Sociedad

Crónica religiosa: Dos hombres en el cielo: un beato y un misionero

Rafael Ortega | Domingo 28 de septiembre de 2014

Doscientas mil personas en Valdevebas y doscientas en el hospital de San Rafael. Las dos ceremonias en Madrid. La primera para beatificar a Álvaro del Portillo, sucesor de San Josémaría Escrivá al frente del Opus Dei, y la segunda en la capilla del hospital.

La primera oficiada, como es de rigor, por el Prefecto de la Congregación de los Santos, el cardenal Angelo Amato, acompañado por diez purpurados, entre ellos Rouco, casi doscientos obispos y centenares de sacerdotes. La segunda, el funeral del misionero Manuel García Viejo, fallecido por ébola el pasado jueves. Un funeral oficiado por el obispo José Luís Redrado con veinte religiosos de la orden de San Juan de Dios con la urna que contenía las cenizas del religioso, ante las que han depositado su hábito, un escapulario y las constituciones de la orden de San Juan de Dios, así como un fonendoscopio, que simbolizaba su profesión de médico.

Autoridades de primer nivel, como debía ser, en la beatificación de Álvaro del Portillo, con ministros del Gobierno, como Jorge Fernández, y ex de la categoría de Marcelino Oreja o de José María Álvarez del Manzano. Mientras, en el funeral de Manuel García Viejo, el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Javier Rodríguez, y el superior general de la orden Jesús Etayo, que ha dicho de su compañero:“sencillo, amable, un poco tímido, y alejado de protagonismos, preocupado y ocupado toda su vida por los enfermos y los pobres que debía atender”.

El Papa ha enviado un mensaje que se ha leído ante los doscientos mil asistentes a la beatificación de Álvaro del Portillo. FRANCISCO ha manifestado que el nuevo beato “nos dice que nos fiemos del Señor, que él es nuestro hermano, nuestro amigo que nunca nos defrauda y que siempre está a nuestro lado. Nos anima a no tener miedo de ir a contracorriente y de sufrir por anunciar el Evangelio. Nos enseña además que en la sencillez y cotidianidad de nuestra vida podemos encontrar un camino seguro de santidad”.

Creo que estas palabras sirven también para Miguel García Viejo, cuyos restos han sido trasladados al panteón de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en el cementeriomadrileño de San Isidro, donde reposan los del hermano Miguel Pajares, quien también pertenecía a esta orden religiosa y que falleció el pasado 12 de agosto en Madrid tras contraer el ébola en Liberia.

Dos nuevos hombres y nombres en el cielo.Seguro.