Especial Liga

El juego aéreo no evita el resbalón del Atlético ante un trabajado Celta

JORNADA 4: ATLÉTICO 2 CELTA 2

Diego García. Estadio Vicente Calderón | Domingo 21 de septiembre de 2014
Los rojiblancos remontaron el tanto inicial de Hernández con un vendaval de intensidad y juego aéreo pero el penalti de Nolito cerró el primer pinchazo colchonero en el Calderón de un Atlético sin efectividad. Por Diego García

Anochecer obrero en la Ribera del Manzanares. El Atlético de Madrid, rociado con la presión y motivación que otorga en proporciones simétricas la defensa del título doméstico por excelencia del balompié español, disfrutaba este sábado de lo venenoso del estatus de favorito en esta guerra de guerrillas, con resbalones dispuestos a saludar en cada esquina del desproporcionado calendario, que representa la Liga BBVA. Ante sí, el proyecto de bloque rocoso que arribó de Vigo con la intención desde el banquillo de presentar candidatura a competitividad en el Calderón. Jornada para remangarse y no titubear.

Diego Pablo Simeone entendió que, en la ruleta de rotaciones obligada por exigencias del guión a largo plazo y con conclusión en mayo, debía implementar ante el Celta una de sus versiones más ofensivas que presenta el libreto enriquecido tras el efervescente mercado estival. De este modo, el “Cholo”, que todavía paga la censura y vió el duelo en la grada, sentó a Raúl García para entregar a la creatividad y el desborde su flanco atacante. Griezmann en banda, Arda donde gustara y Raúl Jiménez conformarían una punta no exenta de trabajo. Koke volvería al rol de interior lanzador n al medular y Tiago y Gabi guardaría la espalda a una zaga inamovible en sus nombres salvo por la inclusión de Ansaldi por Siqueria, un movimiento destinado a amarrar la velocidad de transición celtiña. Intensidad, verticalidad en la asociación y balón parado en la esperada vuelta de tuerca de la hoja de ruta colchonera.

Eduardo Berizzo, que confesó en la previa profesar admiración hacia su homólogo en el banquillo de enfrente en esta tarde de pizarra, presentó en el coliseo rojiblanco la intención de de aguantar las oleadas de empuje local con orden y salida bajo el fijado de centrales Larrivey. Orellana buscaría la espalda en las subidas de los laterales colchoneros y Alex López y Krohn Dehli moverían el ritmo de juego necesario para que sus compañeros crecieran con aire en los pulmones a la espera de asestar un punto de inflexión áspero con Nolito y Charles en el segundo acto de tumba abierta en busca de puntos.

Así pues, con el Atlético en el rol de dominador de la posesión y el tempo de juego sobre el papel arrancó el choque bajo la mirada de una respetable entrada en la tribuna del Calderón. Un robo ardoroso de Gabi en la salida de pelota visitante, en el segundo minuto de partido, ocasionó la primera llegada con centro del organizador y remate desviado del punta mexicano. Un aviso del guión de Simeone al que el Celta debía tratar de argumentar anestesia. Una nueva pérdida por las ayudas en la medular colchonera, en este caso de Orellana, gestó la transición lanzada por Tiago y Koke que culminó Jiménez con un lanzamiento elevado desde la frontal. El arranque de juego mostraba un bloque visitante tembloroso con la posesión y el Atlético en su atmósfera preferida: la agresividad y salida sin pretensión en el manejo del balón.

Atravesado ya el primer cuarto de hora, cayó el ritmo y el envite se enfango en un continuo rechistar de balones largos con ocasionales combinaciones para tomar impulso. Arda sacó de la chistera un movimiento con giro que abrió el espacio a la entrada de Juanfran, cuyo centro fue rematado desviado por muy poco por Tiago. Los acercamientos mantenían su inercia rojiblanca ante un proyecto de ganar cada minuto con cero a cero en pos de avistar el horizonte por parte de los pupilos de Berizzo. Si bien no perjudicaba a nadie el descenso en la velocidad combinativa, el Atlético empezaba a subir la línea de presión para comenzar el derribo por aplastamiento.

