Mis abuelos se conocieron en Bilbao, mi abuela trabajaba allí de sirvienta, y se casaron en Nájera en 1924.
Cuando mi abuelo parte a Barbastro, mi abuela espera en Sestao a que finalice el curso de los dos hijos mayores para viajar; transcurría 1933. En Barbastro debió ayudar en el Hotel Europa regentado por su cuñado Antonio, que proseguía la dedicación familiar: mis bisabuelos regentaron la fonda (¿Fonda “Peralta”?) situada en la plaza de Graus.
Tras la huída de mi abuelo, y tras no pocas vicisitudes, mi abuela busca cobijo en Logroño, en casa de una hermana casada, y entra al servicio de Basilio Gurrea, odontólogo e hijo de quien fuera alcalde de la ciudad –por Derecha Liberal Republicana– y víctima de los fusilamientos sobrevenidos al 18 de julio. Mi madre entraría de doncella en casa de los “Garrigosa”; Ana Mª Garrigosa, esposa de Basilio, pertenecía a esa familia de comerciantes de telas asentada en Logroño.
[Luis Carandell cuenta que José Escrivá Corzán entró en 1915 como dependiente de “La ciudad de Londres”. Antonio Garrigosa Borrell acogió al barbastrino, cuyo comercio de tejidos había sufrido serios reveses. Vida y milagros de Monseñor Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei. Barcelona. Ed. Laia, 1975. Parece ser, por el contrario, que los Garrigosa no hicieron nada en favor de su consuegro, quien por otra parte tenía cierta amistad con Mola.]
Supongo que los Gurrea hacen las gestiones que dan a conocer a mi abuela que su marido vive en Montauban; según Ángel a través de una carta enviada desde Londres por un “servicio de refugiados y apátridas”, pero nada he conseguido averiguar de este “servicio” ni al respecto– [en aquella época operaban en pro de los refugiados republicanos varias entidades, como el SERE, Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles y la JARE, Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles, promovidos por republicanos españoles, o el National Joint Committee for Spanish Relief, presidido por la duquesa de Atholl, y el CIR, Comité Intergubernamental para los Refugiados, con sede en Londres, amén de la Cruz Roja internacional et al.].
Sé por Ángel que mi abuela cruza el puente de Hendaya, no sé en que fecha y acompañada por el “cónsul británico en San Sebastian”, para reencontrarse por vez primera con mi abuelo. Todos mis intentos de recabar información de este hecho ante los servicios consulares en Bilbao y de la Embajada del Reino Unido en Madrid se han saldado con rotundo fracaso: no han recibido otra respuesta que las automáticas; naturalmente en inglés, conducta que califico de auténticamente grosera, sin ambages.
El hecho, para finalizar, es que en 1948 pudieron reencontrase definitivamente; mi abuela llevó consigo a mis tíos pero mi madre, tras casarse un año antes, ya tenía entonces a mi hermana, la mayor de sus tres hijos, y permanecería en Logroño.
Hoy Paris homenajea merecidamente a los de la Nueve, pero Fernande Mosseri, al identificar en alguna foto a los miembros de los gobiernos de la 3ª república –Daladier, Reynaud,... – y de Vichy, –Pétain, Laval,... –, tenía parte de razón al comentar: “Nosotros, los franceses, no tenemos motivos para sentirnos orgullosos de nuestra historia reciente”.
La entrañable septuagenaria no lo pudo evitar: “Monsieur, je connais bien mon histoire”, añadió.
Mi abuelo Vicente, al que tanto le debo, pudo al fin reconstruir con los suyos una vida digna, libre, –sin libertad la dignidad de la persona está mancillada–, en la Francia resurgida tras el desembarco y la derrota de uno de los totalitarismos más abyectos del pasado siglo. Cara y cruz de su periplo.
Hasta finales de los 60 conocieron, y yo con ellos durante algunos veranos, una Francia amable de la que ya sólo queda el recuerdo. En Montauban vivió el resto de sus días hasta 1981. Allí recibió sepultura, como D. Manuel Azaña, quien fuera presidente –de infausto recuerdo– de la 2ª República Española.
Podría acabar el relato parafraseando justamente a la entrañable Fernande Mosseri, inmejorable compañía en aquella inolvidable visita; evitaré caer en tal obviedad.
Además quiero conocer mi historia mejor aún, aunque conozca la dificultad de la empresa. Hay muchas lagunas documentales, como si hubiera un propósito deliberado de ignorar o de ocultar...