va a enganchar mucho a los lectores. Londres, París, Ibiza, Bruselas… No digo más, que luego todo se sabe.

Por último, permítenos terminar la entrevista con una frase de tu novela: “Pero, antes de salir del centro, ocurrió algo no previsto, una de esas cosas con las que no contamos y que devienen determinantes en nuestras vidas sin apenas darnos cuenta”. ¿Nos contarías la que, hasta ahora, más inesperada y, a la postre, determinante, has experimentado tú mismo?

Lo he contado muchas veces: El primer día en la Facultad de Derecho me senté en el primer sitio que encontré en la clase. Me hice amigo del compañero que me tocó al lado por azar. Jamás llegué a ejercer de abogado, sin embargo, con el tiempo me casé con la hermana de mi amigo. Siempre he pensado que el destino me hizo estudiar Derecho sólo para que pudiera conocer a mi mujer. Ella es lo más determinante que me ha pasado en la vida.