Opinión

¿Qué hará la Unión Europea contra Mas?

PASO CAMBIADO

José Antonio Sentís | Miércoles 24 de septiembre de 2014
En su momento, fue común escuchar que la Unión Europea supondría para España la dilución de los nacionalismos. Puesto que se abordaba una empresa superior, los particularismos dejarían de tener sentido. Si España cedía soberanía, mucho más la perderían sus partes.

Pues bien, ha pasado todo lo contrario. Con la pérdida de soberanía de los Estados europeos, también se ha perdido el respeto hacia su autoridad interior. Podría no haber pasado así, de conseguirse una institucionalidad europea fuerte, pero ésta no se ha logrado.

Los organismos europeos parecen una mezcla de la madrastra de Blancanieves y una comisión de la ONU sobre cambio climático. Es decir, o riñen una barbaridad o se quedan perplejos y dubitativos.

Cuando echan la bronca a los Estados miembros, y a vece les toca a unos y otras a otros, son las autoridades de esos Estados las que pierden crédito exterior y, sobre todo, interior. Y cuando la UE se comporta como Salomón y apela a eso de los asuntos internos cuando se percibe un conflicto, alienta ese conflicto.

En España, desde la entrada en la Unión Europea, el fenómeno nacionalista se ha agudizado. Y cuando se les dice a las autoridades catalanas que la independencia dejaría a Cataluña fuera de la UE, simplemente no se cree a estos portavoces europeos, por sus excesos pasado en su retórica, y por la dispersión de mensajes. El más demoledor de los cuales, como se ha comentado, es la apelación a la neutralidad y a la no injerencia en los “asuntos internos”.

Lo que más moral da a los independentistas es que exista una duda, aunque sea remota, de la futura actitud de la Unión Europea sobre su composición. Lo creen muchos escoceses, y no menos catalanes. Piensan que después de una pequeña travesía del desierto, la UE se rendiría a su interés y no dejaría fuera a estas regiones. Y lo peor es que nadie tiene una respuesta para esto, aunque formalmente lo hayan dicho los portavoces europeos.

Como los casos escocés y catalán no son únicos en Europa, porque los hay en otros países en su oeste y, sobre todo, en el este, la Unión deberá empezar a pensar que el modelo elegido de asociación de estados sólo tiene sentido si estos estados permanecen, no si se disuelven. Y difícilmente permanecerán si las instituciones estatales reciben el respaldo permanente de la UE, y no una colleja cada mañana de un comisario o de un gobernador bancario. Porque para inventar otra vez el feudalismo no hacía falta la UE.

Los gobiernos de los Estados europeos empiezan a percibirse como débiles, porque no pueden controlar lo importante. La economía, sin ir más lejos. Y por pura ley de la física, ese espacio vacío de crédito tiende a ser rellenado por otros, en este caso las regiones.

La respuesta al nacionalismo independentista, por eso, no puede ser solo con la ley interior de cada país. También hace falta que la misma Europa que exige la cesión de soberanía, de un plus de autoridad a las instituciones estatales. Y hay muchas vías para ello, desde morales a ejecutivas. Porque la UE legisla una barbaridad, y manda otro tanto. Hasta el punto de intervenir a un Estado miembro. No tiene sentido que este mismo Estado no pueda a su vez intervenir a una de sus partes, con pleno respaldo de la UE.

Ahora, en España, Mas está calculando como puede hacer más daño a España en menos tiempo. Asunto interno, parece. Pero es un asunto muy europeo, pues si fracasan sus Estados miembros, su Unión pierde absolutamente el sentido. Y ya están tardando para explicar muy claramente cuantas medidas y por qué orden, se aplicarían en Europa contra Mas y los suyos, contra Junqueras y aliados, en caso de que progrese en su intento de golpe de Estado en España.