EN LA FRONTERA
Rafael Ortega | Domingo 31 de agosto de 2014
Rouco y Osoro seguirán al frente de las archidiócesis de Madrid y Valencia, alrededor de un mes, pero solo como administradores apostólicos. El cardenal Antonio Cañizares, casi con toda probabilidad, tomará posesión de su sede valenciana el 4 de octubre y días después, Osoro hará lo propio en Madrid. Está previsto que para ambas ceremonias, además del Nuncio que leerá los perceptivos nombramientos, asistan todos los cardenales y prelados españoles, así como la cúpula de la Conferencia Episcopal Española, con su presidente, Ricardo Blázquez, a la cabeza.
El administrador apostólico, según el Código de Derecho Canónico, asume la potestad ordinaria y propia sobre la diócesis. Puede confirmar o instituir a los sacerdotes que hayan sido legítimamente elegidos o presentados para una parroquia y sólo después de un año de la vacante de la sede puede nombrar a los párrocos, pero no puede confiar parroquias a un instituto religioso o a una Sociedad de vida apostólica. Desde el momento en que ha asumido la guía de la diócesis, el administrador está obligado a observar todos los deberes del Obispo diocesano, en particular las leyes de la residencia en la diócesis, y debe aplicar la Misa por el pueblo cada domingo y en los días de precepto. Durante la vacante de la sede, el administrador diocesano debe atenerse al antiguo principio de no proceder a ninguna innovación, o lo que es lo mismo “gobierno en funciones” de la diócesis.
Esta semana ha habido importantes declaraciones del cesado y de los nombrados. El primero acepta la decisión del Papa, como no podía ser de otra manera, y los segundos hablan de su total entrega a sus futuras diócesis. El primero ha recordado a sus sucesor de cuando “él era profesor en Salamanca y Osoro su alumno”, que por su parte ha dicho que “trabajará sin descanso para ser obispo de todos”. Me ha sorprendido que medios importantes a nivel nacional no hayan recogido declaraciones del arzobispo electo de Valencia, el cardenal Cañizares. Don Antonio, hombre discreto, habrá preferido esperar acontecimientos y estará ya recogiendo pertenencias personales en su apartamento romano situado en el mismo edificio en el que tuvo el suyo Benedicto XVI, antes de elegido Papa.
Y mientras las noticias de los nombramientos corrían sin parar, se nos moría un obispo, Don Ramón Echarren, emérito de Canarias, al que el director del secretariado de la Comisión Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Española, Fernando Fuentes, ha dedicado unas bellas palabras: “con Don Ramón la Iglesia española asentó las bases pastorales e institucionales de lo que hoy es una pastoral de la caridad".