Editorial

¿Arde Misuri?

EDITORIAL

Miércoles 20 de agosto de 2014

En 1988, Alan Parker filmó una impactante película, Arde Mississippi, que llevaba a la gran pantalla un suceso real relacionado con las tensiones raciales en Estados Unidos. Los hechos que reflejaba la cinta acaecieron a comienzos de la década de los sesenta del pasado siglo, un momento decisivo, pues en 1964 se promulgó la Ley para los Derechos Civiles prohibiendo la segregación, y al año siguiente entró en vigor la Ley de Derecho a Voto que hizo posible que los afroamericanos alcanzaran el derecho al sufragio. Lo que se contaba en Arde Mississippi era solo la punta del iceberg de una realidad que ha jalonado la historia de Norteamérica y que en algunos momentos estalla con especial virulencia. Como ahora ha sucedido en Ferguson en el estado de Misuri.

Ha pasado más de una semana de la muerte del joven negro Michael Brown a manos de un policía blanco, pero la situación de violencia que desató no solo no ha aminorado sino que va en aumento. Ante la imposibilidad de la policía local de controlar los disturbios, en los que la población de color, muy abundante en Ferguson, se ha echado a la calle, el gobernador de Misuri tomó la decisión de enviar a la Guardia Nacional. Pese a ello, continúa la revuelta y ya hay más de treinta detenidos y algunos heridos de bala. Asimismo, en la localidad de San Luis, cercana a Ferguson, la policía ha disparado contra un hombre de color, causándole la muerte. Al parecer, estaba intentando robar en un supermercado con un cuchillo. Un hecho que, sin duda, provocará que suba la temperatura, ya muy elevada.

Más allá del caso concreto, manejado con escasa pericia por las autoridades -ha habido opacidad informativa y versiones contradictorias sobre los hechos, además de resultar extraño que el agente que disparó se encuentre en libertad-, y cuyas circunstancias deben aclararse con rigor y urgencia, lo sucedido en Ferguson pone de relieve que la llegada a la Casa Blanca de un afroamericano no ha supuesto ni por asomo el fin del conflicto racial en Estados Unidos, como se vendió en su momento.

Vemos así de manera palmaria, y en esta ocasión por desgracia trágica -hay que lamentar la muerte de seres humanos-, que una cosa es la propaganda y otra bien distinta la cruda y tozuda realidad que desmiente que con Obama comenzara en Norteamérica poco menos que una era posracial. No puede negarse que Obama tenga una especial sensibilidad hacia los ciudadanos de color y que haya trabajado en su beneficio, pero eso no significa que la mera ocupación del Despacho Oval por parte de un afroamericano fuera a solucionar mágicamente las cuestiones raciales que, evidentemente, todavía están muy presentes en los Estados Unidos. Es muy posible que ese pensamiento mágico y buenista, tan del gusto del progresismo a la violeta, haya llevado a bajar la guardia en la resolución real y diaria de los problemas y a cerrar en falso una colisión de carácter racial que hace que hoy arda Misuri y que mañana puede estallar en cualquier otro estado.