El Museo Thyssen expone 91 vestidos del modista francés acompañados de 17 pinturas.
El
Museo Thyssen presenta desde el 22 de octubre hasta el 18 de enero la primera exposición dedicada a los 44 años de trayectoria del diseñador
Hubert de Givenchy.
A través de ocho salas, 91 vestidos, 17 pinturas y una selección de fotografías de gran formato, el museo exhibe diseños de
alta costura y de la línea
prêt-à-porter del francés, entre ellos modelos vestidos por grandes personalidades del siglo XX como Jacqueline Kennedy, Carolina de Mónaco o su musa y gran amiga, Audrey Hepburn.
Durante la presentación de la exposición, Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen, explicó que es una gran novedad que el museo cuente "al fin" con una exposición de moda dedicada, además, a un diseñador a quien se le considera
“el último de los grandes maestros de la alta costura”.
Givenchy, que asistió también este lunes a la inauguración de la muestra, confesó que al principio tuvo dudas sobre el proyecto, aunque el cariño que tiene por España sumado al esfuerzo del Thyssen “por hacer fácil lo imposible” le hizo comprender que “no tenía derecho a rechazar esta oferta”.
En palabras del diseñador, la exposición ha sido concebida como un
homenaje a los que han trabajado con él, a los artesanos de alta costura, a su maestro Balenciaga, y a sus clientas: “La moda es parte del arte. Es la vida misma. La alta costura ha de ser irreprochable y estar bien hecha, pero ha vivido ya su tiempo. Yves Saint Laurent fue su punto y final. Ahora existen las modas, no la Moda.”
El modista francés recordó con cierta melancolía la figura de
Audrey Hepburn, a la que conoció en la preparación de los vestidos de
Sabrina, y a la que describió como una persona “íntegra, generosa, bella, talentosa, excepcional y cercana que sabía, como buena bailarina, moverse y llevar los trajes como nadie”.
La baronesa Thyssen, también presente en la apertura de la retrospectiva, secundó las palabras de Givenchy dejando visible su admiración por Hepburn y agradeciendo la labor que ha llevado a cabo el modista.
Color y sofisticación
La famosa
blusa Bettina creada en 1952 de volantes rematados en bordados y falda de lino, color tabaco, abre la muestra, que da paso a una sala dominada por colores más oscuros y diseños de lana, ante y franela, que forman parte de la sala titulada
Elegancia y sencillez. Junto a estos modelos, ha sido ubicado el cuadro de Lázslo
Segmentos de círculo.
En la siguiente sección, se da paso a la sala dedicada al
negro y a su sofisticación. En ella, el visitante puede disfrutar del negro en todas sus variantes y en varios tejidos y texturas como el satén, el lamé o el terciopelo. Destaca la gran variedad de abalorios, bisutería y complementos que acompañan a los trajes, con motivos de oro, bronce, metal y nácar. Zurbarán es el pintor elegido para acompañar a los diseños de Givenchy en esta sección.
En la cuarta sala, la protagonista es su musa Audrey Hepburn. Con diseños en tonos
rojos, negros y coral, el montaje de la exposición recorre los trajes más importantes que vistieron a la actriz y bailarina, como el vestido que lució en la película
Desayuno con diamantes.
El color de la vida y
La influencia del arte son las dos salas más coloridas y atrevidas de la muestra. Con influencia de pintores como Miró, Givenchy crea modelos llenos de
detalles y motivos artísticos de corte vanguardista.
Para finalizar el recorrido, Givenchy ha elegido sus trajes de
novia, en los que mandan los colores pastel, en rosa y blanco, acompañados de una pequeña muestra de sombreros y tocados, algo que también cultivó el diseñador.