Viernes 19 de septiembre de 2014
Pese a los muchos agoreros que aseguraban que los escoceses votarían a favor de la independencia del Reino Unido, el resultado ha sido contundente. Cerca de un sesenta por ciento de los votantes han elegido la papeleta del “no”, conscientes de que la independencia les dejaría aislados internacionalmente y que las consecuencias económicas podrían haber sido catastróficas. El sentido común se ha impuesto.
Ahora, los secesionistas españoles, que enviaron numerosas delegaciones a Escocia para unirse a la fiesta enarbolando esteladas e ikurriñas, se han quedado mudos. Estupefactos. Primero, pretendían equiparar un referéndum legal como el celebrado en Escocia con la maldita consulta ilegal del “derecho a decidir”. Pues mientras Londres y Edimburgo habían acordado celebrar la votación para conocer la opinión de los escoceses, el Gobierno español nunca aceptó el referéndum catalán por inconstitucional. De modo, que el paralelismo no era más que una manipulación de la activa propaganda nacionalista.
Este mismo jueves, en pleno bullicio secesionista por la celebración del referéndum escocés, Artur Mas volvió a lanzar una de sus amenazas a Rajoy al declarar que no temía represalias por su decisión de convocar la consulta del 9-N. Pero lo más grave ha resultado ser la actitud de los socialistas catalanes que ya han anunciado que votarán a favor de la consulta. No se sabe si Pedro Sánchez desconocía esta maniobra del PSC o la ha consentido. En cualquiera de los casos, el nuevo secretario general del PSOE no termina de hacer el ridículo. Debería tomar las riendas del partido en lugar de hacer “bolos” por las televisiones como si fuera un “show man” en lugar de un político de altura.
En todo caso, resultaría divertido que después de la matraca que han dado los secesionistas catalanes, al final, saltándose la ley, instalaran las urnas y los ciudadanos, como recogen las encuestas más solventes, también rechazaran la independencia. No servirá de nada el resultado, sea cual fuere, pero resultaría divertido que el “no” se impusiera con la misma rotundidad que en Escocia. Entonces, sí que se quedarían mudos y estupefactos.