Traducción de Jorge Cornejo Calle. Seix Barral. Barcelona, 2014. 381 páginas. 19 €. Libro electrónico. 9,99 €
Por Alejandro San Francisco
Esta obra fue publicada originalmente en inglés, por un escritor de origen peruano, Daniel Alarcón, quien rápidamente recibió una muy buena crítica literaria en los Estados Unidos. Se trata de una historia que puede ser tanto la narración de la marginalidad social en América Latina -con esa expresión extrema y vergonzante que son las cárceles-, como bien podría ser una (o varias) historia (s) de amor, una expresión de la creatividad artística o literaria, con un trasfondo de la situación política de las tres últimas décadas del siglo XX: la dictadura militar, el advenimiento de la democracia, el mayor desarrollo económico y la realidad social de un creciente narcotráfico. Se ha dicho que es una obra de geografía anónima, pero todo indica su ubicación en Perú.
El eje de la trama circula en torno a un grupo teatral llamado Diciembre -basado en una historia real, pero adaptado como la obra de ficción que es este libro-, que decide hacer un viaje al interior a presentar la obra El Presidente Idiota, después de 15 años de su estreno. La primera vez que se expuso al público fue una temporada breve y accidentada, que culminó con Henry, el líder de la compañía, recluido por “incitación al terrorismo”, y debió pasar varios meses en una cárcel tétrica que tuvo un final dantesco, cuando se incendió poco después causando la muerte de numerosos reclusos, los olvidados de la sociedad. Entre ellos se hallaba Rogelio, compañero de celda de Henry y su gran amigo.
Los otros miembros de Diciembre eran Patalarga, siempre fiel desde la presentación original de la obra, y Nelson, un joven actor con ambiciones, que soñaba como tantos con partir a Estados Unidos, la nación de las oportunidades. No pudo concretar ese sueño por la muerte prematura de su padre, para no dejar sola a su madre. Aún así esta gira sirvió como ensayo de una despedida familiar, aunque también en el camino dejó a su amada y amante Ixta (quien convivía con Mindo).
La gira teatral tuvo bemoles, pero fue en general exitosa. En cada pueblo, con mucho público o prácticamente en la soledad, la compañía recibía aplausos y atención, los espectadores se involucraban y disfrutaban. Esto salvaba en parte las enormes dificultades del traslado, las comidas, las incomodidades y la pobreza general del proyecto. A ello se sumaban ciertas condiciones psicológicas de los actores, marcados por la sensación, y a veces incluso por la certidumbre, del fracaso de sus vidas.
Un momento culminante ocurre en un pueblo que se denomina simplemente T, donde reviven los recuerdos y estalla la desgracia, cuando Henry visita a la familia de Rogelio y les cuenta sobre su muerte, que ellos desconocían. Ahí emerge Jaime, el hermano mayor de Rogelio, hombre vinculado al tráfico de drogas, quien obliga a quedarse a Nelson para que se haga pasar por su hermano muerto, para no afectar a su madre, vieja y enferma que termina creyendo la simulación. El joven actor tiene un gran éxito en su primera actuación en la vida real.
“Tus malas decisiones se te aferran sin alivio”, había dicho Henry muy al comienzo de la travesía, y se convierte en realidad en un anuncio profético de los males que comenzarían a repetirse con el paso de las semanas. Varias veces, casi sin interrupción, los amigos y actores se verían envueltos en problemas crecientes que serían incluso sellados con dramas pasionales, problemas insolubles e incluso la muerte.
Ese será el eje que marcará un final tan imprevisible como duro y ambiguo, que se va desentrañando a través de una investigación periodística que consulta a cada uno de los actores de esta historia de amor, dolor y teatro social.