Fue entonces cuando llegó el chispazo de improvisación que no detectó el radar programático colchonero. Un centro con parábola eterna desde el centro del campo en el carril izquierdo gallego fue cazado de tacón aéreo y en escorzo por Hernández, que coló su incierto remate en la red de Moya por inesperado. Corría el minuto 19 de partido y el Celta se adelantaba para reforzar su plan de anestesia en el primer acto a través de una posesión que iba ganando enteros en el ecuador del primer acto. Griezmann remató cerca del larguero en la jugada posterior de reacción colchonera pero en equipo vigués marcaba la pauta en este intervalo.

El propio Antoine remató a las manos de Sergio un centro de Juanfran en el 23 subrayando el irreductible carácter ganador de la filosofía Simeone. Tocaba manejar y gestionar lo imprevisto y la presión no terminaba de cortar el flujo asociativo de Krohn Dheli y Álex López. La zaga colchonera achicaba balones ante el crecimiento entre líneas celtiña. La superioridad numérica generada por la superpoblación del centro del campo visitante convertía en fútil la presión de un Atlético relegado al repliegue en su campo. Los olés de los parroquianos vigueses deslazados resonaban entre tímidos silbidos del respetable local.




Griezmann y Arda despertaron el ardor colchonero con combinaciones desequilibrantes que culminaron con un mano a mano de Ansalti errado ante la salida de Sergio. El Atlético volvía a lanzar centros desde ambos costados y el sistema defensivo gallego empezaba a ofrecer fisuras. No en vano, un mal intento de fuera de juego en una falta lateral botada por Koke propició el empate tras el remate a placer de Miranda, solo, en el área pequeña. Se reiniciaba el partido a falta de 10 minutos para el descanso y con el escenario, en este punto, incierto para los visitantes. Sin posesión de calidad ni juego, el Atlético arrancaba las tablas y superaba un periodo de dudas ante la posesión del Celta. Si el bloque vigués no calmaba el ritmo y cortaba su pretensión de hacer daño a la contra, el fragor local podría romper el choque.

Pero las imprecisiones castigaban los intereses de Berizzo. Otro error de entrega de Krohn Dehli proporcionaba la energía al participativo Griezmann para lanzar una contra que, en primera instancia ocasionó la amartilla a Cabral en el 35, y, en segundo término, mantuvo las inercias de unos y otros con sus desmarques al espacio de la adelantada y lenta zaga celtiña. El Atlético castigaba las pérdidas con puntiagudas contras y el equipo gallego buscaba ya llegar vivo al descanso. Pero la fortaleza del balón parado colchonero es insondable y, en el 40, Godín hacía saltar por los aires el decrépito fuelle del Celta con un testarazo cruzado tras córner lanzado por Gabi. El bloque local había subido su nivel colectivo e individual en pleno despliegue de reacción tras el gol y el partido llegaba decantado al entretiempo con justicia. El diseño de partido de Berizzo funcionó hasta que el Atlético aceleró su ambición. El técnico argentino debía reorganizar su plan para resistir y jugársela en el tramo final apuntalando la ruptura de líneas que generó la facilidad colchonera para lanzar contraataques o apostar por la posesión dando entrada a la calidad que le quedaba en el banco.

No movió ficha Simeone en el arranque de segundo acto –se cumplía el guión de dominio líquido- pero sí dio entrada en el ajedrez Berizzo a Nolito por Álex López. Mayor desborde y velocidad en las transiciones para un Celta que seguía manteniendo la idea de juego con la que llegó 2-1 al último periodo. Moya atajó la primera transición frenética lanzada por Nolito en el 46 tras la incorporación y chut centrado de Hugo Mallo. El Celta buscaba el dominio de la pelota y en el tramo inicial de la reanudación no encontraba oposición.


