Opinión

La raíz cristiana de la democracia liberal, tesis de Tocqueville

Fernando Caro | Sábado 04 de octubre de 2014

“La raíz cristiana de la democracia liberal es, indudablemente, la tesis política más importante establecida por Tocqueville”, es una afirmación que hice aquí en Israel, de 1957 a 2014, no hace mucho.

Expondré a modo de muestra algunos textos que me sirven de argumento; su grueso se halla en una obra que me es bien conocida y a la que aludí en el mismo contexto en el que expuse aquella: Alexis de Tocqueville. Sobre las religiones. Cristianismo, hinduismo e Islam. Edición de Jean-Louis Benoît. Encuentro, Madrid, 2013, [159 pp.].

Aunque por su propio propósito todo el texto esté salpicado de continuas referencias al cristianismo, todo un capítulo, el III. El cristianismo, está dedicado a él; el epígrafe 3º lleva por elocuente título El cristianismo, religión de épocas democráticas [p. 105 y sgtes.].

El capítulo toma como punto de partida que “En 1840, a propuesta de Víctor Cousin, el rey había promulgado una disposición encargando a la Academia de Ciencias Morales y Políticas elaborar un cuadro general del estado de los avances de las ciencias morales y políticas desde 1789 hasta 1830. La sección moral que debía abordar el punto sobre «El estado de las doctrinas jurídicas en el siglo XIX y su aplicación a la política y la administración» eligió como ponente a Tocqueville. Recurrió a Gobineau para que le ayudara en sus investigaciones; se estableció entre ellos un intercambio epistolar referido a los sistemas morales.” [p.91-92].

A propósito de esa correspondencia Luis Díez del Corral aprecia, en su Discurso de ingreso, en 1965, en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, que “... constituye uno de los hitos en el género epistolar de la centuria…” [p. 97].

Tocqueville percibe en Gobineau cierta debilidad por el islamismo, algo frecuente en ciertos espíritus de la época: “Una última discrepancia y le dejo. Al mismo tiempo que es usted tan inflexible con esta religión [el cristianismo], que sin embargo tanto ha contribuido a colocarnos a la cabeza de la humanidad, da usted la impresión de tener una cierta debilidad por el islamismo.” [p. 100-101].

Y le diría: “Mahoma hizo bajar del cielo, y dispuso en el Corán, no sólo doctrinas religiosas, sino máximas políticas, leyes civiles y penales y teorías científicas. El Evangelio no habla, por el contrario, más que de las relaciones generales de los hombres con Dios y entre sí.

Fuera de ahí ni adoctrina ni obliga a creer nada. Solo por ello, entre otras mil razones, basta para mostrar que la primera de estas dos religiones no será capaz de predominar en épocas de luces y democracia, mientras que la segunda está llamada a regir en estos siglos y en todos los demás.” [p. 103].

No proseguiré con citas de párrafos que abundan en esa línea argumental porque, pese a su valor intrínseco, merecen ser leídos en su contexto, una magnífica sistematización de textos dispersos llevada a cabo JL Benoît con el leit motiv de la religión, abordada por Tocqueville con mirada “sociológica”.

Sólo me cabe hacer una objeción a la obra del profesor Benoît. Pese a que no es su propósito el tratar la vivencia personal del hecho religioso en Tocqueville, ofrece un detalle del episodio de su confesión poco antes de morir: “No me hables nunca de confesión, no, ¡jamás! ¡Nunca! Jamás me harán mentirme a mí mismo y hacer aspavientos de fe cuando la fe me falta; quiero seguir siendo yo mismo, no envilecerme hasta mentir.”, le diría a su esposa, Marie Mottley [p. 128].

Pero ese relato es sumamente parcial e induce claramente a una apreciación errónea del sentimiento de Tocqueville, de modo que el del episodio completo cambia totalmente su sentido.

No es este el lugar para exponerlo, por su extensión, pero recomiendo encarecidamente su lectura a todo aquel interesado por la cuestión, lectura que puede hallar en el blog de D. Antonio Piñero, autoridad indiscutible en la literatura cristiana del S. I, que amablemente acogió el relato que le hice llegar http://blogs.periodistadigital.com/antoniopinero.php/2014/07/02/.