FRANCISCO está en Corea. Es una etapa más de su periplo misionero por el mundo. Allí ha beatificado a mártires, ha estado con cientos de miles de personas, ha visitado a los jesuitas, ha pedido por la paz en el mundo y la reconciliación de las dos Coreas, en definitiva ha llevado la palabra de Jesús a los que buscan esperanza y necesitan amor.
Es la labor del misionero. Este Papa nos lo ha demostrado una vez más, y así lo han hecho todos los Pontífices desde el primer viaje de Pablo VI, que fue quien inició esta peregrinación misionera. San Juan Pablo II continuó esa gran labor, con más de cien viajes, y Benedicto XVI puso su acierto y su acierto en sus etapas fuera de los muros vaticanos.
Cuando hablo del “el Papa, el más misionero”, no me refiero por tanto solo a FRANCISCO, sino a todos los que entendieron que, con la facilidad de los traslados, era necesario salir de San Pedro e ir a predicar a basílicas abiertas al cielo y llevar sus palabras y sus gestos a los que, en muchas ocasiones, han perdido la esperanza y el amor de los que hablábamos antes.
He tenido la suerte de acompañar a estos Papas en muchos de sus viajes y en todos ellos he visto el brillo de sus ojos y las palabras emocionadas, que seguro les hubiera gustado tener y pronunciar como simples misioneros. He visto sonreir a Pablo VI, pero también he visto llorar a San Juan Pablo II en un campo de concentración nazi, o como Karol Wojtyla acariciaba las manos de leprosos en Brasil. He oído las mejores homilías de Benedicto XVI y he comprobado como FRANCISCO es capaz, con sus palabras sencillas, de que los gobiernos reflexionen sobre el estado y situación de sus ciudadanos.
Esta semana, cuando el ébola se ha llevado a la Casa del Padre a Miguel Pajares, mi homenaje y abrazo a todos los misioneros. Hombres y mujeres que se han convertido en héroes de nuestro tiempo y que están en todo el mundo. Allí donde existe el hambre, la enfermedad y el abandono a su suerte de miles de personas que carecen de lo más elemental es imprescindible para sobrevivir, como el acceso a la educación, la sanidad o el agua potable, allí están los misioneros.
Los misioneros siempre están allí donde el dolor, el sufrimiento, el hambre y la miseria humana necesitan ser redimidos. Ellos saben bien, que su única fuerza es el amor que nace de Dios y al prójimo. No se acobardan por que no buscan su propio interés, sino el de aquel que les ha enviado., Eso hacen y han hecho todos los Papas. Eso hace Francisco, el primer misionero.