Opinión

Israel, de 1957 a 2014

Tribuna

Fernando Caro | Jueves 11 de septiembre de 2014

Oír toda suerte de jeremiadas, emotivos compungimientos, tópicos y lugares comunes, en los diálogos habituales referidos a la “genocida agresión de los judíos al pueblo palestino” [porque no se trata de una respuesta del estado de Israel al continuo y sangriento hostigamiento de la organización terrorista Hamás desde la franja de Gaza, tras el escudo humano de la población civil], resulta lo más frecuente.

Actitudes samaritanas no aprecio, a decir verdad; del comentario no se pasa, y por lo general es cosa vana esperar por parte de los dialogantes ninguna iniciativa de ayuda altruista hacia los “damnificados”.

He recordado para la ocasión unas lecturas que guardan relación con el asunto. Una, magnífica. Israel, 1957, de Josep Plá [Destino. Barcelona, 2002], que nos acerca al ayer de esa encrucijada de caminos que es el Medio Oriente, epicentro de un perpetuo torbellino de la historia.

Maestro Plá escribe “El día 14 de mayo [de 1948] Ben Gurion proclama la independencia de Israel. El 15 acaba el mandato británico sobre Palestina. A las 10 de la noche del mismo día, Israel es invadido por tropas de los cinco estados árabes limítrofes: Líbano, Siria, Transjordania, Egipto y Arabia Saudí. Las fuerzas de Irak se unen a los invasores...” [p. 48].

El capítulo “Una visión de las fronteras de Israel”, p. 132 y sgtes., de innegable actualidad, incluye un apartado dedicado a La franja de Gaza, en cuya frontera “... el terrorismo es intermitente...”... “Todo parece producirse con la intención de hacer otra guerra”.

Dos. ¿Cuál es el futuro de Israel?, de Shlomo Ben Ami, [Ed. B. Barcelona, 2002]. Ben Ami, vinculado al Partido Laborista Israelí, historiador formado en Tel–Aviv y Oxford ,... fue embajador de Israel en España entre 1987 y 1991 y en la actualidad uno de los tres vicepresidentes del Centro Internacional de Toledo por la Paz (CIT).

En 1999, al llegar al poder el partido laborista encabezado por Ehud Barak, Ben-Ami fue designado ministro de Seguridad Pública. Un año después Ben-Ami pasó a desempeñar el cargo de Ministro de Asuntos Exteriores; dirigió entonces las negociaciones secretas con Abu Alá en Estocolmo, (conocidas como El canal sueco). Participó junto con el Primer Ministro Barak en la cumbre de Camp David, tras la cual dirigió al equipo israelí en las distintas negociaciones que se llevaron a cabo con los palestinos, incluyendo Taba.”, transcribo de su hoja de presentación en http://toledopax.es/es.

Recuerdo de esa lectura que el relato del transcurso de la cumbre durante julio del año 2000, de las posiciones de cada cuál, conduce a desoladoras conclusiones, desoladoras pero tan reales como la pura realidad.

En Camp David, Yasir Arafat, ante la tesitura de pasar a la historia como un estadista honesto, empeñado en el propósito de conducir un pueblo hacia las más altas cotas de bienestar posible [ningún pueblo del mundo islámico las ha alcanzado similares a las “occidentales”, propósito que parece incompatible de todo punto con el Islam], o de hacerlo como un líder de intifada, como un presunto liberador nacional, icono guerrillero como el ché, optó por lo que bien sabemos.

El desespero de Clinton ante la para él “incomprensible” intransigencia de Arafat –que rechazó todas y cada una de las ofertas que sobre la mesa, generosamente, se fueron poniendo–, no es sino la evidencia de la radical disparidad de raíz cultural, es decir religiosa, bajo la que se aborda la cuestión que se hallaba sobre la mesa.

Cuestión que ahí sigue. Con un pueblo –el palestino– más que damnificado, ahora sí, aterrorizado por una organización terrorista, Hamás, que prosigue con el intento de erradicar el estado de Israel que animara a los invasores de 1948, con otros respaldos como el de la teocracia iraní.

Un pueblo inmerso en un caldo de cultivo que sólo propicia –para los más– carencias y penurias en lo material. Y un fanatismo irredento, ignorante, belicoso y primitivo, como tónica general. Fenómeno nada novedoso, dicho sea de paso, a la vista del transcurso de la historia.

Por ello, de postración, puede decirse otro tanto del pueblo mauritano, marroquí, argelino, tunecino o libio, que no comparten frontera con Israel; o del egipcio, jordano, sirio..., que sí la comparten, por ejemplo. Es algo tan evidente como el derecho de Israel a existir y defender su existencia.

Y tres, de la que soy su traductor en la edición española, Alexis deTocqueville. Sobre las religiones. Cristianismo, hinduismo e Islam. Edición de Jean-Louis Benoît. [Encuentro, Madrid, 2013].

Tocqueville llevó a cabo una de las primeras lecturas del Corán bajo una mirada “moderna”. JL Benoît comenta cómo “... a partir de marzo de 1838, lee y toma notas sobre el Corán con el fin de tratar de comprender el espíritu y la letra del islam,... Desde ese momento siente la necesidad de presentarse «in situ» y hará dos viajes a Argelia, en 1841 y en 1846.

De la lectura del Corán extrae, como se ve en sus notas, la idea de que la religión de Mahoma no sólo tiene una insoportable propensión a multiplicar las llamadas a la guerra y la matanza de infieles, sino que además deja realmente poco espacio a la libertad y a las libertades...” [p. 57 y sgtes.]

Comentarios como que “La doctrina de que la fe salva, que el primero de los deberes religiosos es obedecer ciegamente al profeta, que la guerra santa es la primera de todas las buenas obras...” [p. 36], o que “Mahoma predicó su religión a pueblos atrasados, nómadas y guerreros: la propia religión tenía la guerra como finalidad, de ahí el escaso número de prácticas y la simplicidad del culto...” [p. 47], resultan suficientemente elocuentes.

Plá habla de una voluntad inquebrantable, la misma que refleja la cita de Tácito con la que se abre Israel, 1957; “... todo el espacio situado al sur de Bêer Sheva’ [la parte N del desierto del Neguev] empieza a tornarse verde...” Un desierto verde, ¿qué más viva imagen de contraste con su entorno?

Una isla de convivencia civilizada, de democracia liberal de raíz cristiana, porque Israel socio-políticamente es eso [en mi opinión la raíz cristiana de la democracia liberal es, indudablemente, la tesis política más importante establecida por Tocqueville], en medio de un páramo de penurias y sometimientos, es lo que se trata de erradicar.

No es una cuestión de frontera política, pues. La auténtica cuestión radica en la esencial disparidad de la consideración de la persona a uno y otro lado de la frontera, a uno y otro lado de la mesa de Camp David y de todas las mesas de paz que, con ese telón de fondo, se cuentan por fracasos. A un lado barbarie; al otro nuestra civilización.

Plá lo escribió : “... el hecho –a mi modesto entender– que no podrán nunca digerir los países árabes vecinos de Israel: la presencia de un pueblo no solamente occidental, sino uno de los que más ha contribuido a la formación de la civilización moderna. Solo hay que recordar que Einstein, Freud y Marx eran judíos.”

PS. Mientras este artículo esperaba ver luz, Arturo Pérez-Reverte publica “Es la guerra santa, idiotas”. No puedo entender que en su exposición hable de “... un Islam [instituido hace casi 1.400 años, no se olvide] que podría ser pacífico y liberal, que a menudo lo desea...”. Ni es posible la cuadratura del círculo ni que los leones sean vegetarianos. A la experiencia me atengo.