Con la lenta cadencia, a escala humana, de los grandes cambios, pero con su fuerza inapelable, el arrebato de la economía estadounidense como la más grande del mundo por la de China llegará, si es que no lo ha hecho ya. Esto último es lo que dicen los últimos datos calculados por el Fondo Monetario Internacional. La institución compara el producto interior bruto, PIB, de los dos países. Lo hace en paridad del poder adquisitivo, es decir, con un tipo de cambio entre las monedas que haga que cada moneda tenga el mismo poder de compra. Y el resultado es que aunque por muy poco la economía China ha superado a la estadounidense.
Antes de que tengamos que aprender cómo se dice sorpasso en chino, tengamos en cuenta que este hecho es y no es significativo, según cómo se mire. Por un lado, en la economía de mercado hay fuerzas que llevan a la igualación de los salarios. Los empleados acuden hacia donde hay más capital, y el capital a donde los salarios son más bajos, si las condiciones son propicias. De modo que hay una tendencia a que los países más poblados superen, en el montante final, a los menos poblados. Por supuesto, hay fuerzas en el sentido opuesto y nada asegura que así sea.
Es cierto que hay criterios diferentes en el cómputo del PIB en los dos países, pero también lo es que el resultado final llegará antes o después. Mas, ¿es un cambio tan importante? Ya en 2007, los países emergentes superaron a los desarrollados en el valor de su producción. Pero no es el cómputo de las grandes cifras lo más importante, sino la calidad de vida de cada uno de nosotros. Y en este aspecto, sigue habiendo una gradación en la que los países ricos tienen una ventaja que, en ciertos aspectos, es todavía enorme.
Entonces, ¿en qué sentido sí podemos hablar de un cambio de época? Cuando hablamos de “economías” nos referimos a áreas geográficas identificadas con naciones, sobre las que recae la acción de un gobierno, con instituciones propias; muchas exclusivas, algunas compartidas, como el euro. El poder relativo de esos gobiernos sí cambia, con una cadencia inexorable. Y ello tiene implicaciones geoestratégicas, qué duda cabe. En una segunda oleada, de la mano del peso económico, podrían producirse cambios más fundamentales, como es el intercambio de usos y costumbres de un área del mundo a otra. No nos quedemos, pues, con el anuncio del Fondo Monetario Internacional como si algo hubiese cambiado en 2014, pero sí seamos conscientes de que nuestro mundo y el de nuestros hijos será muy diferente.