Opinión

La obra escocesa

TRIBUNA

Luis Asua Brunt | Domingo 21 de septiembre de 2014
Tras el referéndum hay muchas cosas sobre las que reflexionar. Apunto algunas: el voto mayoritario al “sí” en Glasgow. El que la ciudad étnicamente más diversa, o menos escocesa, vote como lo ha hecho implica, en mi opinión, que además del voto identitario se une un voto muy coyuntural, producto de la crisis y del desencanto. Habría que preguntarse si para una decisión de la enormidad que se proponía: cambiar el mapa, cambiar la historia, debería plantearse en un momento más neutral, y desde luego no en medio de una crisis tremenda.

Otra cuestión importante es la normalidad con la que se ha celebrado el referéndum. Un triunfo de la democracia británica, como ha manifestado el Alcalde de Londres. Este referéndum es legal en la no-constitución británica. Alguien tampoco proclive a estas cosas como la Sra. Thatcher ya reconoce este derecho en su obra. Margaret Thatcher, Los años en Downing Street., Pág. 624:
Escocia es una nación histórica con un pasado orgulloso…Como nación tienen derecho a la autodeterminación, y hasta ahora han ejercido este derecho incorporándose y manteniéndose en la Unión. Si alguna vez deciden independizarse, ningún político, ni ningún partido inglés se opondrá por mucho que lamentemos su partida.
Los tories de hoy tienen poco que vanagloriarse de esta campaña. Arrancaron la campaña con veinte puntos de ventaja, y su desidia o incompetencia les llevó a perder la mitad de la ventaja. Además el planteamiento del referéndum fue sencillamente un disparate. La pregunta era clara, pero daba ventajas. Los unionistas tenían que hacer campaña por un No. Es más fácil articular un discurso hacia el sí, hacia lo positivo, hacia la unión en este caso que lo contrario. Y dar el voto desde los dieciséis años ha sido ciertamente una extravagancia.

Pero los políticos británicos funcionan, y el partido laborista ha dado una lección de patriotismo indudable. Les recuerdo que es el partido de la oposición en el Reino Unido pero se han empleado a fondo, particularmente el derrotado en las pasadas elecciones generales (no por mucho) ex premier Gordon Brown. Su último discurso, la víspera de la votación -fácilmente localizable en la web-, es una obra maestra de quizás el mejor político en campaña que existe en estos momentos. Este éxito laborista puede convertir a Cameron en un primer ministro excepcionalmente efímero.

Habría que preguntarse qué es lo que está pasando, para entender en qué nos afecta. Creo que estamos en un momento de transición hacia la consolidación de estructuras políticas más grandes. El estado-nación, los países como los entendemos, son incapaces de resolver muchos de nuestros problemas. Casi todos los países tienen sus problemas más acuciantes con carácter crónico; los nuestros, los de España son fáciles de identificar: el paro, la calidad de la educación, los problemas territoriales, la corrupción. Estos problemas llevan más de treinta años en la primera página de la agenda política y es natural que produzca una gran frustración, y que una de las soluciones sea hacerse más pequeño y manejable. Aunque, mi apuesta es por más integración, más federalización hacia Europa.

Y finalmente, la última reflexión en coherencia con el título de esta artículo, pues quienes son aficionados al teatro apreciarán el doble sentido. Hemos rozado la tragedia. En los estudios de nacionalismo, se considera que las naciones nacen en oleadas: 1815, 1830, 1848, 1918, post 1945, 1990. Un triunfo del sí, habría desatado la oleada del 2014. Toquemos madera y que lo ocurrido en Escocia no dé alas o gasolina a todos los movimientos que están latentes. Y si la cosa se pone grave, o estupenda como diría Valle, pues aclaremos entre todos las reglas del juego, lo cual es relativamente sencillo. Y que la gente vote, y sea algo excepcional, pero sin trampas, ni condicionantes coyunturales, y de forma suficiente; con igualdad de armas en el debate, y asumiendo plenamente que se está votando para cambiar la historia, o perdiendo unos años claves para integrarse en lo que necesariamente va a ser el futuro: una gran Europa unida que pueda solucionar los problemas de todos.