TRIBUNA
Natalia K. Denisova | Martes 21 de octubre de 2014
Un día antes del cierre tuve la suerte de acudir a la exposición Diseñar América. El trazado español de los Estados Unidos, albergada durante meses en la Biblioteca Nacional, tuve la suerte de visitarla. La frase de John Fitzgerald Kennedy que abre la exposición o, según se mire, la cierra, merece ser reproducida en estas páginas: "Yo mismo siempre he tenido la sensación de que una de las mayores carencias de los americanos de este país (...) es el desconocimiento de la influencia, la exploración y el desarrollo españoles bajo los que vivió el Sudeste de Estados Unidos durante el siglo XVI. Por desgracia, son demasiados los americanos que creen que América fue descubierta en 1620, cuando los primeros colonos llegaron a mi propio estado, y se olvidan de la formidable aventura que tuvo lugar durante el siglo XVI y principios del XVII en el Sur de los Estados Unidos".
Dos puntos quisiera destacar de esta frase. El primero: no se puede entender EEUU, la historia y la actualidad de este gran país, sin España. Desde que Alvar Núñez Cabeza de Vaca, en el siglo XVI, describiera los tornados de los territorios norteños del virreinato de la Nueva España (actualmente México y gran parte de Estados Unidos) son millones los hispanos, procedentes del viejo Imperio Español, que pueblan las tierras del Tío Sam. La exposición, centrada en el legado arquitectónico de España en América, demuestra que las ciudades fundadas por los españoles siguen en pie. ¿Qué significaría esto?, ¿Que los españoles tuvieron un olfato fino para elegir los mejores lugares? Sí, desde luego; pero hay algo más: las ciudades a la española, con el ayuntamiento y una iglesia en la plaza mayor, habían definido la estructura más íntima del sur norteamericano, es decir, su vida cotidiana. Sólo para dar un ejemplo, mencionaremos al nuevo Diccionario de la RAE que demuestra como el español paulatinamente se extiende por el territorio sajón, mostrando que no son definitivos los límites de las estructuras estatales y administrativas a la hora de definir una cultura del territorio. Por el contrario, las estructuras municipales hispánicas son determinantes para comprender un territorio como eje clave de la nación.
El segundo argumento de la frase de Kennedy se refiere al desconocimiento de las hazañas de los españoles de los siglos XVI-XVII. Más allá del desconocimiento de los norteamericanos, diré que es un olvido universal de la historia y cultura hispana, cuyo origen es la leyenda negra. Es menester insistir en este argumento: si observamos a los visitantes de la exposición, constatamos la curiosidad sin parangón con que contemplan los mapas y estudian con fruición todas las explicaciones que allí aparecen. Esto demuestra que el público quiere saber de su pasado. Detrás de este interés del público hay un vacío, que necesita ser llenado con la información sobre el pasado hispánico, sus glorias y fracasos.
Hoy, gracias a los Estados Unidos, sí, gracias a sus élites intelectuales y a sus gobernantes, muchos "hispanos" pueden salir de sus complejos y resentimientos, porque este gran país ha reconocido que sin la civilización hispánica, sin sus descubrimientos y sus aportes científicos y culturales no se entiende EEUU. Eso es lo que reconoció abierta e ilustradamente el malogrado presidente Kennedy. En fin, esta exposición desde tres puntos de vista, la construcción del territorio, las ciudades y la arquitectura e ingeniería española, es clave para entender los Estados Unidos hoy.
Y si se me permite, ya que empecé con una cita, acabaré con otra. Aquí tienen la opinión del alemán Georg Friederici, que pasó más que treinta años trabajando sobre su monumental obra Der Charakter der Entdeckung und Eroberung Amerikas durch die Europäer (El carácter del descubrimiento y de la conquista): “Los exploradores angloamericanos no descubrieron territorios" (ya lo habían hecho los españoles) "hasta entonces desconocidos en América; sólo estuvo a su alcance hacer descubrimientos locales y pormenorizados. Por explorar sólo restaba la zona montañosa al norte de los CRº latitud norte, más o menos, y al oeste, aproximadamente, de los 106º longitud oeste”. No hay tierra en América, sea la del Sur o del Norte, que no fuera pisada por los españoles antes que por algún otro pueblo. Y bienvenido sea el atrevido que se anime a demostrar lo contrario.