La exposición puede visitarse en la Sala Alcalá 31, en Madrid, hasta el 11 de enero.
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El rostro de las letras en la Sala Alcalá 31, en Madrid, despierta la nostalgia de una época sembrada de intelectuales, cuyas palabras y reflexiones han sentado un precedente en la literatura y pensamiento español difícil de igualar. A través de fotografías y documentos, la muestra repasa la historia del retrato fotográfico desde el Romanticismo hasta la Generación del 14.
La propuesta expositiva plantea una doble lectura pues no se trata solo de contemplar a los
retratados sino también de valorar el trabajo de los autores de tales instantáneas, entre ellos Marín, Alfonso, Miguel Cortés, Campúa o Gombau.
De cualquier forma, resulta difícil que el fotógrafo quite protagonismo al retratado cuando estamos hablando de figuras de tanta relevancia como
Baroja, Valle-Inclán, Emilia Pardo Bazán,
Azorín, Galdós,
Rubén Darío, Alejando Sawa, Unamuno y un largo etcétera que evidencia la prosperidad del intelecto español en aquellos años.
Son, precisamente, tres retratos de Baroja, Valle y
Azorín quienes dan comienzo a la exposición, que ha sido comisariada por Publio López Mondejar, cuyo trabajo merece un reconocimiento por su gusto, pues la selección de fotografías y documentos unida a la música de fondo proveniente del audovisual creado para esta ocasión, y que merece ser visto al completo, incluso dos veces, generan una atmósfera de culto a tantas mentes brillantes.
De la contemplación de los
daguerrotipos del Romanticismo que muestran a Ventura de la Vega, Pedro Antonio de Alarcón o
Mesonero Romanos se deduce en sus autores la huella del retrato pictórico como demuestra el hecho de que sean retratados de cuerpo entero y con objetos que los personalizan, así como por la presencia en el entorno de mobiliario o cortinajes como decorado.
Ese halo pictórico se difumina a principios del siglo XX. Un ejemplo de ello es el retrato de Marín a
Sawa junto a su mujer Jeanne Poirier y su hija Helena. El desdichado escritor, en quien dicen que
Valle se inspiró para escribir
Luces de Bohemia, aparece en su casa de Conde Duque rodeado de pilas de libros en una cotidianidad de la que se deduce una vida humilde.
De esa
humildad y austeridad que se desprende de la vida de Sawa dejan constancia más
fotografías que retratan a otros escritores contemporáneos, como el propio Valle, de quien se sabe que vivió en Madrid en la más absoluta miseria después de que su mujer lo abandonara.
Para comprobarlo basta con leer la anécdota de Ruiz Contreras en el artículo sobre su muerte en 1936 publicado en
Crónica, en donde relata que a su pregunta sobre con qué ropa se arropaba por las noches, Valle contestó “con la capa, telas antiguas, el traje y unos periódicos”, a lo que añadió
“el papel ya sabe usted que abriga mucho”.
Aunque el autor de
Ruedo ibérico tuvo una vida solitaria, Alfonso fue testigo de su vida familiar como demuestra un retrato expuesto en el que el escritor aparece con cuatro de sus hijos, en la que, como en el resto de fotografías del escritor gallego, cabe destacar la omnipresencia de
Los botines blancos de piqué, que solo el lector de la biografía escrita por Francisco Umbral entenderá de qué se trata.
No falta tampoco la icónica foto capturada por
Alfonso de Valle tumbado en la cama leyendo
El noticiero, como tampoco la que muestra a Benavente igualmente metido en el lecho con un libro entre manos.
El mismo fotógrafo es el autor de la instantánea que muestra a
Antonio Machado en el café de las Salesas, una imagen que inspiró a Francisco García Pavón para describir al poeta así: “Ahí está como un poema de sí mismo, tierno, humilde, cordial, silencioso, ausente de casi todo, con la rigurosa seguridad de lo que es la vida, de lo que es su obra, de lo será su muerte y su mortaja”.
Pero además de Alfonso, otros fotógrafos lograron capturar la esencia de aquellos intelectuales. Tal es el caso de
Vicente Moreno y sus dos instantáneas fechadas en 1930 de Baroja leyendo y de Unamuno de pie con un recorte de periódico.
Unamuno es otro de los pensadores que tienen más presencia en la exposición. De él también hay una fotografía leyendo en la cama en 1934 hecha por Ansede, y tampoco falta la famosa imagen que capturó el momento en el que el escritor vasco era increpado tras haber tenido un enfrentamiento con Millán-Astray.
No faltan retratos de
Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí,
Rosalía de Castro, Galdós,
Blasco Ibañez, Gregorio Marañón, Ortega y Gasset, Sorolla pintando a Benavente y Agustín Querol esculpiendo a Ramón y Cajal, como tampoco referencias a las tertulias del Café del Pombo, de Els Quatre Gats en Barcelona o de la Cacharrería del Ateneo.
Información sobre la exposición:
Lugar: Sala Comunidad de Madrid - Alcalá 31
Fechas: del 23 de septiembre al 11 de enero.
Horario: De martes a sábados de 11:00 a 20:30 horas / domingos y festivos de 11:00 a 14:00 horas.
Entrada: gratuita.