TRIBUNA
Ignacio Fernández Candela | Lunes 06 de octubre de 2014
Arturo Mas está de suerte ante la declaración de intenciones que la Justicia ha planteado en el caso de que siga adelante con la deriva independentista del 9 de Noviembre. Posee la oportunidad de reflexionar sobre las consecuencias de sus actos que además encubren otros de carácter irregular. No todos los presuntos delincuentes son tan taxativa y severamente conminados para obligarlos a desistir de cometer un delito. En estas condiciones, perpetrarlo sería una soberana estupidez con acción policial inmediata, tal cual sucede cuando unos ladrones se disponen a robar en un banco custodiado por Fuerzas del Orden. Los estafadores actúan con premeditación y procurando tomar por sorpresa a sus víctimas. En el caso independentista de Cataluña, España está más que avisada.
Advertida de que la honorabilidad de la Generalidad pasa por ser una caterva de delincuencia común que intenta huir de la acción de la Justicia, para convertir hechos delictivos propios de la gestión catalana en actos de rebeldía política. Ya no pueden meterla doblada cuando se ha quebrado el egregio espinazo del jefe del clan Pujol y el de los adláteres que torcían reverencialmente la cerviz ante el idolatrado responsable de la corrupción política de Cataluña. El pastel que se comían unos pocos ha quedado al descubierto y con él las delatoras miguitas en la boca de Mas que pretende endulzar el amargo atragantamiento con la guinda insípida de la independencia.
Hace meses puede que fuera considerada la reivindicación del radicalismo que se ha convertido en moneda de cambio para el chantaje contra España-por ese buenismo tan perjudicial de Rajoy que lo acepta todo siempre desde el diálogo y la consideración de las reivindicaciones, aunque conlleven la destrucción del país-, pero siendo ya difícil entonces, ahora es absolutamente imposible conociendo cómo se las gastan y cómo han gastado en despilfarro público los reivindicadores de la tierra libre.
La solución escapista pasa por arengar con el derecho a decidir proclamado por aquellos que han decidido ya sobre las arcas públicas de los catalanes, víctimas del yugo de un engaño liderado por futuribles reos que pretenden escapar de la acción de la Justicia con un llamamiento a la desobediencia civil.
Se ha visto el plumero y Mas tendrá suerte si da marcha atrás a las intenciones de sedición, aunque otros delitos se le puedan imputar para refutarle que ser corrupto es algo que se recuerda bien, salvo cuando en una entrevista con Ana Pastor se le pregunta por una honradez inexistente.