Confidencial

Lo que no dijo Montoro de Pujol

Miércoles 03 de septiembre de 2014

El ministro de Hacienda, en su comparecencia en el Congreso para explicar los turbios negocios de Pujol, estuvo rotundo y hasta convincente, aunque la oposición jamás lo reconocerá. Pedro Sánchez, el primero, ataca al Gobierno cada vez que pilla un micrófono venga o no a cuento. Y si no lo pilla lo busca.

Montoro no tuvo reparos a la hora de acusar al ex presidente catalán de que su “confesión” obedecía a las pesquisas que llevaba a cabo el Ministerio Fiscal y al sentirse acorralado emitió un comunicado para intentar salvar a su familia y obtener algún tipo de perdón. El ministro de Hacienda le contestó con un exabrupto:”El perdón no supone borrón y cuenta nueva. Pagará por el delito o los delitos cometidos”.

Tampoco tuvo empacho Montoro en aprovechar el momento para atacar las veleidades secesionistas de los catalanes. Esta idea, sin duda, se la sopló Rajoy que ha aprovechado el escándalo para propagar que después de Pujol vienen los demás. Artur Mas, el primero. Una táctica demoledora para intentar impedir la maldita consulta. Pero ya se comenta en CiU que si el presidente de la Generalidad se echa atrás, otros vendrán a ocupar su puesto y colocar las urnas.

Montoro, en fin, no dio puntada sin hilo. Pero algunos le pedían más sangre. El ministro de Hacienda, como tal, no puede desvelar los datos de una investigación de la Fiscalía. Pero quizás podría haber aclarado algo sobre la familia, desde Marta Ferrusola al resto de sus hijos; todos ellos ocupados en cuerpo y alma en colocar a buen recaudo el aluvión de millones que trincaban de las comisiones (el 3 por ciento, el 5, el 20…), de la influencia política y económica del propio Pujol, de las contratas y de ese largo etcétera de recovecos que horadó la familia para llenarse los bolsillos y colocar luego en Andorra y otros paraísos fiscales.

Tampoco aclaró Montoro por qué no se actuó antes si, como el propio ministro reconoció, se sospechaba de los enjuagues de los Pujol desde hace décadas. Aunque sería fácil despejar esta incógnita. Felipe González y Aznar tuvieron que pactar con Pujol para poder gobernar. Entonces, estaba considerado un hombre de Estado. Pero, ahora, con la deriva secesionista, alentada en buena parte por él, se ha convertido en un enemigo del Estado. Y el Estado no tiene piedad con sus enemigos.

Y esto no ha hecho más que empezar. Rajoy, con Montoro como punta de lanza, ha encontrado un arsenal para atacar a sus enemigos cuando convenga. Y quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.