Opinión

Cataluña versus clan Pujol

TRIBUNA

Ignacio Fernández Candela | Lunes 13 de octubre de 2014
La realidad catalana de Mas dista mucho de ese carácter romántico que se imprime a la reivindicación fingidamente histórica, se aleja de las argumentaciones de la lógica generalista y difiere de los postulados axiomáticos que rigen el destino de España desde tiempos inmemoriales. Es un a contracorriente surgido del fracaso de la prudencia. La realidad del secesionismo se distorsiona en un espejismo conformado por quiméricos personajes de ficción política que han saltado del teórico esperpento para protagonizar una novelada fantasía presta al engaño contra desavisados e ilusos. El independentismo catalán atenta contra Cataluña misma.

Es tan absurdamente hermética la terquedad independentista que pocos de sus personajes estrambóticos son susceptibles de asumir una existencia de cohesión práctica. Ni con España ni sin ella. Viven en el limbo de las pasiones desaforadas, de los ditirambos de la tierra nuestra convirtiéndose en un pedazo ajeno que busca el aislamiento cuanto más cree dirimir su egotista supervivencia. Y se abocan a la extinción. Porque no hay inteligencia capaz de discernir las consecuencias de esta ficción en que se ha convertido un desafío que camina con gigante paso de agónica disolución hacia la perspectiva de la incertidumbre, en manos de los mismos que han convertido Cataluña en un espectro de simplicidades tan evidentes como es la propia desintegración; un futuro arriesgado en las afiladas zarpas de quienes ya la han cuarteado antes de repartirse los pedazos. Algunos aislacionistas se devorarían entre ellos mismos si no esgrimieran excusa para morder una España que sobrepasa por la unión que hace la fuerza; esa fuerza es la única orientación de progreso que el incauto ignora antes de abalanzarse, ad utrumque paratus, hacia la involución de los caprichos sin norte.

Son ya 73 sociedades descubiertas en las que participaban los hijos de Pujol. La apuesta por la liberación es sencilla: el clan Pujol o Cataluña. Extinguido el clan y los obsequiosos de la estafa política, se salvaría la hermosa tierra. Porque si el núcleo apesta, habría que saber hasta dónde llegan las pestilencias que han saqueado España con el expolio magnificado del redentorismo secesionista. No hay marcha atrás para el engaño develado, salvo incitar a todos los catalanes al abismo de la emoción nacionalista pues no hay conciencia racional que justifique tanto perjuicio causado por el sectarismo excluyente.

Los ciudadanos catalanes no pueden exponerse al pillaje acostumbrado de lo robado hasta ahora al español. Cataluña se dirige hacia el cementerio donde las incongruencias enterradas sobreviven como si jamás hubiesen muerto y se levantará como un muñeco descarnado a recoger las partes que olvidó enterrar en la inconsciencia de su exterminación.

Siendo Cataluña emblemática tierra de trabajo y probidad, urge que la Justicia salve a los catalanes de estos destinos que la procuran, precisamente, los que menos méritos poseen para considerarse catalanes.