Hace años que podemos observar en la América hispana una nueva especie que prolifera en el ámbito político. Por desgracia, en comparación con la ´culebra boba`, ahora prolifera la "víbora política", o mejor dicho, el "político víbora", que causa estragos donde habita y a los que le rodean. Esta especie de político faltón hace tiempo sorprendía a los viajeros, pero ahora ya es moneda corriente en cualquier país de la zona. El ejemplo más relevante es el ofrecido por Maduro, el Presidente de Venezuela, dedicándole una oración a Hugo Chávez. Esta gente ha manipulado, sin recato alguno, la oración más importante del catolicismo, el Padre Nuestro, para mayor gloria de difunto Chávez. Es el colmo del mal gusto estético y de las peores intenciones políticas. En fin, bastaría un repaso somero a la prensa de Bolivia, Argentina, Ecuador y algunos otros países de la zona para hallar otros tantos ejemplos de barbarie política similar a la de Venezuela.
El político víbora juega con las palabras, en realidad, las desprecia tanto como a la leyes. La ley que, en otros países, es garantía de la convivencia pacífica de los ciudadanos, aquí es papel mojado. Los órganos legislativos no paran de sacar nuevas leyes y proclamar nuevos derechos, pero todos quedan en ideología y engaños para satisfacer a la crédula y bienintencionada comunidad internacional. Esta actitud de la fauna política hispanoamericana recuerda el famoso cuento de Alfonso Reyes sobre el gallo y el coyote. Merece la pena recordarlo en honor del gran humanista mexicano. Aquí transcribo la versión más conocida del cuento de Alfonso Reyes: "En el norte de México acostumbran poner a los gallos en lo alto de un templete, para que no se los coman los coyotes. Desde su mirador, el gallo va y viene, y mira de reojo al coyote que se va acercando con un airecillo bondadoso:
-Buenos días, hermano gallo.
-Buenos días, hermano coyote.
-¿Qué haces ahí trepado?
-Ya ves, tomando el sol.
-¿Por qué no bajas un rato a “platicar” conmigo?
-No me atrevo, ¡no vaya a pasarme “alguna cosa”!
-¿Qué puede sucederte? Si desconfías de mí, acuérdate de que ya el León, el Rey de la Selva, acaba de dictar una ley ordenando que ningún animal le haga daño a otro. ¡Anda, baja, no tengas miedo!
-No me atrevo
-¡Pero si la nueva ley te ampara!
-No creas, hermano: hay cabrones que ni la ley respetan."