Los Lunes de El Imparcial

Lionel Shiver: Big Brother

NOVELA

Domingo 05 de octubre de 2014
Traducción de Daniel Najmías. Anagrama. Barcelona, 2014. 400 páginas. 19,90 €- Libro electrónico: 14,99 €

Por José Pazó Espinosa


Cualquiera que haya viajado desde los años ochenta a los Estados Unidos, sabe de los estragos que la obesidad allí ha hecho. Vaya uno a donde vaya, esté en el estado que esté, y esté en el ámbito que esté, es difícil sustraerse a la cantidad de seres humanos obesos con que se topa. Y no solo gente con sobrepeso; obesos mórbidos, personas con un peso, y un volumen, increíble, exagerado, comparado con un europeo y no digamos con un oriental de la misma edad y aproximada estatura. La obesidad en los EEUU afecta a jóvenes, niños y ancianos. Si antes de los ochenta la diferencia fundamental entre el imperio norteamericano y las colonias europeas era el tamaño de los coches, desde entonces la diferencia fundamental es el tamaño de la carrocería humana, de sus pliegues y partes blandas.

La última novela de Lionel Shriver, Big Brother, publicada por Anagrama, trata de la obesidad y sus consecuencias afectivas. La película Wall-e retrataba un mundo humano de obesos que iban de un lado a otro en sillones flotantes con un refresco en la mano tamaño XXXL; Lionel Shriver, en Big Brother retrata la relación entre una mujer y su hermano obeso. Una mujer que dejó de ver a su hermano cuando pesaba 74 kilos, y se reencuentra con él cuando pesa 174 kilos.

La autora de Tenemos que hablar de Kevin tiene tendencia a escribir sobre lo que ha vivido y conoce, es decir, sus novelas suelen tener una base autobiográfica. En este caso, lo hace y no lo hace. Lo hace, porque en la realidad Shriver tuvo un hermano obeso mórbido, que se sometió a una operación para dejar de serlo y murió dos días después; no lo hace porque la novela es en realidad una fantasía alrededor de ese hecho y, en gran manera, una limpieza del sentido de culpabilidad derivado.

Por el momento, la obesidad no ha llegado al nivel de lacra social asociado con el tabaco o las drogas, aunque está cerca. No ponemos etiquetas en las salchichas o los huevos que digan “Comer mata”, pero a menudo a los obesos se les mira de reojo, como quien mira a un enfermo al que además se teme.

Todos esos sentimientos, se despiertan en esta novela cuando la protagonista recibe la visita de su hermano, dispuesto a quedarse primero unos meses, luego un año, y resulta ser un hermano irreconocible, alguien que ha sufrido una transformación corporal total. La familia a la que llega es una típica familia del Mid West sofisticada: el marido, divorciado y con dos hijos adolescentes de un matrimonio anterior, pasa de la dieta del apio a la de la zanahoria con total soltura, monta sin parar en bicicleta, trabaja para Monsanto vendiendo semillas genéticamente alteradas, y sueña con ser ebanista de muebles de diseño. La mujer y hermana de Big Brother, mujer del ciclista dietético, es otra universitaria que ha alcanzado el éxito financiero con una compañía que vende muñecos que hablan con la voz de las personas que van a ser sus dueños, gracias a las grabaciones que les pasan sus familiares.

La novela cuenta el proceso de aceptación y de rechazo del hermano. Es curiosa, a ratos humana, a ratos pesada, con tendencia a un exceso que quiere ser gracioso. A veces lo logra, y entonces recuerda a Hady Smith o a John Irving, por su extensión, su bonhomía, su positivismo de fondo y su facilidad de lectura. Otras veces, muestra una tendencia irritante a unos excursos no muy pertinentes. A eso hay que añadir un final que quiere reconciliarse con la culpa pero convierte todo en una guiñolada. La autora, a veces, parece debatirse entre la defensa de la obesidad y la alabanza de la anorexia. Aunque quiere ser gargantuesca, acaba siendo una novela dedicada a la hermana intelectual de la obesidad, la anorexia. Un relato de de excesos cuyo mensaje quizá sea el de que la única alternativa a la literatura obesa mórbida es la literatura anoréxica.