Lunes 19 de mayo de 2008
Con la entrega voluntaria de “Karina”, una de las guerrilleras más sanguinarias y buscadas de las FARC, el Gobierno de Álvaro Uribe se ha apuntado un importantísimo golpe. “Karina” ingresó a la guerrilla a inicios de la década de los 90 y, su historial delictivo y rápido ascenso dentro de las FARC le hicieron convertirse en uno de los integrantes de esa guerrilla más buscados por las fuerzas armadas colombianas. La captura de esta mujer de 47 años, sobre la que pesaban seis órdenes de búsqueda y captura y a la que se atribuyen varias masacres contra civiles y militares, era una especie de reto personal de Uribe. Después de ofrecer un millón de dólares de recompensa a quien la entregara y de haberla buscado incesantemente, a principios de este mes, el mandatario colombiano le ofrecía públicamente protección si se desmovilizaba. Dos semanas más tarde, la guerrillera ha desertado junto con “Michín”, su pareja, en medio de un fuerte dispositivo de seguridad, ante las posibles represalias de sus antiguos compañeros.
El cerco y el enorme acoso que las fuerzas de seguridad colombianas han tejido en torno a ella han podido con la voluntad de “Karina”. Eso, sumado a la existencia de un hijo, ha llevado a Nelly Ávila Forero a abandonar la selva “cansada de la guerra”. Con su deserción, las FARC han sufrido un duro golpe moral. “Karina” no es un elemento clave desde el punto de vista estratégico, ni económico, era una recia “guerrera”, por lo que su figura posee una enorme carga simbólica. Era el último estandarte del mítico Frente 47, que ya fue herido de muerte cuando “Iván Ríos”, el miembro más joven del secretariado de las FARC, fue traicionado y asesinado por “Rojas”, guerrillero de plena confianza de “Karina” -hoy por hoy en manos de las autoridades colombianas-.
Tras la muerte de “Raúl Reyes” era de esperar que fueran cayendo algunas de las figuras más importantes de las FARC. La entrega de “Karina” es la señal más clara de que las medidas de acoso y derribo puestas en marcha por Uribe están surtiendo efecto. No se puede rebajar la presión frente a un grupo terrorista, ni dejar lugar a la duda. Las FARC hace mucho tiempo que dejaron de ser una guerrilla libertaria que luchaba por la igualdad social. Hoy por hoy es un grupo mafioso que se escuda en vagas ideologías para defender el secuestro, el narcotráfico y el asesinato. Chávez y los defensores del intercambio humanitario, mezclan dos discursos que deberían estar bien diferenciados. Si se equiparan los secuestrados por las FARC, como lo es Ingrid Betancourt -una candidata presidencial que lleva años retenida por el mero hecho de atreverse a ejercer la política-, con los guerrilleros encarcelados -presos por delitos como asesinato, secuestro o tortura-, se está reconociendo la existencia de una guerra o enfrentamiento y, por tanto, la legitimación política de los crímenes de las FARC. La única forma de acabar con un grupo terrorista que pretende derribar un Estado es deslegitimizarlo socialmente, desvestirlo de sus arengas pseudopolíticas y mostrar a las claras y sin tapujos lo que es: una organización mafiosa que lleva cuarenta años matando y extorsionando.
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