Opinión

Hedonismo

José Lasaga | Miércoles 23 de enero de 2008
No tiene desde luego buena prensa el hedonismo entre los enérgicos moralistas de nuestra sociedad. Asociado al consumismo, suele ser identificado como una de las causas que arrastran a los jóvenes a consumir drogas, beber en exceso, etc. Se dice que son dichas conductas anómicas el resultado imitativo de unos padres hedonistas que sólo encuentran el placer como recompensa a sus jornadas laborales. Pero no estoy muy seguro de que ese diagnóstico sea acertado.

A mi juicio, detrás de las drogas y el "botellón" no está la búsqueda del placer, ni siquiera la búsqueda del placer desmesurado, sino el aburrimiento y la desesperación. El placer, inscrito en el núcleo más invariante de la naturaleza humana, tiende a la moderación porque su reiteración produce dolor y porque es el cuerpo mismo quien termina por establecer su regulación. Por tanto, hay que interpretar más allá del placer esas búsquedas insensatas de diversión que se despliegan en nuestras ciudades al llegar la noche.

He mencionado el aburrimiento como causa principal. No es posible en el espacio de esta nota argumentarlo debidamente, pero creo que hay un lazo que va desde la obsesión por la novedad hasta el aburrimiento: es la velocidad impresa en la exigencia de cambio permanente lo que produce la búsqueda de experiencias "nuevas", algo que hacer, algo que contar. Se hace necesario, acelerar los procesos. Ahí inserta su papel la sustancia excitante: aceleración de la vida. Si hay una alternativa, por ejemplo, el descanso en el trabajo, la situación no llegará a ser grave. Pero si el joven vive en el ocio puro entonces, los polos entre los que se mueve su vida serán el aburrimiento y la desesperación.