Román Cendoya | Lunes 19 de mayo de 2008
Cuando Rajoy, el nueve de marzo, perdió las elecciones podía gestionar la derrota bien o mal. Lamentablemente todo indica que ha optado por la segunda opción. Rajoy, en vez de sumar, resta. En vez de aunar, divide. Algo está fallando en Rajoy cuando ninguno de los que fueron sus compañeros de Gobierno, con gran peso e influencia en el Partido Popular, quieren hablar con él. Ni Rato, ni Mayor Oreja, ni Cascos. Algo falla en Rajoy cuando, después de la derrota anunció que convocaba un Congreso al que se iba a presentar, recibió el apoyo unánime de la Junta Directiva Nacional y hoy a muchos los tiene enfrente. Un mes después, Esperanza Aguirre no le apoya y María San Gil ha expresado, con su valentía y claridad, lo que muchos votantes, simpatizantes y militantes sienten. María ha perdido la confianza en Rajoy. María es la punta de un inmenso iceberg. ¿Cuántos votos le quedarán ahora a Rajoy?
Algo falla en Rajoy cuando los votantes echan de menos que se haga oposición. En lo poco que lleva la legislatura ya han ocurrido suficientes cosas como para que se notara la oposición de ese nuevo equipo potente, sólido y contundente. Algo falla cuando si están haciendo oposición no se ha enterado ni el gobierno. ¿O es que la nueva oposición es tan sólida como el concepto de España que tiene Lasalle? Algo falla en Rajoy, que por no estar en su sitio ni siquiera ha estado en el funeral de Estado celebrado en honor del Guardia Civil asesinado en Álava. ¿Acaso era más importante sacarse una fotografía junto al Alcalde de Madrid? ¿Qué se puede esperar de quien delega, hasta la ponencia política de su proyecto político, en asesores con una ideología con la que podrían estar en cualquier partido?
Algo falla en Rajoy cuando el Congreso que le tenía que otorgar la legitimidad está bajo sospecha por el fraude de los avales en blanco recogidos bajo coacción. Algo falla en Rajoy cuando para llegar al Congreso y cargarse de razones tiene que destruir a personas y modelos de España que se encontraban dentro del Partido Popular. Algo falla en Rajoy cuando todo aquél que no le otorga su adhesión inquebrantable forma parte de una conspiración.
Rajoy está rompiendo el partido. Por mantenerse en el puesto está dispuesto a liquidar principios y personas. Las antenas mediáticas del partido están dejando heridas de complicada cicatrización. Los cargos del partido suelen aguantar todo. Los votantes no. ¿Qué es eso de que Rajoy tiene enfrente a los “duros” del partido? Cada agresión y descalificación a las personas que se atreven a criticar y proponer alternativas dentro del legítimo debate precongresual es una muestra más de la debilidad de Rajoy. Cada día es más notorio que los que hablan con Rajoy van a ver qué nervioso y gastado está. Van pensando en situarse de cara al futuro. Le animan, pero según salen ponen la calculadora viendo hasta dónde aguantará. ¿A las elecciones vascas? ¿gallegas? ¿catalanas? Hace un mes pensaban que llegaba hasta el 2011. Ahora, no. Algo falla en Rajoy cuando cada vez son menos los que se acercan a verle.
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