Fruto de la posesión con combinaciones de calidad en la apuesta por las bandas llegó el penalti de Juanfran a Hernández, que ejecutó un control brillante para forzar el derribo. Nolito ajustó al poste engañando a Moya para recuperar el empate en el marcador en el 52 de juego. El movimiento de Berizzo otorgaba buena cosecha casi al instante. El Atlético debía reengancharse para no resbalar con el desequilibrio implementando por el bloque visitante. Las lagunas de intensidad daban alas al Celta en las transiciones ofensivas en estos primeros 10 minutos de dominio visitante.

Tan solo el balón parado acercaba al combinado rojiblanco hacia la meta de Sergio. Un gol anulado por justo fuera de juego a Jiménez en otra falta frontal lanzada por Gabi resumía el balance ofensivo colchonero hasta el minuto 60, si bien el Celta había desdibujado su filosofía de asociación y el equipo local empezaba a subir los decibelios en la presión. Griezmann probó suerte desde media distancia a las manos de Sergio en el 61 y se abrió otro escenario anímico en el Calderón.

Rebasado el ecuador del segundo acto, el Celta buscaba aire lanzando balones a Larrivey y Orellana en largo ante la presión aérea de centros de Juanfran y Ansaldi del Atlético. Simeone dio entrada en el 66 a Raúl García -incrustado en la labor de bajar balones- para ahondar en el estilo de potencia –sacrificando el toque- y sacando del partido a Griezmann en la primera pitada a Simeone de la temporada, participado pero no tan trascendente como se le demanda desde la tribuna. Las maraña de interrupciones y faltas en la medular favorecía el plan vigués. Tan solo un chut alejado de Raúl García sin consecuencias concretaba el dominio local en este intervalo de juego. Berizzo sacó a Hernández para incluir en su esquema el equilibrio de Borja Fernández. Larrivey cerró de tímido cabezazo el impás en torno al 70 de partido. El Atlético se tomó un respiro en e esfuerzo y el Celta ganaba en tranquilidad combinativa.

Tuvo el desequilibrio Raúl Jimenez en su remate desde el área pequeña tras un balón suelto producto de la porfía de por arriba Raúl García. Sergio tapó el remate del mexicano en el 76 pero se desató la tormenta de balones aéreos a través de saques de esquina desde los dos flancos. El duelo quedaba fijado entonces en el dominio presionante del Atlético, que no enlazaba combinaciones fluidas, y la paciencia en repliegue del Celta que confiaba a Nolito y Orellana el respiro necesario.

Se sobrevino entonces el minuto 80, la recta final de partido con sonora pitada a Raúl Jimenez y entrada y debut de Alessio Cerci, el desatascador designado por el “Cholo” en este partido. El italiano, pegado a la banda derecha, su posición fetiche, abriría el campo para romper cinturas, trazas diagonales o abrir la zaga celtiña entre líneas. Berizzo diagnosticaba seguridad en su bloque y se guardaba el último cambio ante cualquier imprevisto y el Atlético se veía anestesiado ante la colocación del sistema gallego. El equipo capitalino no encontraba el hueco en su ofensiva de lanzamientos largos a Raúl García desde su propio campo. Los lances divididos no favorecían a los pupilos del “Mono” Burgos y el tiempo para evitar el pinchazo se consumía. En el 86, Berizzo apuntaló su defensa con una quinta pieza, Jonny, por un agotado Krohn Dehli.

Completó Godín otro arreón por arriba y a balón parado colchonero con un testarazo desviado tras varias paradas y despejes de Sergio en el 89. El Atlético se desfiguraba en tromba al ataque en el descuento ante un Celta incapaz ya de retener la pelota. Cuando Raúl García hizo estallar el Calderón tras recoger un cabezazo de Godín, recortar y batir a Sergio, el linier tenía levantado el banderín. El gol anulado cerró un partido de tinte épico, con dos equipos llevados a su extremo físico, pero sin claridad ofensiva. El empate cierra el primer traspié del Atlético en casa en la defensa del título y otorga al Berizzo el resultado soñado y trabajado en un volcánico duelo. La ausencia de un dueño de la pelota regular condujo a la incertidumbre el choque. Una incertidumbre que, en esta ocasión, no benefició al Atlético. El balón parado (cinco de seis goles en esta disciplina) no dio para cosechar tres puntos.