Buena parte de las opiniones publicadas en relación con la renuncia de Alberto Ruiz-Gallardón aluden a lo inoportuno del momento, más allá de consideraciones acerca de si el ministro ha acertado o sido consecuente con su decisión. De ellas se deduce un Gobierno inoperante en el manejo de esta crisis una vez le quemaron en las manos los sondeos que desaconsejaban la reforma de la ley del aborto, conocidos largo tiempo antes de este desenlace, el mismo que el ya extitular de Justicia ha estado expuesto a presión mediática y ciudadana de partidarios y detractores.
Los acontecimientos posteriores resultan también desalentadores para Ruiz-Gallardón. Su respuesta a todo lo narrado, como ya es sabido, fue una estruendosa dimisión como ministro, como diputado y como alto integrante del Partido Popular. Pero un estruendo, a la postre, que calló pronto y del que ya apenas quedan temblores. Ni tres horas después de confirmar su marcha, el nombre de Rafael Catalá, su sucesor, estaba en las portadas. Ni 24 tras el 'canutazo' de Mariano Rajoy en el que informó de la retirada de la reforma, la detención del supuesto pederasta de Ciudad Lineal, con pomposa rueda de prensa de Jorge Fernández Díaz, Cristina Cifuentes y mandos policiales.
Un 'canutazo', es argot profesional, es una intervención no prevista, informal, comúnmente en un pasillo, en la que los periodistas preguntan al protagonista -en este caso- político por aquello más urgente. Rajoy es más dado a pasar de largo, bien lo saben los compañeros en el Congreso de los Diputados o el Senado, pero el martes, en el Foro Mundial de la Comunicación, se detuvo para dar comienzo a una atropellada sucesión de acontecimientos que ha acabado con Ruiz-Gallardón, sólo 48 horas más tarde, fuera de la política y también de las portadas.
Un "no ha pasado nada, sigan circulando", con el matiz de que ha pasado algo y muy relevante, pero la política y la actualidad, difícil concretar en qué orden, hacen efímeras las prioridades. Cataluña será la próxima, se vienen encima los días cruciales. Ruiz-Gallardón será espectador; Catalá, ministro y Rajoy seguirá en su tarea lenta pero firme, caiga quien caiga, de asegurar un segundo mandato pese a la tormenta que le acompaña desde que arrancó el primero, a la que ahora se suman no pocos de los suyos.