TRIBUNA
Luis Asua Brunt | Sábado 13 de septiembre de 2014
Margaret Thatcher tendrá una plaza en Madrid, muy cerca de la plaza de Colón, en el barrio de Salamanca. Una buena plaza, céntrica e importante cuya inauguración será el próximo 15 de septiembre. La iniciativa del concejal Fernando Martínez Vidal no solo es valiente, también oportuna.
A veces olvidamos la importancia que para España tuvo la Primera Ministra británica, Margaret Thatcher. Quizás el momento más señalado lo encontramos en el apoyo de la Dama de Hierro a la adhesión de España a la Unión Europea. El propio Felipe González ha reconocido este apoyo en muchas ocasiones. Imaginemos lo que habría sido una UE sin España y Portugal dentro o, imaginemos lo que habría sido de nuestro país sin el apoyo financiero y moral de la Unión Europea para consolidar nuestra democracia. Pero no fue lo único, también hay que recordar su postura tajante contra el terrorismo que tanto nos ayudó en tiempos muy difíciles.
Para los que vivimos y trabajábamos en Londres en los mejores años de Thatcher, creo que lo más importante era la sensación del sesenta y ocho pero al revés; no sé si me explico, era una sensación de rebeldía que se vivía, por fin, desde la derecha. Thatcher tuvo muchas virtudes y algunos defectos, pero marcó una época cuya influencia aún perdura. Pero sobretodo generó una actitud: lo moderno, lo entusiasmante, lo energético (por usar una palabra mal traducida del inglés), lo progresista; incluso, y esto hasta habría que decirlo con pudor, lo que más se acercaba a la verdad era el torysmo nuevo de Thatcher.
Fueron los años en los que todos parecían que iban a ser empresarios o creadores; donde se pusieron las bases para el Londres actual, donde el individualismo, la creación de riqueza, la libertad y la democracia eran verdaderos motores sociales, auténticas banderas. Se acabó con demasiados años a la defensiva, tantos años en que sólo por ser de izquierdas implicaba estar en posesión de la verdad. Se acabó con tanto “buenismo”, y también con su corolario: el eterno complejo de la derecha con las denominadas cuestiones intocables: la comprensibilidad con la educación sin esfuerzo, el gasto social infinito, la vergüenza hacia los beneficios empresariales, la debilidad exterior, la inevitabilidad de la política de bloques, el gobierno por y para las encuestas, etcétera etcétera.
Una actitud maravillosa de rebeldía que acabó con uno de los monopolios de la izquierda, ya no hacía falta ser de izquierdas para considerarse en la vanguardia. Frente a los Foot, los Crosland, incluso los aires rústicos de Neil Kinnock y toda la representación del viejo laborismo se organizó una corriente electrizante e imparable. Y no fue lo que llaman los americanos un bandwagon, eso es mucho más circunstancial o incluso electoral, lo de Thatcher era, es mucho más profundo y, por eso aún perdura. Quizás a alguno le parezca difuso, o subjetivo, pero los que vivimos aquello siempre nos quedará el entusiasmo del recuerdo, y también la añoranza que quizás algún día podría darse algo parecido por estos lares.