Opinión

Estrenos mundiales

Domingo 18 de mayo de 2008
En los últimos años, la industria del ocio a nivel mundial ha alcanzado una cifras de negocio inimaginables en otros tiempos. El estreno de una película suele ir acompañado de una campaña de marketing que se lleva cada vez más porcentaje del presupuesto global, toda vez que de una buena campaña depende en gran medida que se llenen o no los cines. En esta ocasión, le tocará el turno a la cuarta entrega de las aventuras de Indiana Jones, cuyo estreno mundial será el próximo día 22 de mayo. Entre tanto, los avances, entrevistas a protagonistas y notas de prensa están a la orden del día. Raro es el día que no se cuela en telediarios y secciones de cultura algún estreno con demasiados ribetes “marketinianos”.

Lejos queda la época en la que el buen cine se percibía por el regusto que dejaba en el espectador una buena película. Hoy en día, si vemos los registros de filmes que han batido records de taquilla, veremos que no siempre recaudación se corresponde con calidad. Es más, pasados unos meses, muchos de esos estrenos anunciados a bombo y platillo han quedado prácticamente olvidados, pues el producto en cuestión era poco más que una operación mercantil de ocio. Tan es así que festivales como el de Sundance, en Estados Unidos, empiezan a ganarle terreno a la gala de los Oscar. Y es que cada vez se extiende más en el mundo del celuloide la idea de que prima el interés de conseguir una taquilla rápida durante las dos primeras semanas, por encima de la de hacer una buena obra. Falta actuación, y sobran efectos especiales. Raras veces se combinan eficazmente ambos factores. Cuando así sucede, caso de la saga de Indiana Jones, el éxito está asegurado. Pero por desgracia, cada vez son más las ocasiones en las que vamos al cine y salimos pensando que hemos perdido el dinero de la entrada. Entrada que, por cierto, ha subido una barbaridad. Así las cosas, o aumenta la calidad, o las castigadas economías domésticas volverán la vista al ocio, para ver si realmente merece la pena gastar en un género de cada vez menos calidad.

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