Opinión

Más guerra en Irak

TRIBUNA

Alejandro Muñoz-Alonso | Lunes 11 de agosto de 2014
El grupo terrorista-yihadista denominado Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS en las siglas anglosajonas; EI según algunos medios españoles) es ya el mayor peligro para la estabilidad de esa amplia zona del Oriente Medio que va del Mediterráneo al río Eúfrates y la frontera con Irán. Es una derivación de la Al Qaida irakí que mantuvo en jaque a los americanos después del derrocamiento de Sadam Husein y que se ha reconstituido al calor de la caótica situación bélica de Siria, de donde procede. Se ha instalado en un territorio a caballo de la frontera sirio-iraquí, que ha dejado de existir a todos los efectos, y allí se ha establecido la primera base territorial de ese nuevo califato que ellos pretenden extender a todo el mundo y que ya tiene su primer “califa”: Un tal Abu-Bkr al-Baghdadi, un tipo mesiánico que parece salido del mismo infierno.

Donde lograr establecerse, estos salvajes, que se sienten enviados de Alláh, aplican el brutal régimen de la sharia, según la estricta interpretación que hacen del Corán y que es un sistema basado en el terror. Desde allí se han extendido, militarmente -con una extraordinaria rapidez y encontrando escasa resistencia, por todo el norte de Irak- a sangre y fuego, en la mejor tradición del islam clásico que, hace catorce siglos, conquistó a golpe de cimitarra el inmenso territorio que va de Asia central hasta el Atlántico en solo ochenta años.

Los yihadistas del ISIS han conquistado Mosul, una de la ciudades más importantes de Irak, con importantes intereses petroleros y Tikrit, famosa porque allí nacieron Saladino, que es considerado como un héroe y un caballero -incluso por aquellos cristianos de la época de las Cruzada- y también Sadam Husein, que es el villano, aunque sigue teniendo seguidores que, clandestinamente, mantienen la ideología baazista y que han creado un grupo sunní denominado Naqshbandia. En su ofensiva, se han acercado peligrosamente a otras ciudades importantes como Kirkuk, Erbil, que es la capital kurda y no han estado muy lejos de la propia capital del Estado, Bagdad.

Para vergüenza del Gobierno de Bagdad, el ejército oficial de Irak –“nacional” en principio pero muy controlado por chíies, enemigos mortales de los sunníes del ISIS- ante esa invasión, no ha sabido hacer otra cosa que correr despendoládamente para ponerse a salvo porque sus componentes no son capaces de enfrentarse con los yihadistas, que los consideran como herejes. De poco les ha servido la formación e instrucción militar que les dieron los americanos antes de marcharse, también demasiado deprisa, a finales de 2011. El primer ministro iraquí, Nuri al Maliki –funesto personaje- se opuso a que los americanos dejaran en el país un numero suficientes de unidades que, seguramente, habrían impedido la invasión de los yihadistas. Y no es ningún secreto que Maliki, que es chíi, actuaba al servicio de sus amigos de Irán que deseaban que los americanos desaparecieran de su vista. Además, Obama se sentía preso de sus insistentes promesas de llevar a casa a todos los soldados americanos, atendiendo, por otra parte, a la opinión pública americana, que está cansada de guerras exteriores y que considera la de Irak como un fracaso total, por los penosos resultados que a la vista están.

Ante el fallo del ejército se ha tenido que recurrir a las milicias, que se están formando apresuradamente sobre la base de militantes chíies que se sienten motivados para luchas contra los yihadistas sunníes, pero no está excluido que, a la hora de la verdad, salgan corriendo, como los del ejército oficial. Está por ver, por lo tanto, para qué van a servir estos improvisados milicianos La única resistencia seria que han encontrado los yihadistas del ISIS en su guerra relámpago ha sido la de los peshmergas, las milicias kurdas. Los kurdos son un pueblo repartido entre Turquía, Siria e Irak y en este último país, el Kurdistán irakí goza de una amplia autonomía y es, posiblemente la región mejor gestionada y menos corrupta de todo Irak. Los kurdos son en su mayoría musulmanes sunníes, aunque también existe una minoría, los yasidíes, que mantienen unas creencias basadas en el antiguo zoroastrismo. Los yihadistas del ISIS los consideran algo así como adoradores del diablo, algo que es una soberana estupidez, pero que les ha convertido, con los cristianos, en el objetivo principal de la brutalidad yihadista. En los momentos en que estoy escribiendo, unas quinientas familias yasidíes están amenazadas con la muerte si no se convierten inmediatamente al islam en la versión de estos salvajes. Y se sabe que serán capaces de esta masacre pues hasta han sido capaces de enterrar vivos a quienes se resisten a sus imposiciones, incluidos niños.

Ante esta situación, Obama se ha sentido obligado a intervenir –desde el aire, por supuesto- y así lo anunció el pasado jueves. Se han enviado, por vía aérea alimentos y agua a los miembros de las minorías perseguidas que estaba aislados en las montañas de Sinjar, cerca de Siria. Y dos F-18 han arrojado bombas guiadas por láser sobre la artillería de los yihadistas que intentaban atacar la ciudad de Erbil, también en el Kurdistán. Allí hay un consulado americano y Estados Unidos no está dispuesto a consentir que sus funcionarios caigan en manos de estos bárbaros. Aunque parezca mentira al gobierno de Irak, que prácticamente ha echado a los americanos, ahora les acusa de haber actuado demasiado tarde. Y uno de los políticos chíies del partido del primer ministro al Maliki ha llegado a decir que Obama solo se ha preocupado de defender al gobierno regional kurdo y a los cristianos. ¿No será porque con al Maliki es imposible entenderse? Por no hablar de la política sectaria aplicada por su gobierno que no quiere darse cuenta de que Irak solo puede funcionar si se produce un leal acuerdo entre las diversas minorías que configuran el país.

Suele decirse que los tres principales componentes de la población iraquí son los chíies, que conforman la enorme mayoría, los sunníes y los kurdos. Pero, por una parte, hay otros grupos menores, como los turkmenos, los cristianos y los citados yasidíes. Pero esa no es toda la verdad porque cada uno de los tres grupos principales está internamente dividido. Los chíies tienen como líder religioso al ayatola Al Sistani, que parece ser un hombre moderado. Pero está también el grupo de al Sdr, creador del “Ejército de el-Mahdi”, muy activo hace una década, profundamente anti-occidental y, por supuesto anti-americano, y que ha vuelto ahora a la actividad. La minoría sunní no tiene nada que ver con los también sunníes del ISIS, aunque se estima que pueden llegar a acuerdos para defenderse de la opresión chíi. No hay que olvidar que desde que Churchill, entonces ministro de Colonias, crea el moderno Irak, después de la Primera Guerra Mundial, la minoría sunní ha gobernado sobre la mayoría chíi, primero con la monarquía hachemita que cayó en 1958 y después con la república baazista cuya principal figura fue Sadam Husein.

Bajo la tutela americana, se había llegado a un acuerdo para que todos los grupos étnicos y religiosos compartieran el poder, pero el sectarismo de Maliki y sus amigos iraníes lo ha tirado todo por tierra. El principal problema que tiene Irak en este momento es buscar otro primer ministro que sepa ejercer el cargo, sin sectarismo y al servicio de todos los iraquíes. Vienen hablando de ello desde hace semanas, pero no parece final. Y hay una lección que no se puede olvidar: La democracia no se puede establecer a bombazo limpio. Sadam Husein era un dictador criminal pero ¡anda que lo que ha venido después…!