Opinión

¡Abortunados los vivos!

TRIBUNA

Francisco Delgado-Iribarren | Miércoles 24 de septiembre de 2014

El Ficcionario (editorial Círculo Rojo, 2011) define al abortunado como el “feto que en el último instante se ha salvado del aborto”. Tengo noticias de que en la nueva actualización del Ficcionario que se prepara se añadirá una segunda acepción: “Ser humano concebido y sí nacido que se ha salvado de una amenaza de aborto”. Esta acepción es, evidentemente, más amplia que la primera, y entendida con laxitud podría considerarse que todos los nacidos somos abortunados.

Abortunado quien escribe este artículo y abortunado quien lo lee. Ambos hemos nacido. Abortunados los editores de este periódico digital. Abortunados los que no están de acuerdo con las ideas de este artículo y abortunados también los abortistas furibundos, hombres y mujeres, porque ellos vieron la luz del sol. Es lo que apreció Reagan con ojo clínico: todos los que están a favor del aborto ya han nacido. Ninguno de los que les apoya está por nacer. Abortunados los vivos.

Se calcula que la reforma concebida por Gallardón, bien aplicada, podía haber reducido en 60.000 al año los abortados en España y aumentado, en consecuencia, el número de abortunados en 60.000 individuos. Se entiende que estas 60.000 razones anuales no son suficientes para todos los que han celebrado la retirada, por parte de Mariano Rajoy, de la Ley del Concebido. ¿De qué se alegran, si está comprobado que las legislaciones permisivas aumentan el número de abortos? ¡Angelitos al cielo! Que clamaba la madre de Pascual Duarte para desesperación de este.

Gallardón no estaba solo. Quizá nunca a lo largo de su larga vida política había caminado más profundamente acompañado. Pero le ha faltado un apoyo fundamental, el del jefe, Mariano Rajoy, que primero le ha encargado una cosa y luego le ha hecho la cama. ¿Una trampa? Imposible no pensar en intereses políticos ulteriores, dado que el presidente del Ejecutivo ha demostrado mucha más resistencia para defender a José Ignacio Wert y su ley de educación, a Fernández Díaz, incluso a Ana Mato, la ex mujer del gürteliano Sepúlveda, sin que en este caso muchos entendamos por qué.

Gallardón, el único ministro no defendido por su presidente, era el único ministro con potencial de presidente del Gobierno. Ya no está. Ahora es difícil pensar que un futuro candidato a La Moncloa salga del actual plantel de ministros. ¿Soraya? Puede, pero ella no tiene bagaje político propio. Muchos votantes del PP sienten hoy un vacío porque ayer les arrebataron definitivamente dos activos: el programa electoral y a Gallardón. Muchos pensarán que 30 años dedicados a la política de primer nivel y al partido no merecían un final así, tan abrupto, tan absurdo.

El PP no se atreve a aplicar el programa electoral que se atrevió a escribir. Se ha acomodado a la mayoría acomodaticia. En cuestiones sociales: aborto, matrimonio homosexual, divorcio exprés, etcétera, no ha cambiado ni una tilde de lo que legisló Zapatero. Ahí están los votantes, para quien los quiera recoger. Vox, si lo hace bien, tiene un granero a las puertas. Ya no vale hablar de extrema derecha, cuando el PP aplica políticas de izquierda o de ultraizquierda. En un día hemos pasado de la posible ley Gallardón a la ley Zapatero, saltándonos la González. No nos engañemos: si el PP claudica es porque gran parte de su electorado ha claudicado antes. Pero hay otra parte que no y que no se resigna a ser de izquierdas. Mientras reflexionamos sobre ello, en España seguirán siendo abortados 300 seres humanos inocentes al día, casi 120.000 al año. La beata Teresa de Calcuta los reclamaba en la Tierra y seguramente los cuide mucho mejor que nosotros en el Cielo: “¡No los matéis, dádmelos a mí!”