Luis María Anson escribe sobre el desafío de Artur Mas y la reacción de la fiscalía del Estado: “El presidente de la Generalidad puede rozar varios delitos, incluso el de sedición. El horizonte entre rejas quedaría abierto para el político mediocre que lleva siempre a cuestas su sonrisa desdeñosa y suficiente. Bien está que, desde la fiscalía, se anticipe lo que le puede ocurrir, al margen de la publicación del dossier sobre contratos y mordidas que es la espada de Damocles que se bambolea sobre la cabeza de Arturo Mas”.
Continúa el académico: “Sería un error, sin embargo, que se llegara a situaciones extremas con explosión y de mártires y manifestaciones callejeras de inevitables secuelas violentas. No. De lo que se trata es de negociar hasta la extenuación”.
El editorial de La Razón, sobre terrorismo y cine: “‘Lasa y Zabala’ ha recibido ayudas del Gobierno vasco, de la televisión pública ETB y de la Diputación de Guipúzcoa –concedida sin concurso y en contra de los auditores forales-, administración gobernada por Bildu, partido heredero de los postulados de Eta, por lo que es inevitable pensar en el uso que esta formación hará de esta película para la construcción de su propia memoria histórica”.
El diario hace una retrospectiva sobre Eta en el cine, y cree que el tema no se ha tratado como debería: “Eta ha dado de sí una veintena de películas desde ‘Comando Txikia’, la primera, en 1977, y puede decirse que, en su mayoría, o son ejercicios propagandísticos bajo el prisma ‘objetivo’ de la equidistancia, o son deudoras de esa fascinación que la violencia política ejerce sobre determinados creadores, incluso en aquellos claramente contrarios a ella, o bien plantean los problemas íntimos de la reinserción de los terroristas cuando vuelven al pueblo”.
En El País, el editorial defiende la reforma constitucional que propone Sánchez: “Lo que se necesita es ampliar el debate, no pretender cercenarlo de raíz. Sería una simpleza vincular la reforma constitucional exclusivamente al encaje institucional de Cataluña en el conjunto de España, porque no menos necesaria resulta una definición precisa del grado de competencias que corresponden al Gobierno y a las diferentes comunidades autónomas, además de convertir el Senado en una institución útil”.
En este diario, Ignacio Camacho, escribe de política y melones por abrir, a cuenta de la propuesta de reforma de la Constitución de Sánchez: “De todos los melones políticos el más difícil de tantear es el de la reforma constitucional, y justo ése es el que Pedro Sánchez ha propuesto servir en la mesa de su programa regeneracionista. Un proceso incierto, aunque tal vez necesario, en el que casi siempre se entra sin saber cómo se sale”.
Prosigue el columnista: “Enfrente, como socio necesario y oponente a la vez, tiene Sánchez a un Rajoy aficionado a dejar que los melones se pudran sin comérselos, y alrededor una pléyade de golosos dispuestos a repartirse tajadas indiscriminadas: nacionalistas, soberanistas, izquierdistas radicales y hasta rupturistas del sistema”.