Los Lunes de El Imparcial

J. M. Guelbenzu: Nunca ayudes a una extraña

NOVELA

Domingo 05 de octubre de 2014

Destino. Barcelona, 2014. 456 páginas. 20 €. Libro electrónico: 12,99 €

Por Rafael Fuentes




Cuando José María Guelbenzu publicó su primera novela, El mercurio, que quedó finalista del Premio Biblioteca Breve de 1967, y otras que le siguieron como La noche en casa, El río de la luna -Premio de la Crítica-, El esperado o Un peso en el mundo, nada hacía presagiar que el escritor madrileño desembocaría en la novela policiaca, hasta convertirse en uno de los nombres imprescindibles para los muchos seguidores de este género. Sin embargo, su cultivo por parte de Guelbenzu no es impostado ni fruto circunstancial, sino un paso lógico que se incardina en su propia experiencia como lector. Al aparecer en 2001 su primera incursión en el género, No acosen al asesino, Guelbenzu escribió un artículo esclarecedor al respecto. Bajo el título de “La intriga me mata”, nos cuenta su descubrimiento juvenil de la novela policiaca, momento a partir del cual ha continuado siendo un fiel y cada vez más exigente lector de ella, sus preferencias -también recogidas en otro artículo, “Un canon policiaco clásico”-, y su manera de concebirla.

Una manera que no olvida la premisa sine qua non del género, una buena intriga, a la que Guelbenzu confiesa su enganche -“Si, definitivamente, tengo que reconocer que a mí, lector durísimo, la intriga me mata... de felicidad”-, pero sin descuidar en absoluto, sino todo lo contrario, otros elementos, en consonancia con lo que explica en el citado artículo: “Es poco menos que imposible conseguir crear un conflicto dramático de verdadera hondura cuando se depende decisivamente de una intriga que se impone a los personajes, la dependencia obliga demasiado. La afirmación de Henry James de que es de los personajes -por tanto: de su conflicto- de donde emanar la intriga y no al revés es rotundamente cierta. Lo cual no quiere decir que sea malo entregarse a la intriga sino que hay que ser consciente de que con ella se pueden conseguir unas cosas y otras no”.

Con Nunca ayudes a una extraña, Guelbenzu llega a la séptima entrega de la serie policiaca -que firma como J. M. Guelbenzu-, formada por No acosen al asesino (2001), La muerte viene de lejos (2004), El cadáver arrepentido (2007), Un asesinato piadoso (2008), El hermano pequeño (2011) -reseñada en estas mismas páginas-, y Muerte en primera clase (2012). Sin duda, uno de los aciertos de la serie es la creación de su protagonista, la juez de Instrucción Mariana de Marco, nacida ya con unas características particulares -una mujer que ha traspasado los cuarenta, que aúna el atractivo físico con la inteligencia y un carácter firme y decidido, muy eficaz en su trabajo-, pero a quien hemos visto crecer como personaje, acompañándola tanto en la resolución de los casos como en los avatares de su vida personal, tras su divorcio, por la soledad.

Ahora, en Nunca ayudes a una extraña, ambientada, como en otras ocasiones, en la ciudad de G… -trasunto de Gijón-, tiene que ocuparse del suicidio de Concepción Ares, hija de una de las más pudientes familias de la localidad, y casada con Tomas Sánchez-Hevia, quien se encontraba de viaje de negocios cuando ocurrió el luctuoso suceso. La primera hipótesis que se maneja es que Concepción Ares se tiró por el balcón en un estado de enajenación tras haber sido violada. Pero, aunque todos, incluida su propia familia, tienen prisa por cerrar el caso, las piezas no encajan. A medida que la juez De Marco investiga, se va descubriendo que la familia de Concepción, y otras dos, también implicadas e igualmente muy poderosas en G…, esconden secretos no precisamente edificantes. En las pesquisas, Mariana de Marco contará con la ayuda de Javier Goitia, un periodista de investigación que ha ido a G… para pasar un tiempo de aclimatación a las nuevas circunstancias de su vida, pues le han despedido y se le avecina un complicado futuro como freelancer. Fascinado por la juez, Javier Goitia tratará de conquistarla.

En este nuevo caso de Mariana de Marco, Guelbenzu vuelve a dar cuenta de su dominio no solo de los resortes del género policiaco, sino de todos los que resultan insoslayables para construir una sólida narración.