Opinión

¿Qué está pasando en el Gobierno de España?

TRIBUNA

Luis Asua Brunt | Domingo 12 de octubre de 2014
En vaya lío se ha metido el gobierno, o los gobiernos del PP, pues hablamos del nacional y regional de Madrid a cuenta de la infección por el virus del ébola de la auxiliar de enfermería Teresa Romero.

Otra vez -como con el Prestige, la guerra de Irak, el 11 M-, un gobierno del PP comete error tras error de comunicación, de sensibilidad, de iniciativa; en fin de todo lo que es el catón de la política.

La primera infección por ébola fuera de África parte de un error humano. No de un fallo de los protocolos, ni de formación (vean el video de cómo hay que ponerse el traje de aislamiento, y comprobarán que no hay que ser un genio para hacerlo bien). Un error humano que en un episodio extraño de irresponsabilidad personal se tapa. Y quien lo tapa, arriesga su vida y la de mucha más gente.

Teresa Romero tras contaminarse - tocarse la cara con los guantes contaminados, según ha manifestado-; lo silencia y en lugar de informar a sus superiores, se va a su casa. Me gustaría, ya que pone en peligro la salud pública -algo que nos atañe a todos-, saber qué es lo que tan imperiosamente le conmina a no informar de lo ocurrido.

Reitero me gustaría saber porque ha puesto en peligro a una parte importante de su entorno: a su familia, sus compañeros, sus vecinos, a dos peluqueras; a las diecisiete personas que están aisladas, ingresadas en cuarentena y que deben estar pasando un infierno de temores y dudas. Y también a todos los que tuvieron trato con ella, por ejemplo, sus vecinos de edificio o quienes se examinaron con ella en una oposición a los pocos días. Alguno apunta que esta oposición es el motivo para callarse, lo cual es un triste corolario de lo que referiré después.

La segunda pregunta trata de intentar comprender por qué tiene tanto éxito la movilización hacia la unanimidad aparente, como cuando el Prestige, la guerra de Irak, el 11 M, que nos lleva a proclamar que ya tenemos culpable (que no responsable como diría un ex alcalde de Madrid), y este culpable es el Gobierno del PP, el gobierno de la derecha.

El éxito de la movilización es indudable. Casi todos piensan que la ministra Mato es una incompetente y que el consejero de sanidad de Madrid debe dimitir, éste no por incompetente, sino por insensible. Que ambos no han tenido sus mejores días, eso no lo duda nadie. Pero lo que hay que preguntarse, y quizás aprender de una vez, es del éxito de la politización de esta emergencia.

El patrón de estas movilizaciones siempre es el mismo. Ocurre el acontecimiento, y hay una respuesta dubitativa, o demudada, o insensible de algún responsable público. Esta respuesta poco afortunada, inevitable en una crisis compleja, es la que se usa para enfocar primero y extender después la culpabilidad colectiva, ya de todos los dirigentes. Empieza a crecer una sensación difusa de culpabilidad, la movilización crece, y lo enfanga todo. Finalmente se producen algunas declaraciones solemnes del líder de la oposición y la cosa está servida: el gobierno sale inevitablemente descabalado sean las que sean las consecuencias finales de la emergencia.

Además del talento político para poner una y otra vez en marcha este proceso hace falta algo más: un sustrato, una fibra que garantice el éxito.

El gran movilizador: el estatismo

Creo que la izquierda moviliza la fibra más sensible de los españoles y es el estatismo. En tiempos de alarma, el recurso de una sociedad pasiva al estado se hace más exigente, casi histérico. Vivimos en uno de los países que más recurre al estado para todo. Hasta la mayoría de los estudiantes de empresariales (¡!) quieren ser funcionarios.

Tengo un amigo historiador que afirma, creo con razón, que el PSOE es socialmente el heredero del franquismo. Que sin Franco no se entendería el éxito, bastante excepcional en Europa, de la izquierda en España. Y no es contra Franco que los socialistas han ganado más elecciones que ningún partido de izquierda europeo, sino POR Franco.

Franco hizo mucho daño a este país, pero quizás el más profundo y perdurable es esa mentalidad estatista que impuso a la sociedad. Un estado semi-soviético que intervenía en todo y en el que trabajar para él como funcionario era el sueño de cualquier ciudadano medio, como es el caso de Teresa Romero que se calló para ir a una oposición.

Y la paradoja que se mantiene aún hoy, es que esta conciencia se construyó desde un estado relativamente pequeño si se compara con los de nuestro entorno. Aún hoy, en términos de gasto público, España se sitúa en la parte baja de los países de la UE, seis puntos de PIB en relación al gasto público por debajo de la media.

En este tardo franquismo mental en el que vivimos, la derecha está a contracorriente, es el partido raro o extravagante. El PP es el partido que quiere recortar el sacrosanto estado, pero se compensa al ser percibido como buenos gestores, si no sería imposible que llegara de vez en cuando al poder.

La derecha con estas crisis y sus movilizaciones sale hundida en su cualidad de ser buenos gestores de la cosa pública, y sólo queda como destructora del estado. Esta imagen es irreparable: moviliza al electorado de izquierda, acompleja al de derecha, y prepara el campo para la llegada al poder, en este caso, de Pedro Sánchez. La historia se repite.