Opinión

La victoria de la unidad en Reino Unido

TRIBUNA

Cristina Hermida | Miércoles 24 de septiembre de 2014

Todos los que creemos que la unión hace la fuerza nos hemos quedado más que satisfechos con el resultado que ha obtenido el referéndum en Escocia el pasado 18 de septiembre. Aunque las encuestas daban en los últimos sondeos por vencedor a los separatistas, al final, el resultado se decantó por el no y, gracias a ello, la familia de Reino Unido continuará –esperemos que por muchos años- en unión y fraternidad. Pero más importante que esto es que seguirá vinculada por lazos de solidaridad con todas las regiones, incluida Escocia.

La secesión no sólo hubiese traído consigo un corte territorial sino además un corte económico, social, cultural, afectivo y hasta emocional. La ruptura hubiese supuesto una ruptura de equilibrio que pasaría factura a Reino Unido y al resto de Europa, tal y como se vio con la caída de las Bolsas y de la libra esterlina y las amenazas de deslocalización de notables empresas y bancos. Por no hablar de lo que la secesión hubiese supuesto en el ámbito jurídico al provocar una situación de incertidumbre e inseguridad jurídica de tal magnitud que, en mi opinión, sólo habría podido solucionar la adopción de una actitud necesariamente flexible ante los Tratados, y tras la salida de la UE el inicio de un complicado proceso de adhesión ajustado a los procedimientos (artículo 49 del Tratado de Lisboa), o mediante la vía de la reforma de los Tratados (a través del artículo 48, que requiere solo mayoría simple).

Si somos consecuentes con lo que decíamos antes del resultado del referéndum cuando los titulares de los periódicos indicaban que la decisión marcaría el futuro modelo de Europa por poder condicionar futuras reivindicaciones soberanistas, ahora deberíamos entonces confiar en que un cierto pesimismo ha de inundar cualquier intento independentista en el ámbito de la Unión Europea. No deja de crear cierta desazón que sean más de doce las regiones que pretenden convertirse en Estados rompiendo con ello esa idea de Estado nación fuerte que es lo que en realidad inspira al funcionamiento interno y externo de la Unión Europea. Las tensiones secesionistas no sólo se viven en Reino Unido y España sino también, entre otros países, en Bélgica, Italia, Chipre, Rumanía y Eslovaquia.

También para Estados Unidos la ruptura de Reino Unido hubiese supuesto una dolorosa y profunda fractura posiblemente irreversible. Es curioso que el mensaje que dio Obama antes del referéndum escocés resultó ser muy similar al de la Administración Clinton en octubre de 1995, momento en el que Canadá vivía una situación parecida cuando la provincia francófona de Quebec debía votar también en un referéndum de secesión. El no ganó entonces por menos de un 2% de votos. Y es que no solo el no a la independencia de Escocia ha terminado siendo un alivio para el pueblo europeo sino también para el norteamericano, ya que a Estados Unidos le inquietaba que la victoria del sí pudiera desencadenar la salida de Reino Unido de la Unión Europea, lo que a su vez hubiese supuesto para Norteamérica la pérdida de fuerza en Europa a través de un socio muy apreciado y valorado.

Cameron debe respirar tranquilo ahora al saber que no va a tener que ser víctima de sus propios errores políticos, cometidos desde el mismo comienzo a la hora de decidir la consulta. Todos nos seguimos cuestionando: ¿Por qué no condicionó la validez del referéndum, como hizo Blair en los acuerdos del Ulster, a una mayoría cualificada sustancial? ¿por qué rebajó la edad de voto de 18 a 16 años? ¿por qué cinco millones de escoceses debían decidir el futuro de 67 millones de británicos y de 500 millones de europeos?

Los escoceses rechazaron por un margen de diez puntos la secesión con una participación récord de casi el 85 %. Según el recuento oficial, un 55% de los residentes en esta región británica que ejercieron su derecho a voto marcaron con un "no" la papeleta en la que se preguntaba si Escocia debía ser un país independiente, mientras que casi un 45 % eligió el "sí".

Me parece, por ello, muy loable que el líder independentista Alex Salmond haya anunciado que dimitirá como líder delPartido Nacionalista Escocés (SNP) y como primer ministro del Gobierno autónomo. El líder independentista que gobierna en mayoría en Escocia desde 2011 ha expresado su firme deseo de abandonar el cargo en el congreso anual de su partido, que se celebrará del 13 al 15 de noviembre, momento en el que se elegirá a su sucesor o sucesora. El nombre que suena con más fuerza es el de su número dos en el partido y en el Gobierno, la viceministra principal Nicola Sturgeon, que estuvo involucrada de lleno en la campaña del referéndum y la expansión del SNP en el territorio escocés. Habrá que ver qué derroteros toma su partido, a partir de entonces, ante la derrota sufrida que ha dejado con la boca abierta a los que confiaban fielmente en las predicciones.

No adelantemos acontecimientos y disfrutemos por el momento de los ecos que dejaron las contundentes palabras en Escocia de Mick Jagger cuando dijo: .