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¿Por qué Obama pasará a la historia justo como no quería?

ESTADOS UNIDOS

Borja M. Herraiz | Domingo 28 de septiembre de 2014
Una guerra en ciernes, promesas incumplidas y otras a medias. Por Borja M. Herraiz

Aún quedan algo más de dos años para que Barack Obama termine su segunda legislatura como inquilino de la Casa Blanca y, por tanto, su mandato presidencial.

Lejos queda aquella fría noche de noviembre de 2008 cuando un hombre de raza negra rompía con la tradición y con la historia y se hacía con el Despacho Oval. O cuando, ni un año después, le era otorgado el Premio Nobel de la Paz entre el asombro generalizado. Entonces, el famoso ‘Yes we can’, su lema de campaña, se había convertido en el mantra de toda una generación que respiraba optimismo y que creía en una nueva forma de hacer política, en un Estados Unidos más dialogante y tolerante dentro y fuera de sus fronteras que abanderara un mundo más pacífico después de la costosa y cruenta guerra contra el terrorismo puesta en marcha por George W. Bush.

Seis años después, el balance no ha seguido del todo el guión previsto y lo que todavía le queda a Obama por delante no parece que vaya a cumplir con las expectativas.

El presidente estadounidense aterrizó en la Casa Blanca con las promesas de acabar con las campañas militares en Afganistán e Iraq y cerrar la cárcel militar de Guantánamo. Ninguna de las tres las ha cumplido al cien por cien.

En el país asiático se mantienen 29.000 militares de EEUU como parte de una coalición internacional que vela por la frágil paz y estabilidad que impera en la región. Washington ha gastado decenas de miles de millones de dólares en arrinconar a los radicales islámicos y a los talibán y, si bien ambos han visto cómo sus fuerzas han mermado mucho, ninguno de los dos han sido erradicados del todo. Es más, los talibán se están haciendo poco a poco con las regiones rurales ambicionando recuperar el poder de Kabul.

En Iraq, si bien es cierto que Obama puso punto y final a la llamada Segunda Guerra del Golfo, la entrada en escena del ISIS, consecuencia directa de la inestabilidad post intervención occidental, ha provocado que Oriente Medio vuelva a ser escenario de operaciones militares ‘oficiales’. Por ahora, EEUU, apoyado por otra docena de países, entre ellos cinco musulmanes, se ha limitado a bombardear instalaciones y campos de entrenamiento. Sin embargo, son muchos los analistas, dentro incluso de su propio Ejército, que aseguran que sin intervención militar no se logrará acabar con el ISIS. Es decir, volver al avispero de donde se salió con el discurso 'victorioso' en agosto de 2010.

En cuanto a Guantánamo, doce años después de que llegara el primer prisionero fruto de la lucha contra el terrorismo global a sus instalaciones y seis después de que la actual Administración prometiera cerrarlas, Obama sigue teniendo este frente como una de sus grandes promesas por cumplir. En la actual agenda de la Casa Blanca no figura su clausura como un tema prioritario, a pesar del elevado coste de mantenimiento, unos 450 millones de dólares anuales, y, a juicio del general jefe del comando Sur de EEUU John F. Kelly, “falta mucho camino por recorrer hasta que se cierre” la base.

Siguiendo con la política externa, Obama afronta el final de su mandato viendo cómo Rusia ha irrumpido con fuerza en el escenario internacional y Vladimir Putin ha plantado cara a la hasta hegemonía de Estados Unidos. La guerra en el este de Ucrania, con la invasión y anexión de Crimea y la participación de facto del Kremlin en apoyo a las fuerzas prorrusas, ha evidenciado un reajuste del juego de poderes a nivel global. EEUU, hasta ahora líder incuestionable de Occidente y del mundo libre, ve cómo Rusia y China quieren también su parte del pastel. Algunos analistas incluso han visto en la política de Obama un giro buscado hacia el multilateralismo nada apreciado dentro de sus fronteras.

En Oriente Medio ha desplegado una diplomacia errática por momentos. Irán fue un objetivo durante mucho tiempo, aunque ahora parece, con Hasan Rohani en el poder, que las tensiones de la etapa de Ahmadineyad se han suavizado en parte, si bien no se ha logrado frenar su programa nuclear; Palestina sigue siendo un avispero en el que ningún presidente de Estados Unidos se atreve a meterse en profundidad si no es para respaldar a sus aliados israelíes y Siria ha pasado de ser, en cuestión de meses, de un régimen dictatorial a un potencial aliado en la lucha contra el ISIS.

En materia económica, si bien Estados Unidos ha sabido capear la crisis mejor que la Unión Europea, lo cierto es que Washington sigue constipado mientras Bruselas sufre la gripe. Todo, con China ganando terreno. Si bien es cierto que la tasa de desempleo es ahora (6,10 por ciento) un punto inferior al que se encontró Obama cuando llegó al poder, con un pico del 10 por ciento a finales de 2009, los seis años de mandato han estado plagados de altibajos y la deuda nacional se encuentra en sus índices más altos desde finales de la Segunda Guerra Mundial, y creciendo.

En cuanto a la política medioambiental, y a pesar de las decenas de alusiones a una reducción de los gases de efecto invernadero, Estados Unidos sigue siendo el país más contaminante del planeta y sigue sin adherirse al Protocolo de Kioto. En el horizonte, la Cumbre de Paris del año que viene, donde Obama tendrá su última oportunidad de "pasar a la historia o ser vilipendiado", como señaló el actor Leonardo DiCaprio esta semana ante los líderes de la Asamblea General de Naciones Unidas.

Respecto a la política interna, dos huesos han sido y serán los que tenga que roer Obama. Le costó incontables horas de negociación sacar adelante una versión reducida de su plan de salud, conocido como Obamacare, y dejará el poder sin haber cumplido su promesa de una cobertura sanitaria pública y universal para todos los estadounidenses.

El escándalo del espionaje masivo que destapó Edward Snowden y el uso masivo de drones como parte de la guerra sucia contra el yihadismo dejando tras de sí miles de civiles muertos también han manchado el expediente del presidente. Pero, su mayor asignatura de puertas para dentro será la conciliación nacional en cuanto al racismo y a la inmigración. Los sucesos de este verano en la localidad de Ferguson ponen de manifiesto la fractura social aún hoy existente en la sociedad de Estados Unidos entre blancos y negros.

Casi cualquier indicador refleja esta lacra, que en ocasiones deriva en brotes de violencia ciudadana, una rémora, como la de las muertes por uso de armas de fuego, con la que Obama prometió terminar cuando fue elegido cuadragésimo cuarto presidente. En este sentido, no ayudará sin duda la dimisión del fiscal general del Estado Eric Holder, el primero de raza negra en el cargo y una figura de cohesión.

De este modo, Obama, cuya intención era dejar la Casa Blanca como el icono del mundo libre y pacífico, cerrará su etapa con la guerra del terrorismo en auge, con numerosas promesas incumplidas y otras muchas a medio hacer. Lejos queda aquella fría noche de noviembre de 2008.