Los Lunes de El Imparcial

Xavier Vidal-Folch: ¿Cataluña independiente?

ENSAYO

Domingo 05 de octubre de 2014

Catarata y Fundación Alternativas. Madrid, 2014. 142 páginas.14 €

Por Alfredo Crespo Alcázar



Xavier Vidal-Folch realiza un recorrido histórico y analítico de este vertiginoso último lustro que está viviendo la política catalana. Esta estrategia resulta compatible con algunas breves pinceladas que hace al pasado, principalmente en el prólogo, para centrar su tesis: el encaje de Cataluña en España ni es un invento, ni se ha resuelto. A partir de ahí, argumenta sobre las causas que han generado que la independencia sea la alternativa única elegida por CiU y ERC.

El periodista y escritor catalán descarta la viabilidad de esa opción y refuta determinados mantras asociados a la ella. Asimismo, describe un nacionalismo español, representado por el actual Gobierno del PP, que a su juicio provoca que esa “cuestión catalana” se enquiste y radicalice.

En este sentido, establece una identificación, no del todo acertada, entre derecha española y recentralización. Al respecto, destaca el protagonismo, quizás excesivo, que otorga a la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña, ya que bajo su punto de vista sirvió para aumentar la desafección de Cataluña hacia España, al recortar la mencionada institución el contenido de aquél. Con sus mismas palabras: “La percepción fue, en efecto, predominantemente muy negativa. Así, los esfuerzos de Montilla por pautar una estrategia de poner en valor lo que el TC dejaba a salvo, y rescatar el resto a través de pactos con el gobierno central y el uso masivo de la delegación de competencias estatales a la autonomías prevista en el artículo 150 de la Constitución, no lograron taponar las vías de agua”,(pág. 34). En este punto, se echa en falta alguna referencia a que el Defensor del Pueblo, el socialista Enrique Múgica, también recurrió ante el Constitucional el nuevo Estatuto.

Al margen de esta apreciación, destaca el trabajo del autor a la hora de desenmascarar la apuesta por la independencia. Para ello, enfatiza con datos que la mayoría de los catalanes se muestran partidarios de aumentar las cuotas de autonomía y que el porcentaje de independentistas desciende ostensiblemente cuando se les informa, que no asusta o intimida, que ese nuevo Estado quedaría fuera de la Unión Europea, idea expresada por la Comisión Prodi en 2004.

Además, a través de la escrupulosa narración y minucioso análisis que hace de los dos gobiernos de Artur Mas, percibimos los vaivenes de la estrategia convergente, que se traducen en pasos cada vez más radicales, producto de una incorrecta interpretación de los acontecimientos (la Diada de 2012). A modo de ejemplo, se pasó de exigir el pacto fiscal a la declaración de soberanía. Paralelamente, proseguía con su incapacidad para atajar con éxito la crisis económica, excusándose en la herencia recibida del Tripartito.

En medio de todo ello, el empleo de la polisemia como herramienta discursiva (ilustrado en expresiones como “estructuras de Estado” o “Estado propio”), combinado con afirmaciones más contundentes (“expolio fiscal”) ha aumentado el número de independentistas pero no, paradójicamente, los diputados de su formación. Los comicios de 2012 reflejaron esta última realidad y dieron como resultado una CiU en manos de ERC, pactando una legislatura con el “derecho a decidir” como objetivo único, ignorando de este modo las recomendaciones de la comunidad empresarial instándole a trazar acuerdos de gobierno con otras formaciones.

En este punto, hallamos otro de los grandes virajes de Artur Mas: si en 2010 describía a su gobierno como “business friendly”, en 2012 afirmaba que el mundo económico deberá adaptarse al cambio de mentalidad del país”(pág. 105). Como sentencia Vidal-Folch, más que seducir a los empresarios, optó “por arrastrarlos”. En el mejor de los casos, logró la equidistancia porque se trataba de proveedores de dos mercados -el catalán y el español- con sensibilidades distintas, incluso contrapuestas, a ninguno de los cuales convenía molestar” (pág. 106); en otros, escasos en número, la oposición frontal (José Manuel Lara, Leopoldo Rodés, Carlos Güell o Víctor Grifols).

Finalmente, una mención a la actuación del PSOE y el PSC. De la lectura de la obra podemos deducir que en la relación entre ambos sobresalen más las fisuras que el consenso. Consecuentemente, la disciplina de partido brilla por su ausencia, tanto en el Congreso de los Diputados como en el Parlamento de Cataluña.