Opinión

La "familia de Reino Unido"

TRIBUNA

Cristina Hermida | Lunes 15 de septiembre de 2014

El próximo 18 de septiembre los escoceses están llamados a votar en el referéndum sobre la independencia de Escocia. Las tensiones han ido creciendo a lo largo de los días conforme el voto independentista ha ido paulatinamente ganando cada vez más fuerza en las encuestas realizadas. De hecho, la publicación del Sunday Times de una encuesta de YouGov indicaba que el52% respaldaba la independencia o en el mejor de los escenarios se producía un empate técnico entre independentistas y unionistas. Laboristas, mujeres, abstencionistas e indecisos han pasado a convertirse en elementos claves a la hora de decantar la balanza hacia uno u otro lado. Muy posiblemente la situación actual conduzca a las urnas a votantes contrarios a la independencia que de entrada se iban a abstener de votar al haber dado por descontada la victoria del no.

La alarma política creada por los últimos sondeos ha derivado en un cruce de acusaciones personales entre conservadores y laboristas sobre el avance de los partidarios de la independencia, que más que ayudar a la reflexión de los votantes creo que ha generado un alto grado de tensión, descontento y malestar entre la población. Hay ciertas sospechas de que el cambio de tendencia en el voto no tiene solo que ver con la cuestión política de la independencia en sí misma considerada o con una Escocia con más poderes dentro de Reino Unido sino con la desconfianza hacia los políticos de Westminster y el profundo desencanto de los votantes laboristas.

Según el Sunday Times, varios ministros sostienen que David Cameron debería dimitir automáticamente como primer ministro si Escocia vota por la independencia y que hay movimientos en el grupo parlamentario para forzar su marcha en caso de oponerse a su salida. El diario compara la situación de Cameron con la de Lord North, el primer ministro que tuvo que dimitir en 1782 después de que la Cámara de los Comunes aprobara una moción de censura contra él por la pérdida de las colonias en América.

Un error de estrategia política creo que ha sido que el unionismo haya querido basar su campaña en amenazas constantes sobre los desastres que padecerá Escocia si abandona Reino Unido. A todas luces, me parece equivocado optar por un discurso negativo, empobrecedor y demagógico como el de Ed Miliband, quien advertía recientemente que si los escoceses votaban por la independencia habría que imponer controles fronterizos con guardias armados entre los dos países, algo que, por cierto, no han dejado de negar los independentistas. Así de rotundo se dirigió Miliband a los escoceses: . Mucho más acertado, por el contrario, ha sido el mensaje que transmitió estos días el primer ministro británico, David Cameron, al subrayar a los escoceses la importancia de mantener incólume a la “familia” de Reino Unido. Quizás haya sido la ineludible influencia del tono amenazante de su campaña lo que le impidiera reprimirse para terminar afirmando que un voto a favor de la escisión implicaba un “salto en la oscuridad” que no tendría marcha atrás.

El discurso de los líderes de los tres grandes partidos unionistas británicos, David Cameron, Ed Miliband y Nick Clegg en Escocia, en defensa de la unidad territorial de Reino Unido, no han dejado indiferente a nadie tratando de crear expectativas de un futuro para Escocia con mayor autonomía.

Convendría recordar que la unificación oficial de Escocia con Inglaterra se remonta a 1707. El Acta de Unión de entonces es cierto que no estuvo exenta de polémica; sin embargo, en aquellos años, Escocia hacía frente a una importante crisis de deuda pública, y la unión con los ingleses les garantizaba una inyección monetaria necesaria para la recuperación económica del territorio. Los tiempos han cambiado y ahora el gobierno escocés, liderado por Alex Salmond, argumenta que si Escocia fuera independiente, sería uno de los países más ricos del mundo, debido fundamentalmente a sus importantes reservas petroleras. Efectivamente, las reservas de petróleo y gas natural del mar del Norte constituyen una parte esencial del discurso soberanista escocés. Salmond propone destinar una décima parte de los ingresos - 1.000 millones de libras al año- para formar un fondo petrolero similar a Noruega lo que, asegura, generaría una bolsa de riqueza de 30.000 millones de libras. Por el contrario, los unionistas argumentan que es un error poner el futuro económico de Escocia en manos de recursos que antes o después terminarán agotándose.

Desde que en 1998 se constituyera el Parlamento Escocés, la devolución de poderes de Londres a Edimburgo ha sido un tema recurrente. El responsable del Tesoro, George Osborne, anunció en los últimos días que se iba a dar a conocer un plan para dar más autonomía a la región. Sin embargo, aun siendo importante el tema del petróleo, la cuestión fiscal es la pieza clave para la independencia de Escocia. Escocia ya tiene control sobre diez importantes áreas que incluyen educación,sanidad, sistema legislativo y Policía pero ahora faltaría atar la cuestión fiscal.

Según diversas fuentes, la responsable de los conservadores escoceses, Ruth Davidson, entiende que Escocia debería concentrar todas las competencias fiscales respecto al impuesto sobre la renta, con el Parlamento escocés como responsable de administrar el 40% del dinero que gasta. Defiende además que Holyrood debería ser responsable en cuestiones de bienestar referidas a las áreas descentralizadas, como el subsidio de vivienda, el subsidio de ayuda para mayores discapacitados o el subsidio por desempleo.

Si finalmente los escoceses votan por la secesión, los problemas para Londres no habrían más que empezado. La pregunta que nos asalta a todos es, llegado este punto, la siguiente: si Escocia consigue más poderes, ¿Irlanda del Norte y Gales no optarán por lo mismo?

Desde el punto de vista de los liberal-demócratas que apoyan al gobierno escocés, la llamada fórmula Barnett –usada por el Tesoro para el cálculo de las cantidades que se tienen que conceder a Irlanda del Norte, Gales y Escocia para su propia gestión– debería ser sustituida por otro modelo basado ahora en las necesidades. Y es que la tesis de Marx defendida en laCrítica del programa de Gotha (1875) parece haber resucitado en Escocia: “de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”.