Opinión

México y los españoles

TRIBUNA

Agapito Maestre | Sábado 16 de agosto de 2014

El Museo de la Ciudad de México lo dirige un descendiente de exiliados españoles en México. Lleva pocos meses en el puesto, pero ya ha montado una excelente exposición sobre el Exilio español en el país fundado por Hernán Cortés. La curadora de la exposición, también descendiente de españoles, doña Dolores Pla Brugat, antropóloga, murióen Barcelona el 12 de julio del mes pasado. Esta mujer era, como el director del museo, de orígenes catalanes, acaso por eso han tenido  un especial mimo cuando tratan del exilio de los catalanes en México. Esa actitud habla bien de ellos. La patria chica le tira a todos los españoles, incluso en el mes agosto en el hermoso patio del museo dedicarán sesiones especiales a Cataluña, por ejemplo, a su cine en la II República. La exposición trata muy bien, como no podía ser de otro modo, a México. Es una exposición montada por  mexicanos para mayor gloria de México. El gobierno de México, según se reconoce abiertamente en esta exposición, apoyóde diversas maneras a la España republicana. Las dos principales fueron envío de armas y alimentos, y la defensa del gobierno republicano en foros internacionales, especialmente en la Sociedad de Naciones. Se enviaron armas y pertrechos de fabricación mexicana en los barcos Magallanes y Mar Cantábrico, el primero llegócon éxito a su destino y el segundo cayóen manos de las tropas nacionales.

         A pesar de los guiños ditirámbicos lanzados por los responsables de la muestra hacia el gobierno de Lázaro Cárdenas en particular, y a México en general, por la acogida que le dieron a los españoles exiliados, pueden observarse fácilmente algunas sensatas críticas, quizásin querer, de estos honrados funcionarios del gobierno actual del PRI o quizádel PRD, al gobierno de Lázaro Cárdenas por su comportamiento egoísta. Sí, sí, hubo más de una mezquindaz, por decirlo suavemente, del gobierno de Lázaro Cárdenas ante la llegada de los españoles. Varías veces a lo largo del recorrido vemos señales permanentes de esa tacaña actitud de Cárdenas, asíse reconoce textualmente que "no fue una decisión fácil para el presidente mexicano", pero, al final, se decidióque el gobierno recibiría a los refugiados españoles "con una serie de requisitos , el principal que México no invertiría dinero en su traslado e instalación." Las restricciones fueron abundantes y evidentes. Sólo quienes demostraban que tenían dinero, u otros bienes más o menos cambiables,  podían instalarse en México. Eso por no hablar de otro tipo de restricciones, por ejemplo, la obligación de fijar la residencia  en determinadas zonas del territorio de la República, y a no participar en la política nacional, etc.

         Quizácuando se ahonde en este tipo de limitaciones y condiciones que tuvieron que sufrir los refugiados españoles en México, tendremos una visión más objetiva y exacta de lo que pasó. Más aún, creo que cuando los historiadores de esa época traten de modo riguroso ese tipo de medidas restrictivas, podemos enterarnos de verdad cuánto hubo de solidaridad y cuánto de interés en el gobierno de Lázaro Cárdenas. Es ese apartado seguirádesempeñando un papel importante la averiguación sobre quépasócon el tesoro español que los socialistas trasladaron a México en el famoso yate Vita.Los bienes del Patrimonio Nacional que transportaba este yate no era pocos, ya que las ciento sesenta maletas y dos baúles repletos de joyas y otros bienes que llevaba a bordo se estimaba que tenían un contravalor de muchos millones de dólares. ¿Cuál fue el destino final de esos bienes que llegaron al puerto de Veracruz el 24 de de febrero de 1939? ¿Por quéa partir de la llegada de este barco a puerto se hicieron ya enemigos irreconciliables los socialistas Indalecio Prieto y Juan Negrín? Muchas son las preguntas por responder sobre dónde fue a parar esa riqueza nacional... En cualquier caso, mientras que este tipo de asuntos no se aclare, nunca podemos hacer una historia limpia y sencilla para todos los españoles. Quizáuna próxima exposición sobre el exilio español del 39 en México, pueda aclararnos con más precisión y claridad lo que ahora aparece de modo casi velado. Pasados tanto años, es menester abandonar la ideología y hacer historia rigorosa.