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Vuelve Nicolas Sarkozy, vuelve 'Le petit Napoléon'

FRANCIA

Borja M. Herraiz | Miércoles 24 de septiembre de 2014
El expresidente galo regresa "por obligación". Por Borja M. Herraiz

El escenario le era propicio. Un rival en las horas más bajas de la República, una economía inflada y con serios síntomas de quiebra técnica y el país entero deslizándose peligrosamente hacia los cantos de sirena del populismo radical de la ultraderecha. Con esto en cuenta, no es de extrañar que un estratega como él haya decidido anunciar su regreso a la política a sus 59 años.

Nicolas Sarkozy, ex presidente francés entre 2007 y 2012, ha vuelto para salvar a Francia "por obligación" y para "unir" a sus compatriotas, a pesar de haber prometido retirarse de la vida pública tras su sonada derrota hace dos años.

El pasado día 19, 'Le petit Napoleon', como se le ha llegado a conocer, anunciaba en su perfil de Facebook que, después de reflexionar mucho, se veía en el deber moral de regresar a la arena del ruedo político para optar a la Presidencia de su partido, la Unión por un Movimiento Popular (UMP), donde cuenta con una aceptación que ronda el 70 por ciento, y, de paso, acelerar la carrera electoral a El Elíseo que desembocará en unos comicios generales en 2017.

"Quiero demasiado a Francia; estoy demasiado apasionado por el debate público y por el futuro de mis compatriotas como para verlos condenados a elegir entre el espectáculo desesperante del presente y la perspectiva de un aislamiento sin salida", escribía en su perfil de la popular red social. Todo un canto al patriotismo y a la esperanza.

Francia, en crisis; la UMP, también
La noticia saltaba pocas horas antes de que se conociera que la presión de la Justicia sobre Sarko se aliviaba un poco al saberse que los tribunales suspendían temporalmente las investigaciones sobre las presuntas escuchas ilegales a las que se le vinculó a la espera de que se resuelva el recurso de nulidad presentada por el expresidente. Esta misma semana, diversos medios franceses relacionaban esta suspensión con el anuncio de su regreso a la política y le veían una clara intencionalidad: volver a ser beneficiario, en calidad de jefe de Gobierno, de inmunidad judicial.

Precisamente el hecho de que la Justicia haya suspendido su caso le ha servido al ex presidente, que cuenta con varias causas más abiertas, algunas relacionadas con una presunta financiación ilegal de su partido por parte del difunto Muamar Gadafi, para utilizar la corrupción como arma arrojadiza a sus rivales políticos dentro de la UMP. A Alain Juppé le echó en cara que fuera condenado por malversación de fondos públicos hace unos meses, mientras que a François Fillon le recordó su falta de carisma, algo de lo que él siempre se ha sentido muy orgulloso.

Que Sarkozy anunciara su retorno a la política no ha sorprendido a muchos, y que lo hiciera precisamente en este momento a menos aún. El presidente de la República, François Hollande ha logrado crear un inédito sentimiento de animadversión generalizado entre los franceses hacia su figura, hasta el punto de contar con el índice más bajo de popularidad en toda la historia de la República gala: apenas un 13 por ciento de aceptación, cuatro puntos menos que en agosto, frente al 37 por ciento de su predecesor.

La caída en desgracia de Hollande ha revalorizado, de paso, la figura del primer ministro Manuel Valls, si bien él tampoco se ha librado de la progresiva debacle del Partido Socialista, al que los franceses culpan de la preocupante situación de las cuentas nacionales. La economía gala se encuentra en plena crisis, como un sistema financiero desvirtuado, con preocupantes síntomas de quiebra y con una nueva prórroga del cumplimiento del déficit comunitario. De hecho, muchos socialistas consideran que la insistencia de Hollande por aferrarse al cargo a pesar de todo está hipotecando las opciones del partido en las próximas elecciones.

Sin embargo, la oposición conservadora, a la que ahora regresa Sarkozy, tampoco está para tirar cohetes. La UMP, a la que el expresidente pretende cambiar el nombre de llegar al poder el próximo 29 de noviembre, se ha visto salpicada en los últimos tiempos con numerosos escándalos de corrupción, las guerras internas afloran cada semana y las cuentas del partido arrojan unos números rojos delirantes.

'Sarko' vs. 'La terrible'
De este modo, si alguien se ha beneficiado de esta especie de purgatorio por el que atraviesan los dos grandes partidos es Marine Le Pen, la cabeza visible de la extremaderecha gala. La líder del Frente Nacional, al que los sondeos sitúan como fuerza más votada de celebrarse unos comicios a día de hoy, se alegraba irónicamente del regreso de Sarkozy, pues, a su juicio, el expresidente es un gran valor para su propia formación. El conservador no tardó en responderle señalando que los buenos pronósticos con los que cuenta el FN se deben única y exclusivamente a “la desesperanza, la cólera y la ausencia de perspectivas” de los franceses.

Los sondeos otorgan un respaldo del 25 por ciento a Sarkozy en una hipotética primera vuelta electoral, sólo superado por Le Pen (30 por ciento) y por delante de su rival en la UMP Juppé (24 por ciento). Sin embargo, el ex presidente francés se auparía victorioso en una segunda vuelta que le enfrentara a la líder del FN. Es ahí donde residen las grandes esperanzas del parisino, que también buscará apuntalar su influencia en la Asamblea Nacional forzando una gran coalición de centro-derecha junto a la Unión de Demócratas e Independientes (UDI).

Pero, hasta que las urnas dicten sentencia, a Sarkozy le quedan por delante 32 meses de camino tortuoso y traicionero. Primero deberá hacerse con las riendas de una UMP a la deriva, pacificar el partido, reforzarlo con alianzas nada seguras y, una vez hecho todo eso, recuperar la confianza de los franceses, la mayoría de los cuales opina que regresa a la política sólo por revancha, y plantar cara en las generales de 2017. Casi nada para el astuto y vivo estratega francés.